lunes, mayo 20, 2024

Agricultores españoles se marchan a Marruecos

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Cada año llegan a España más marroquíes en busca de un futuro que su Estado no les garantiza, mientras que los empresarios españoles emprenden el camino contrario para aumentar sus beneficios.

Los inversores españoles han incrementado su presencia en el país norteafricano desde el año 2000, cuando entró en vigor el Acuerdo Euromediterráneo de Asociación UE-Marruecos. Este creó una zona de libre comercio que, a medida que pasan los años, es más rentable para el sector primario marroquí. Sus exportaciones de productos alimentarios ascendieron a 7.300 millones de euros en 2022, su máximo histórico, un 20% más que el año anterior, todo esto lo afirma la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

El objetivo del reino alauí, según la CEOE, es «potenciar y diversificar el sector agrícola» para «alcanzar el autoabastecimiento del país» e «incrementar su presencia en los mercados europeos». Para lograrlo, buscan atraer capitales extranjeros que ayuden a la tecnificación de su agricultura.

España es el principal socio comercial de Marruecos, pero solo representa el 5% de sus inversiones extranjeras, siendo superado por Estados Unidos, Francia, Emiratos Árabes y Reino Unido. Destaca el papel de los norteamericanos, que pasaron de representar el 3% de las inversiones en 2021 al 33% en 2022. Ello ha coincidido en el tiempo con la intervención del ejército ruso en Ucrania y el cambio de postura del presidente español, Pedro Sánchez, sobre la cuestión de la soberanía del Sáhara Occidental.

En la actualidad, según figura en el Directorio de Empresas Españolas Establecidas en Marruecos, cerca del 10% de las compañías españolas que operan en esta nación magrebí se dedican al sector agrícola, ya sean productores de frutas y verduras, empresas de riego, de fertilizantes, de semillas o de maquinaria. Pero estos datos no reflejan toda la realidad. Hay que tener en cuenta a las compañías marroquíes cuyo accionariado está completamente controlado por inversores foráneos, en este caso españoles. Según un informe de la Oficina Económica y Comercial de España en Rabat, hasta 2021, los agricultores extranjeros que cultivaban en Marruecos tenían que hacerlo mediante el alquiler de tierras. Desde entonces, pueden adquirirlas en propiedad si se constituyen como sociedad anónima o sociedad comanditaria por acciones, las cuales necesitan de un capital inicial superior a 25.000 euros. Además, para adquirir el suelo tienen que presentar un proyecto agrícola, y que este sea aprobado, ante la comisión regional de inversiones.

No cualquier agricultor puede marcharse a producir a Marruecos, pero los que lo hacen se encuentran con grandes ventajas competitivas respecto a los que se quedan en España. Hablamos de precios más baratos de las tierras, el menor coste de la mano de obra, la no exigencia de tantos controles fitosanitarios como en la Unión Europea y, sobre todo, los acuerdos de libre mercado, que permiten la venta sin aranceles de productos agrícolas en países donde se pueden conseguir mayores beneficios.

Los agricultores que producen en España se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad. Según sus propios datos, la Unión Europea subvenciona los tomates, fresas, frutos secos y aceitunas que llegan desde Marruecos: 600 millones de euros en 2023, y se venden por debajo de los precios que pueden ofrecer. Esto, entre otros motivos, ha provocado que 2,500 autónomos abandonen sus explotaciones agrarias en el período que va desde julio de 2022 hasta el mismo mes de 2023. Algunos lo hacen para dirigirse al reino alauí, y otros para proletarizarse.

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