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Yihadismo en 2024: ¿calma antes de la tormenta, o tormenta subterránea?

A inicios de años se daba a conocer el llamamiento del ISIS para atentar en Europa, abriéndose así la incógnita de si en este 2024 viviremos el resurgir del terrorismo en Europa

Iniciando el año, casi a media digestión de las comilonas de Nochebuena y Nochevieja, pero con la de Reyes ya señalada en el calendario, nos llegaba una noticia de bastante peor digestión. Ya en la primera semana del año se nos anunciaba que el Estado Islámico llamaba al asesinato de judíos y cristianos –«preferentemente civiles», si nos ceñimos a la literalidad– en Europa. Previo a esto el mismo ISIS había abandonado su fantasmagórica existencia –tras la pérdida de su presencia territorial paralela a la guerra en Siria– para atentar en la conmemoración del asesinato del iraní Qasem Soleimani en su natal Kerman, referente principal de las milicias chiis en Oriente Próximo. Aunque lo cierto es que este atentado pareció servir más a la agenda de Israel contra el país de los ayatolás que la de recuperar el califato universal legado por el imperio otomano.  

Pero como sobre estos sucesos ya han corrido ríos de tinta, creo que resulta más interesante sobrevolar la cuestión del yihadismo de forma más general. Todos recordamos como si fuese ayer la matanza de Charlie Hebdo, el 11M o los atentados de las Ramblas. El primero un acto antieuropeo por excelencia, el rechazo a un principio sagrado en nuestra civilización: la libertad de expresión. El segundo, la máxima expresión del ridículo de Aznar haciéndose fotos en las Azores, condenando a todo un país por su insensatez. Y los terceros como un fenómeno del que habíamos recibido ecos del norte, pero nunca habíamos sufrido en esa magnitud. El reciente apuñalamiento de un sacristán en Algeciras es el último caso sonado de esta serie de «singulares desdichas».

Tres sucesos que para muchos marcaron su existencia en este breve siglo XXI, siendo al mismo tiempo tres sucesos cuyo aprendizaje suele caer en saco roto ante las corrientes que nos pretenden imponer, coronados por lemas tan inicuos como escasamente profundos, que «ningún ser humano es ilegal», «son sus costumbres, respétalas, europeo paternalista y genocida». Pretenden así cargarnos con los sucesos de hace siglos, mientras que claman por el respeto al Islam, «por venir de fuera», cuando no se dan cuenta que si los europeos no hubiesen resistido al islamismo, ellos mismos no podrían defender lo que defienden de la forma en la que lo defienden.

En este mismo medio Luis Coto realizó un excelente artículo mostrando datos que ponían en duda la retórica oficialista de que las detenciones de yihadistas en Europa son «casos aislados». Pero debemos ir más allá de los datos en crudo, debemos analizarlos y saber situarlos en su contexto. Además si cotejamos estos datos junto con el crecimiento exponencial de habitantes en Europa de contextos musulmanes, esos mismos datos son el doble de alarmantes. Ante todo esto debemos hacerlos la pregunta: ¿estamos ante la tensa calma que precede a una futura tormenta yihadista?

Primero debemos entender que han cambiado muchas cosas en Europa desde los años 90. Los atentados que se comenzaron a perpetrar en esta década –existentes ya previamente, pero ínfimos a nivel cuantitativo– tenían como principal objetivo la visibilización de conflictos latentes en Oriente Próximo, desde Afganistán hasta Palestina. Es cierto que por entonces Al Qaeda patentó el concepto de «yihad» de una forma diferente, como una forma de golpes puntuales y certeros al mundo occidental, que presionasen en las futuras medidas que fuesen a tomar los Estados. El 11S es la acción paradigmática en este sentido –no entraremos a valorar si fue un autogolpe o no–, así como nuestro trágico ejemplo patrio del 11M. 

