Hay empresarios que repiten que los costes laborales son altos y que pagar salarios dignos es insostenible. Sin embargo, mientras se quejan de dichos costes, la realidad es que miles de estos trabajadores hacen horas extra que no se pagan. En 2025, en España, se realizaron 6,38 millones de horas extraordinarias a la semana. Lo alarmante es que el 40 % no se pagó ni compensó, lo que dio lugar a 2,5 millones de horas semanales trabajadas gratis y sin compensación. Además, llama la atención la existencia de 441.000 trabajadores que, en promedio, pierden 141 euros a la semana (más de 7.300 euros al año). Por el contrario, las empresas, con este abuso, se ahorran 3.200 millones de euros al año.
El problema se extiende en sectores clave: hostelería, comercio, logística, industria, sanidad y servicios profesionales. La jornada debería acabar según lo pactado, pero en la práctica se prolonga sin registro o lo que es peor aún, muchos trabajadores se ven obligados a firmar cuadrantes que no reflejan la realidad, cuadrantes que coinciden con lo que pone el contrato, aunque la realidad material es otra.
Es importante recordar que la legislación laboral vigente, concretamente el Estatuto de los Trabajadores, establece que las horas extraordinarias no son obligatorias y que solo se pueden exigir si lo establece el convenio colectivo, el contrato o por fuerza mayor. Fuera de esos casos, el trabajador puede negarse. Y aun cuando se hagan, deben pagarse o compensarse. Lo que no puede pasar bajo ningún concepto es que se trabajen sin retribución alguna.
Cuando las empresas se sustentan en horas extra impagadas, trasladan sus costes a los trabajadores. Y cuando eso se generaliza, el mercado laboral se precariza, perdiéndose además nuevos empleos que pudieran surgir si se pagaran esas horas extra.
España puede debatir sobre productividad, pero hay un debate más básico: el respeto al tiempo de trabajo. El tiempo del trabajador no es gratis y las horas extra tampoco deberían serlo.