jueves, febrero 29, 2024

Vox llama a la «Huelga General», su particular 8M.  

«El argumento de la izquierda contra la «Huelga General» de Vox es «las huelgas políticas son ilegales e inconstitucionales». Gran labor la suya para criminalizar las huelgas futuras que sean convocadas por los obreros contra sus políticas contra los trabajadores. En lugar de denunciar que será un cierre patronal, que no tiene reivindicaciones obreras, que es partidista, que se convoca de arriba a abajo y que solo refuerza las aspiraciones de un sindicato vertical. Pues está claro porque el 8-M y la «aturada nacional» de la CUP, ERC y Junts tenía exactamente las mismas características que la “huelga general” de Vox

¡11 años sin una huelga general! La última fue convocada el 29 de marzo de 2012 y queda ya muy lejos pese a que no han faltado motivos. Por citar alguno,      la última reforma laboral, que con el sello de Unidas Podemos sepultó las reivindicaciones obreras que se perseguían desde 2012. Hoy los trabajadores, y no sólo los asalariados, viven peor que entonces y la desigualdad se ha disparado.

La huelga general es necesaria, pero convocada por los trabajadores y para los trabajadores. Vox hace un llamamiento a la huelga general y es necesario que ningún trabajador se lleve a engaño con una consigna tan justa, pero que persigue objetivos tan espurios: 1. No es una huelga, es un cierre patronal. 2. No es una huelga política, es una huelga partidista, como el 8-M o la «aturada nacional» convocada por el independentismo catalán. 3. Fortalecerá a «Solidaridad» un pseudosindicato, que quiere reunir trabajadores y empresarios. Un negocio de Vox que no ha apoyado una sola huelga obrera, pero que gana representación en las grandes empresas donde se veta cualquier sindicato. Un sindicato vertical de toda la vida, donde el delegado es tu propio jefe.

Junts, Podemos-Sumar y Vox tienen más similitudes de las que quisieran reconocer. Todos ellos tienen una parte del pastel y aspiran a engañar a los trabajadores para mover lo que hay en su propio beneficio.

Ni más ni menos, esta «huelga» de Vox es su particular huelga feminista. Al igual que hizo Podemos el 8-M de 2018, que usó a CC.OO. y UGT para convocar un paro patronal remunerado, estos por ahora lo que tienen son carteles en internet. El esperpento de la hora del almuerzo dirigía a la mujer trabajadora frente a su compañero de trabajo varón. El enemigo no era el capital, era el hombre, y el objetivo, es decir, sus reivindicaciones, no eran económicas ni políticas, sino culturales. Como aquella «huelga» no estaba dirigida contra el poder, ni era convocada por los trabajadores, sino por la dirección amarilla de los sindicatos, el propio Gobierno, hasta la banquera Ana Botín o la reina de España apoyaron la performance suspendiendo sus agendas. En definitiva, como la anterior, esta “huelga” no persigue otra cosa que aumentar la influencia cultural de un partido del poder, legitimar otra performance electoral.

Una huelga general persigue, por lo normal, reivindicaciones económicas de los trabajadores. La clase obrera, en su conjunto, demuestra a la patronal, y al Gobierno que ha legislado a su servicio, que sin su trabajo no son nada. La aspiración no es otra que interrumpir la economía del país, los trabajadores que nunca pintamos nada en la vida política recobramos el protagonismo. Todavía a día de hoy es el método de lucha más exitoso      del que disponemos por el momento, aunque nunca fueron una solución definitiva frente al problema de raíz. Lo atestigua Francia, que en los últimos años mediante poderosas huelgas (que no fueron escrupulosas con los servicios mínimos impuestos por el Gobierno) fueron capaces de tumbar las aspiraciones de Macron. No es extraño que se nos haya ocultado en televisión estos éxitos de los trabajadores vecinos, porque son un ejemplo peligroso para el poder.

Atrás han quedado las huelgas revolucionarias, las llamadas huelgas políticas dirigidas contra el poder y no frente a una norma o Gobierno. Las huelgas políticas están explícitamente prohibidas en nuestro ordenamiento jurídico, son contrarias a nuestra «democracia». Existe unanimidad para que lo sigan estando. Al poder se le sigue atragantando el recuerdo de la huelga revolucionaria que conquistó la jornada laboral de 8 horas o las que amargaron a la dictadura más recientemente.

En España la legislación vigente es previa a la Constitución Española, y eso a pesar de que se reconoce como derecho constitucional y que el populismo punitivo anda legislando sin complejos hasta lo que ya está legislado.

Seré el primero en sumarme a una huelga general contra el Gobierno de la vergüenza, que apueste por la solidaridad entre las regiones y no por avivar las fobias nacionalistas, contra las políticas antiobreras del ejecutivo, por la recuperación de la soberanía nacional que nos permita tener un modelo productivo próspero. No obstante, no hay atajo: hace falta sindicalismo de base abnegado y ligado      con reivindicaciones populares, democráticas y revolucionarias. Una huelga frente a la patronal y el poder político convocada desde las bases. Lo demás es disidencia controlada. Abascal lleva en huelga de trabajo toda su vida y es normal que no entienda la diferencia, pero un trabajador no debería participar en la performance que el otro seguirá desde su chalet de un millón de euros.

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