15 de marzo de 2026

Semana convulsa la de mis feministas...

Feminismo

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Semana convulsa la de mis feministas patrias. Después del aquelarre hembrista del pasado domingo, con su particular desfile de pelo morado, animadas al son de los tambores y las batucadas propias que se precien en eventos propios de la izquierda de las mil causas (excepto las de la defensa de los trabadores), las idas y venidas por los platós de TV de nuestra querida Sarah, o como quiera escribirlo esta choni vulgar a nómina del PSOE, con llanto en directo incluido, teatralizacion y abandono de plató que bien merecen un Goya de nuestra tan querida academia de cine, uno se pregunta ¿a qué tipo de mujeres, siendo generoso en la calificación, se dirigen esta panda de locas?

La deriva que tomó el feminismo woke, importado (como no) de países anglosajones y capitalistas, no hace sino corroborar la cosificación de la mujer reducida a un producto de masas, una mercancía que puede comprarse con unas cuantas pancartas, unas pegatinas y algún que otro spray con el que hacer pintadas gamberras el 8M. Porque el feminismo actual amigos, no es otra cosa que eso: un producto creado por ciertas élites gobernantes y marcas / empresas que cotizan en bolsa. Es un producto de consumo y como tal su distribución, envoltorio, presentación, y servicio post venta debe ser cuidado hasta el más mínimo detalle. Como ocurre con el movimiento LGTBIQA+ (o cuantas iniciales quieran añadir), el veganismo, el animalismo, el ecologismo y cualquier “ismo” de salón. Es un producto de cara a la galería, de postureo pero vacío y carente de todo pensamiento crítico profundo. Me explico:

Mientras Rosa de Luxemburgo vinculó la liberación femenina a la lucha de clases y la revolución socialista, criticando el feminismo burgués por no buscar el cambio estructural, Irene Montero vincula la liberación femenina con llegar sola y borracha a casa.  O las diferencias palpables y notables entre Aleksandra Kolontai (primera mujer en la historia en estar al frente de un ministerio, por cierto), que luchó por los derechos y libertades de las mujeres, de la modificación de las leyes que subordinaban a la mujer con respecto al hombre, le negaban el derecho al voto y la hacían tener peores salarios y condiciones laborales que los hombres respecto cualquiera de las feministas que podemos ver en la cabecera de esa manifestación:

Santolallas, Galeotes, Monteros, Belarras, Begoñas y demás niñas bien, pijas que jamás han tenido que luchar por nada, excepto por quitarle el novio a alguna de sus compañeras para colocarse bien en la vida. Unas en política, y otras en televisión.

Pero volviendo al feminismo, el actual y el que nos compete. El de nuestra querida Sarah y su brazo en cabestrillo. Ella qué hubiese preferido ser, ¿la chica azafata de F1 que antaño podía sujetar un paraguas, o alguna de las mujeres que pueden pasearse hoy día por nuestras calles bajo una sábana y traje de fantasma?

En eso ha derivado el feminismo hoy día, en defender el islamismo y sus maravillosas costumbres con respecto a las mujeres, o que a hombres con tetas se les llame mujer, o que fomenten que la mujer se alcoholice en lugar de formarse y poder emanciparse, o que la mujer libre es la que aborta.

Será eso, que para una buena parte de las feministas hoy día lo único que les preocupa, es que las jodan y si llega el caso, les paguemos el aborto tras una noche de alcohol y fiesta. Que lo de luchar y esforzarse debe ser que es cosa de hombres. O de mujeres del pasado