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Libia: La guerra Olvidada

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Cuando hablamos de guerras civiles prolongadas, en especial guerras de este siglo XXl, se nos vienen a la cabeza Siria, Yemen o Sudán, pero pocos parecen acordarse ya de Libia, la cual lleva la friolera de 14 años de guerra civil (aunque no de manera oficial). Una guerra civil que cuenta con más de dos beligerantes, una situación compleja a la par que interesante para todos los amantes y aficionados de la geopolítica. ¿Cómo ha llegado un país con tales reservas de recursos estratégicos hasta aquí?

 

Para empezar nuestra breve visita a la historia de Libia debemos viajar al año 1510, cuando el entonces monarca Fernando «El Católico» ocupó la plaza de Trípoli y la cedió a la Orden de los Caballeros de San Juan, una orden militar católica con sede en Malta, aunque pocos años después el entonces Imperio Otomano conquistó la región con ayuda de piratas argelinos, los cuales servían de corsarios para el imperio de la media luna.

Con este acto Libia se mantuvo bajo el control turco durante cuatro siglos, hasta 1912, cuando Italia, en busca de territorios en África, arrebató el territorio a los otomanos ya en declive. Tras la segunda guerra mundial y la derrota de los italianos Libia pasó a estar bajo administración británica por el norte y francesa por el sur. Tras varias disputas tanto internas como externas Libia consiguió su independencia en 1951, siendo la primera colonia africana en conseguir la independencia.

 

El joven país comenzó sus andadas como una monarquía, siendo su nombre oficial El Reino Unido de Libia, gobernado por el monarca Idris l, el cual invitó a corporaciones extranjeras para expoliar los valiosos recursos naturales libios, sobre todo el petróleo, a cambio de cantidades ingentes de dinero. Un dinero que por supuesto nunca llegaría al pueblo, ni siquiera se vería invertido en infraestructura ni mejoras en la calidad de vida de los libios. 

 

Mientras una gran desigualdad económica sacudía el país, el monarca formó una élite terriblemente rica a su alrededor, una de las muchas razones por las que en 1969, cuando se encontraba recibiendo tratamiento médico en el extranjero, fue depuesto por un golpe de estado. Las secciones islamista e izquierdista del ejército habían unido fuerzas para derrocar al monarca, quien tuvo que exiliarse a Egipto hasta su muerte en 1983.

 

En 1969 subía al poder un joven y desconocido Muamar el Gadafi, el cual predicaba una ideología que mezclaba el panarabismo con el socialismo pero sin abandonar la fe islámica suní la cual el procesaba. Era esta una ideología muy parecida al Baazismo en Siria o a la predicada por el líder irakí Sadam Huseín. 

 

Pese a la aparente mano dura de Gadafi, los primeros años no fueron mal para la nación magrebí. Gadafi con sus políticas intervencionistas consiguió aumentar la calidad de vida considerablemente, nacionalizó más del 50% del tejido industrial del país y expropió las propiedades de las antiguas élites, así como las propiedades de los ciudadanos judios e italianos del país. También hizo un trabajo notable en cuanto a infraestructura hídrica, con la construcción de canales, pozos, embalses y tuberías que repartían el agua por toda la nación. 

 

Pese a todo esto, la corrupción y las oscuras intrigas políticas se mantuvieron bajo el mandato de Gadafi, en su mayoría por los subsidios sociales masivos a los recursos naturales, sobre todo en el gas y petróleo, para mantener los precios de los combustibles bajos dentro del país. Pero esto tenía varias pegas: hacía muy ricos a los dueños o funcionarios encargados de esas acciones, incrementan la corrupción y hacía al país muy dependiente del petróleo, y esto no era nada bueno en un país que debía el 70% de su PIB a los recursos naturales.  Por otra parte Gadafi fue un líder muy controversial y con muchos escándalos a sus espaldas: contaba con una guardia de unas 200 mujeres, «La Guardia Amazónica», y se rumoresba maltrataba y vejaba a sus integrantes constantemente. Las relaciones del coronel con occidente tuvieron sus altibajos, aunque siempre fueron más malas que buenas, aunque se torcieron cuando, en 1986, un atentado terrorista en una discoteca de Berlín acabó con la vida de un soldado estadounidense. EEUU, bajo la administración Regan culpó directamente al régimen libio de haber financiado el ataque, lo que llevó a un bombardeo a la ciudad de Trípoli por parte de fuerzas británicas y estadounidenses el 14 de abril de 1986. El ataque causó la muerte de 60 personas, en su mayoría civiles, entre las que se encontraba una hija adoptiva del coronel Gadafi. Esto le costó un embargo por parte de la UE que duraría hasta el año 2003, cuando con la intención de rebajar las tensiones el coronel abandonó su idea de crear armas de destrucción masiva, lo que consiguió levantar el embargo y rebajar levemente las tensiones con el país norteamericano.

