jueves, febrero 29, 2024

La Constitución les protege, pero a ti no

La Constitución fue el preludio de lo que tenemos hoy, legalizó un orden que se configuró en EE. UU. y Alemania a espaldas de la lucha obrera antifranquista.

Si eres político, Borbón, banquero, multimillonario –nacional, o mejor aún, extranjero– tienes razón: la Constitución te protege y el 6 de diciembre tienes algo que celebrar. Pero tú, trabajador qué me estás leyendo, despierta, porque un día ves el palo y otro la zanahoria y son la misma cosa. Que no te engañen: el derecho no es un escudo frente a los privilegios, tú no eres el hijo de Pumpido. La justicia no es igual para todos. Para ti, que no eres nadie, la constitución puede ser una daga. Tú la zanahoria la puedes recitar, desde el derecho a la vivienda a la inviolabilidad del domicilio. Pero si mañana los políticos quieren vender vivienda pública a fondos de inversión americanos, la Constitución lo amparará; si la policía entra con un ariete a tu casa, al Juzgado no vayas a protestar.

No le debes nada a la Constitución. Ese texto nunca hizo nada por nosotros. La soberanía reside en el pueblo español, proclaman, pero España entró en la Unión Europea y nadie te preguntó, no porque seas joven y no habías nacido todavía, ¡sino porque nadie lo votó!  Si no me crees, párate a pensar si las injusticias que te afectan hoy como trabajador le incumben. La inflación, la explotación laboral, el abuso del mercado hipotecario y del alquiler, los efectos destructivos en los barrios obreros a consecuencia del modelo migratorio –tan rentable para la patronal– son evitables por el sacro santo texto constitucional.  La Constitución fue el preludio de lo que tenemos hoy, legalizó un orden que se configuró en EE. UU. y Alemania a espaldas de la lucha obrera antifranquista. Con ella se privatizaron las empresas públicas, se desmanteló la industria nacional, se adoptó el euro, se configuró el PPSOE, se asentó una saga de jueces de «reconocido prestigio» y se instaló el mapa mediático de palmeros que nos informan. De aquellos polvos estos lodos.

Carrillo fue el primer romántico. Después vino Anguita, quien aduló la Constitución y sumó la apuesta con los derechos humanos y el romance con la ONU. Más recientemente fue Pablo Iglesias quién vendió que no hay nada más revolucionario que defender la Constitución. Todos han caído, pero ahí sigue la Constitución siendo el escudo del poder. Roma no paga a traidores. Un programa patriota y revolucionario se distingue por su posición respecto a la Constitución, es la prueba del algodón: o estás por mantener el orden, o estas por el conflicto, por un proceso constituyente fuera de sus lógicas, consensos y lobbies, un poder nuevo que no acepte chantajes del exterior y sin tibiezas. Los trabajadores no tenemos nada que perder.

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