8 de febrero de 2026

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En la pública te destrozan y en la privada te exprimen: un médico rompe el silencio sobre la sanidad en España

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Guardias de 24 horas, salarios congelados, seguros low cost y una sanidad privada convertida en negocio a costa del médico.

La crisis de la profesión médica en España no se explica solo por la falta de recursos, sino por un modelo que ha normalizado jornadas extremas, salarios congelados y una creciente precarización tanto en la sanidad pública como en la privada. Guardias de 24 horas, baremos irrisorios y una medicina convertida en producto forman hoy parte del día a día de miles de facultativos.

Bajo el seudónimo Doctor Low Cost (IG: @doctorlowcost), el entrevistado explica que se ha visto obligado a denunciar desde el anonimato los atropellos que, según afirma, sufren tanto los médicos como los propios pacientes de la sanidad privada por parte de las aseguradoras. Una decisión marcada por el miedo a represalias en un sector donde cuestionar el modelo tiene consecuencias profesionales.

Lo que sí puede contar es su trayectoria: más de una década ejerciendo como médico especialista, con experiencia tanto en la sanidad pública como en la privada. Desde esa doble perspectiva denuncia condiciones laborales insostenibles. En estas líneas nos explica por qué, pese a todo, ha acabado trabajando para aseguradoras privadas, pese a considerarlas un actor responsable del deterioro actual de la profesión médica.

Su diagnóstico sobre el sistema es contundente. En la pública, las condiciones son extremas: jornadas de entre 250 y 300 horas mensuales, turnos obligatorios de 24 horas que se pagan por debajo de la hora ordinaria y que ni siquiera computan para una jubilación anticipada ni para la pensión. “Es horrible”, resume. “Somos el único colectivo en el país obligado a trabajar en esas condiciones”. Esa realidad le ha llevado a decantarse por la sanidad privada. “En la privada existe cierta capacidad para organizar el volumen de trabajo, evitar las guardias y aspirar a un horario más cercano al de una persona ‘normal’”. Sin embargo, la mejora es relativa: si en la pública es la administración la que, en sus palabras, “te destroza”, en la privada son las aseguradoras las que convierten el día a día en una carrera de obstáculos.

“Somos el único colectivo del país obligado a trabajar entre 250 y 300 horas al mes. Guardias de 24 horas que ni siquiera computan para la jubilación.”

La relación entre los médicos y las aseguradoras privadas la define con dos palabras: sumisión y miedo. La creciente caída de la sanidad pública, con listas de espera interminables y saturación excesiva, ha creado el caldo de cultivo perfecto para que las aseguradoras privadas vean crecer su cartera de clientes. En la actualidad, entre un 25 y un 30 % de la población española posee un seguro privado. Sin embargo, los médicos se llevan poco de esta situación que a primera vista podría parecer positiva para el colectivo. Las aseguradoras de salud imponen baremos ridículos a los actos médicos, en torno al 10 % del precio real de una consulta privada. Para este especialista, hacen que los médicos multipliquen su volumen de trabajo a precios irrisorios, y si no están de acuerdo se ven abocados a cerrar sus consultas por falta de pacientes.

Pero en las palabras de DrLowCost se evidencia algo más profundo que la mala gestión sanitaria, tanto en la pública como en la privada. Porque el propio sistema ha hecho que los pacientes vean el “todo incluido” como un derecho sin límites. “El todo incluido para todos ha condicionado la forma en que los pacientes perciben el valor del acto médico. La sociedad entiende que casi todo tiene un precio —una cena, un viaje, el cine—, pero cuando se trata de la salud la lógica cambia. Hoy los ciudadanos no son conscientes de lo que cuesta la atención sanitaria”.