Pero desde entonces la población musulmana en Europa no ha dejado de crecer, tanto de forma natural como mediante los flujos migratorios. El boom definitivo fue la crisis de refugiados posterior a la guerra en Siria. No hablaremos de cómo el Refugees welcome fue promovido por la gran industria alemana para importar masivamente mano de obra barata turca. A esto se le suma el progresivo peso que han ido ganando los petrodólares de las satrapías del Golfo en la economía europea. De esta forma al islamismo mundial se le plantea un nuevo escenario, ya que ante la anterior dinámica de formar a ex muyahidines y enviarlos a Occidente, los posibles candidatos de yihadista ya se encuentran insertados en esas mismas sociedades, y en algunos país incluso con nacionalidad concedida, para más inri. Además las condiciones para que cale la radicalización entre los mismos son idóneas: guetos donde solo existe una etnia, sumado a unas condiciones de miseria que los hace cualitativamente inferiores a los «nativos» –aunque la vía de tratar de solventar este lapso regándolos de ayudas mientras mantienen su cultura a parte no parece tampoco muy viable, como se ha demostrado en Suecia–. Presumiblemente este nuevo escenario hará que no solo cambie la táctica de los grupos yihadistas, sino también sus objetivos. No debemos olvidar una de las leyes de la dialéctica, la suma cuantitativa lleva al cambio cualitativo. O en cristiano: con más gente reclutada puedes proponerte objetivos más maximalistas. De esta forma en ciertas regiones se puede llegar al punto de competir en igualdad de condiciones con la población autóctona, entrando así en una nueva fase del «choque civilizatorio».

Además estos sectores contaron con un aliado inesperado, ya que los yihadistas supusieron que la izquierda no sería tan estúpida como para repetir su error estratégico en la caída del Sha en Irán, pero estos no deberían subestimar el liberalismo y el tradeunionismo que anidaban en los sectores de la progresía occidental. Llegados a este punto todos sabemos que el buen burócrata valora enormemente su sillón, incluso por encima de la libertad vital de su propia hija. A la izquierda se le fue la mano con la purpurina, y con esta camuflaron al lobo que está destinado a devorarlos. En el Irán de los ayatolás hay terapias de conversión para las almas extraviadas, pero no hay baños no binarios.

Los sectores islamistas en España defienden el voto en masa al PSOE, y cuando no hacen coaliciones electorales con Podemos. Si la actual dinámica sigue en curso, no faltará mucho para ver un partido islamista en España, como ya existe uno Turco en Bulgaria. 

Tras este decálogo volvemos a poner el foco en el terrorismo islamista, debiendo preguntarnos ¿Qué supone para su agenda el terrorismo a gran escala en Europa?. Principalmente por obra del anarquismo, en Europa somos conocedores de que el terrorismo no deja de ser una estrategia pueril, infantil, poco práctica, por lo que ningún proyecto político de envergadura (y estaremos de acuerdo de que una Europa islamizada lo es) puede jugar todo a la baza del terror y esperar una victoria. A esto se suma el factor del posibilismo, ya que los sectores islamistas defienden que su supremacía está predestinada por su futura superioridad demográfica. Y adicionalmente, como ya hemos comentado, la pasividad europea ante la mala comprensión de nuestro pasado juega a su favor. ¿Pero acaso el terrorismo no puede ser un factor que rompa esa balanza y haga premeditar una respuesta europea a la progresiva islamización, tal como hemos visto no hace tanto en Irlanda?A modo de conclusión, no debemos juzgar el devenir encasillados en el pasado; nuevos tiempos generan nuevas formas de actuar. Y como toda acción tiene su reacción, en Europa no nos debería tranquilizar el hecho de que aún no vivimos en una oleada de atentados yihadistas, ya que en el subsuelo la amenaza sigue latente y ganando posiciones. Tampoco olvidemos que nadie se integra a una cultura que no respeta, y la actual Europa americanizada y decadente no se presenta como un ejemplo viable o sostenible de sociedad, pero esto tampoco nos debe llevar a tirar la toalla. Como ya se ha comentado en la sección de opinión, Europa es mucho más que los nazis y Wagner, es la cuna de nuestra idiosincrasia, y por lo tanto es algo sin lo cual no hay un futuro de progreso posible.

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