 

Esta tensión con las potencias occidentales ya daba de qué hablar en la prensa internacional, y en 1980 el presidente Ronal Regan expresó que el acercamiento del país norafricano con Palestina y sobretodo con Irán era «inaceptable», aunque también tuvieron mucho que ver las nacionalizaciones masivas que llevó a cabo la administración libia sobretodo con la industria del gas y del crudo, antes en manos de empresas occidentales.  

 

El fin del mandato de Gadafi empezaría en 2011 con el inicio de la primavera arabe en Túnez, la cual se extendió por un gran número de países musulmanes, incluyendo Libia. La excepción fue Marruecos, país el cual solo tuvo marchas «pacíficas» en las principales ciudades, aunque la transparencia del gobierno de Marruecos brilla por su total ausencia. En cualquier caso, no podemos conocer mucho sobre altercados o detenciones durante estas marchas hace ya más de 10 años. Según la embajadora de Marruecos en Chile Kenza el Ghali «Marruecos pudo evitar estas agitaciones políticas, no se pidió cambio de régimen ni se alzaron contra la monarquía, ya que es la garantía de unidad a pesar de las diferencias étnicas». Eeste parecer dista mucho de como Marruecos trata a las diferentes etnias en su territorio y la respuesta más lógica sería el fuerte control que ejerce la monarquía sobre la vida religiosa y militar del Reino de Marruecos, aunque todo esto daría para otro artículo.

 

Volviendo a Libia, El 15 de febrero de 2011 empezaron las revueltas tras el encarcelamiento del líder opositor Fethi Tarbel. En pocos días la zona oriental del país, conocida como Cirenaica, fue casi tomada en su totalidad por los rebeldes, los cuales habían fundado el Ejército Nacional de Liberación Libio, formado por grupos guerrilleros y antiguas fuerzas armadas desleales a Gadafi. Según este, el ENLL estaba financiado por los EEUU y países miembros de la OTAN como son el caso de Italia, Noruega y Reino Unido. El 19 de marzo de ese mismo año la ONU y la OTAN despliegan fuerzas en el país y hacen retroceder a las fuerzas de Gadafi hasta Trípoli. El 22 de agosto en la conocida como «Batalla de Trípoli» el ya cansado ejército leal es derrotado y poco después Gadafi es capturado en la localidad de Sirte, donde moriría linchado por sus opositores.

 

Tras su muerte, ninguno de los bandos enfrentados reconoció al gobierno formado por la ONU. El centro norte quedó controlado por guerillas yihadistas en la esfera del ISIS; el sur quedó en manos de guerrilleros tuareg; en el este se formaba un gobierno de corte liberal denominado «Consejo Militar de Cirenaica»; en la zona oeste del país se formó un gobierno proislamista denominado Amanecer Libio. Estos dos últimos fueron los que se hicieron fuertes en el país, derrotando a los yihadistas y tuaregs y afianzándose ambas zonas del territorio Libio. En 2016 la ONU sentó a negociar a las partes y crearon en Trípoli el Gobierno de Acuerdo Nacional (reconocido por la mayoría de naciones), y el gobierno del Oeste con sede en Tobruk, liderado por el general Jalifa Hafter, quien lleva la delantera en esta guerra. En 2020 se firmó un alto el fuego, pero esto no impide que sigan pequeñas escaramuzas y sabotajes de un bando al otro. La situación es complicada y algunos especialistas concuerdan en que no se divisa una Libia unida en el horizonte, o al menos por el momento.

 

Y tras todo lo anterior, ¿cómo están las cosas actualmente? En el este y sureste del país tenemos al Gobierno de Acuerdo Nacional, el gobierno que creó la ONU en 2016 con la intención de unificar y llevar al país a unas elecciones y una transición «pacífica». Cuenta con el apoyo de gran parte de los países de la ONU, y de algunos países cercanos como el es el caso de Marruecos y Turquía. Recordemos que este último país intervino fuertemente en 2020 con armamento, instructores y mercenarios para frenar el ataque del general Hafter. Por otro lado, en el oeste, suroeste y centro del país tenemos al gobierno dirigido por la Cámara de Representantes de Libia con sede en la ciudad de Tobruk y controlado en su mayoría por los Hermanos Musulmanes. Su presidente es Aguilah Issa, aunque la persona fuerte es el general Jalifa Hafter. Este último beligerante no es reconocido por la ONU ni por la UE, la cual impone sanciones económicas contra los mismos. Por contra, entre los aliados de este último podríamos hablar de países como Rusia, Bielorusia o el gobierno de Bashar Al-Assad en Siria. Ambos bandos mantienen una débil tregua desde el alto al fuego firmado en el 2020.

No olvidemos que aún quedan algunos remanentes de yihadistas o tribus locales que controlan algunos puntos sobre todo al sur del país, pero su poder ha ido menguando hasta el punto de no ser unos pretendientes serios para ganar la contienda.

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