Otros sistemas , como el belga, tienen puntos que podrían evitar algunos de los problemas de los que adolece la sanidad española. En Bélgica, el paciente paga directamente el servicio médico, pudiendo elegir especialista. Existen tarifas oficiales que son reembolsadas por el sistema al paciente (siempre que este acuda a la consulta y sea justificada), habiendo médicos que cobran más. Así, el paciente escoge si pagar esa diferencia o acudir a un médico de la pública, en cuyo caso se le devolvería el total del importe . “Esta dinámica favorece que los pacientes sean conscientes del gasto sanitario y haya menos casos de abuso del sistema”. Esto daría lugar a una menor saturación, eliminando consultas innecesarias y un menor despilfarro de recursos públicos. Y aunque defiende firmemente DrLowCost la sanidad pública, considera que el modelo de “buffet libre” sin restricción debe ser modificado.

PLas quejas de los médicos por un reglamento anticuado y carente de los derechos de los que disponen el resto de trabajadores no es una cuestión novedosa. Es producto de décadas de desprestigio informativo y mediático, en el que se ha practicado, en palabras del protagonista, “populismo informativo” y “relativismo intelectual”. “Los expertos son ninguneados, mientras que copan las televisiones, radios y los puestos de asesoramiento gubernamental supuestos ‘expertos’ que no saben más de esos asuntos que los tres TikToks que se han visto…”.

Conviene no olvidar la realidad de los facultativos españoles: “la mayoría de los médicos trabaja más de 250 horas al mes solo en la pública, a veces trabajando además en la privada”. Tanto la sumisión como la despreocupación son dos caras de la misma moneda, derivadas de lo que se espera de nosotros y de la tergiversada “vocación médica” como excusa para cualquier tipo de atropello. En base a esto, se ha creado un clima en el que si un médico protesta por sus condiciones laborales mínimas es tachado de elitista, de avaricioso, de egoísta… “Es muy sencillo criminalizar a un médico y hacerlo sentir que sus reivindicaciones no están justificadas”. Aun así, los médicos son un colectivo “poco reivindicativo, trabajadores con un gran sentido del deber y poco predispuestos a manifestarse contra el sistema”.

 

“Las aseguradoras pagan en torno al 10 % de lo que cuesta realmente una consulta. Nos obligan a trabajar a volumen para poder sobrevivir.”

Ante la pregunta sobre si cree que se está deteriorando hoy día la profesión médica deliberadamente, su respuesta es tajante. “Sin la más mínima duda. Esto es sencillo de explicar. Los gobiernos y las empresas tienen como objetivo controlar a las masas y sacar rédito económico… Si los prescriptores de medicamentos están menos formados, son menos libres de elegir y más manipulables. Se está asistiendo a un proceso de sustitución deliberada del médico por personal no cualificado. En España se ha anunciado desde el Ministerio de Sanidad. En el Reino Unido, tras años de sustitución médica por personal infracualificado, hay pruebas del aumento de errores, muertes o gasto en indemnizaciones”.

Las actuales huelgas y las protestas de los médicos por el Estatuto Marco han hecho que cada vez más la sociedad sea consciente de la situación laboral real de los médicos.

El problema, aunque con matices diferentes, afecta a los médicos que trabajan en la pública y a los que lo hacen en la sanidad privada. “Tanto los médicos de la pública como los de la privada estamos quemados. Lo que reclamamos no es excepcional, sino condiciones similares a las del resto de trabajadores: tiempo para atender bien a los pacientes, medios adecuados y una remuneración acorde con el nivel de formación y responsabilidad”. En cuanto al sistema público, destaca “la obligación de trabajar entre 250 y 300 horas mensuales, combinando jornadas ordinarias de mañana con cinco o siete guardias de 24 horas. En ocasiones, se entra a quirófano tras más de veinte horas despierto”.

Pero los seguros de salud no ofrecen condiciones mucho mejores. “En la sanidad privada, aunque el médico disponga de más libertad en ciertos hábitos, en otros aspectos es peor. El profesional está solo: sin apoyo de colegios médicos, sindicatos, asociaciones”. Además, las cifras que maneja este especialista reflejan con claridad el deterioro económico que sufre la profesión en la sanidad privada. “Actualmente, la tarifa en bruto que las aseguradoras pagan oscila entre los 5 y 7 euros por una consulta de medicina general y entre 12 y 18 euros por una de especialista. A esa cantidad hay que restarle impuestos, seguro de responsabilidad civil, equipamiento, gastos de la clínica y personal contratado. Los baremos de las aseguradoras se han mantenido prácticamente congelados”. En cuanto al reparto real del dinero que pagan los asegurados, DrLowCost explica que de lo que ingresan las aseguradoras apenas llega al médico un 10 %.

El resultado global es la pérdida sustancial del poder adquisitivo del médico en los últimos treinta años. En la sanidad privada, esto se ha traducido en “vernos obligados a trabajar a volumen, reduciendo el tiempo por paciente y deteriorando la calidad de la atención”.

Aparte de los enormes problemas del sistema público, gran parte de la situación que está atravesando la sanidad privada se debe a problemas diferentes. “El crecimiento masivo de asegurados no ha ido acompañado de un incremento proporcional de médicos. Hoy, los pacientes esperan cada vez más tiempo, han perdido la libre elección de especialista. También ha desaparecido la consulta pausada que caracterizaba a la sanidad privada”. A esto se suman las prácticas abusivas de estas compañías. “Existen seguros médicos familiares (hasta 8 personas) por unos 30 euros al mes… La aseguradora quiere captar clientes con cuotas ínfimas para eliminar al paciente privado puro; entonces se imponen baremos míseros al médico. Y años después, cuando el paciente envejece o tiene problemas de salud reales, la cuota comienza a subir de forma exagerada, lo que obliga al paciente a prescindir de un seguro por el que lleva pagando toda la vida cuando realmente lo necesita”.

“Los colegios médicos brillan por su ausencia”. DrLowCost contactó con la mayoría de los colegios de médicos de España para ofrecerse a ayudar de forma gratuita y altruista, y solo contestó uno: el colegio de médicos de Barcelona. El papel de las organizaciones colegiales es casi inexistente en la defensa de los derechos profesionales del médico. “¿Por qué no informan sobre la huelga médica nacional indefinida por el Estatuto Marco de nuestra pésima ministra? ¿Dónde están las denuncias a los atropellos que sufre día a día la profesión médica y al intrusismo?”.

Para este profesional, la sanidad privada debería desempeñar un papel complementario al sistema público, orientado a aliviar cuestiones menores o a facilitar un acceso más ágil a determinadas consultas. Pero en ningún caso como sustituta de una sanidad pública que, a su juicio, continúa ofreciendo una respuesta de alto nivel en procesos graves, complejos y costosos, como infartos, cáncer o grandes accidentes. Resulta llamativo que esta crítica provenga de un médico que trabaja para aseguradoras privadas, una decisión que —según explica— no responde a una preferencia por ese modelo, sino a las condiciones laborales cada vez más insostenibles del sistema público.

A su entender, el auge de los seguros privados no es consecuencia de un deterioro real de la sanidad pública, sino del marketing agresivo de las aseguradoras, basado en el miedo. Ofertas y campañas que transmiten la sensación de que sin un seguro privado se está desprotegido han contribuido, según denuncia, a una masificación de la sanidad privada y a la pérdida de calidad asistencial. De forma paradójica, ese miedo se ha construido precisamente en torno a patologías para las que la sanidad pública está mejor preparada y ofrece una cobertura excelente, mientras que la privada suele responder peor.

El resultado, concluye, es un sistema que empuja a los médicos a trabajar a volumen por baremos irrisorios y a los pacientes a pagar por servicios que, en muchos casos, ya están garantizados por la sanidad pública. Para él, el modelo deseable pasaría por reforzar aún más el sistema público y permitir que la sanidad privada funcione como un sector independiente, sin la explotación del profesional médico por parte de las aseguradoras.