7 de marzo de 2026

Hay empresarios que repiten que los...

La Gala de entrega de los Goya, entre las soflamas políticas y los fallos de guion

La Gala de entrega de los Goya, entre las soflamas políticas y los fallos de guion
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La entrega de los premios de la academia del cine español en su edición numero 40 se destacó por falta de ritmo y de química entre sus presentadores

 

El pasado 28 se celebro la gala de los Premios Goya en Barcelona, generando una mezcla de elogios, críticas y polémicas.

El evento fue presentado por el actor Luis Tosar y la cantante Rigoberta Baldini.  Y registró una audiencia muy  alta, con  una cifra de 2.396.000 espectadores de media. Obteniendo un 26% de cuota de pantalla. Lo que hace que sea el mejor dato desde 2020.

Las películas que obtuvieron más premios fueron “Los Domingos” y “Sirat”. “Los domingos” obtuvo 5 premios en las categorías principales mejor película, mejor dirección, mejor actriz protagonista, mejor actriz de reparto y mejor guion original. Sirat fue la más premiada en aspectos más técnicos obteniendo premio en las categorías de música original, montaje, sonido, dirección de producción, dirección de arte y fotografía. La película “Sorda” tambien fue reconocida por su aportación como opera prima consiguiendo los premios a la mejor dirección novel, mejor actor de reparto y mejor actriz revelación

La gala se hizo larga y tuvo algunos errores de escaleta reseñables. Y según algunas voces críticas parecía poco ensayada o preparada. La gala mantuvo el formato habitual de los últimos años, con una duración aproximada de tres horas y media. Aunque se intentó hacerla más ágil, con intervenciones y agradecimientos más cortos siguió siendo una ceremonia larga y con ritmo irregular, algo que se ha convertido en crítica recurrente

Muchos espectadores coincidieron en que la gala fue lenta, con falta de ritmo y excesiva duración, pese a haber reducido 20 minutos respecto al año anterior. La fecha de celebración además se prestaba a la broma. Se habló de una gala “que empezó en febrero y acabó en marzo”.

La presentación de Luis Tosar y Rigoberta Bandini, aunque comenzó potente, perdió ritmo y mostraba la falta de química entre ellos.  Sus intervenciones según el publico no aportaban dinamismo.

Rigoberta además de presentar el evento tuvo una actuación musical de uno de sus temas más famosos , además de cuatro  cambios de vestuario a lo largo de la gala. Lo que no contribuye a la agilidad.

RTVE recibió quejas por fallos de sonido, planos poco acertados y una retransmisión considerada “poco ágil”. En redes se habló de “una gala difícil de seguir”. En numerosos planos se enfocaba al Presidente Pedro Sanchez, que no debería ser el protagonista en esta noche, pero ocupaba el primer plano en repetidas ocasiones.

El guion estaba poco inspirado y  lleno de chistes que no funcionaron.  Con una  presentación algo irregular por parte de los maestros de ceremonias. Con una realización claramente mejorable y  que en general dejo una sensación de que la gala no “no estuvo a la altura del 40 aniversario”.

Tambien resulto algo cansino la incorporación de varias lenguas. Esta bien que se haga un gesto a todas las lenguas españolas ( castellano, catalán, gallego, euskera) y es un gesto de cortesía más aún si se celebraba en Barcelona. Pero a veces aparecía en los discursos de agradecimiento sin que se tradujese o los propios presentadores comenzaban a alternar idiomas. Lo que enfatizo la sensación de caos y de dificultad para ser seguida.

Este gesto desde luego no es un detalle menor, sino que  un elemento central de la puesta en escena y del mensaje político-cultural de la noche. Queda claro que fue una decisión deliberada y simbólica

Otro aspecto criticado fue el cambio de normas de la academia a la mecánica de premios que genero confusión y malestar entre parte del público.

Un momento que tambien genero bastante incomodidad y sobre todo que parece un poco machista, en una gala y contexto que presume de igualitario e inclusivo fue la entrega de los premios a actores y actrices de reparto

La presentación de Mejor Actriz de Reparto fue extremadamente breve. La categoría se presentó de forma muy rápida, sin introducción elaborada, sin contextualización y con un tono casi mecánico. En redes se comentó que parecía “resuelta en 20 segundos”, lo que dio sensación de falta de respeto hacia las nominadas. Muchos espectadores señalaron que la gala dedicó más tiempo a otros bloques menos relevantes que a una categoría fundamental. Sin embargo, la  presentación de Mejor Actor de Reparto fue lo contrario demasiado larga y dispersa. El bloque se alargó con una introducción extensa, comentarios humorísticos que no funcionaron y un ritmo irregular. Se percibió como desproporcionado en comparación con el de las actrices. Por lo que en redes se ha hablado de “desbalance total” y de que parecía que una categoría importaba más que la otra. La diferencia de duración y cuidado entre ambas categorías fue tan evidente que provocó indignación inmediata.

Un hecho más que demuestra cierta sensación de improvisación y falta de cuidado en el diseño de la escaleta de la guía.  Ya que no solo en este momento se perciben un guion con “momentos desiguales y mal medidos”, aunque sin centrarse solo en esta categoría.

Y como siempre tuvo muchísimo contenido político reivindicativo, generalmente centrado en la línea ideológica del actual gobierno que hace que esta gala sea más mitin que celebración o evento artístico. La política y la necesidad de catequizar opaca a una edición en la que había gran nivel técnico y artístico, propuestas interesantes y la fuerza de nuevos talentos. Una gala que debía celebrar los 40 años de los Goya quedó “eclipsada por un discurso político omnipresente”, generando la sensación de que la fiesta del cine quedó en segundo plano .

Entre los momentos más políticos destaca el sonrojantes discurso de Susan Sarandon (Goya internacional) en el que además de lisonjear a Pedro Sanchez “Miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente y a muchos artistas de este país que hablan con tanta lucidez moral. ¡Gracias!” parecía indicar que estaba atrapada en su país. Ya en entrevistas previas había iniciado la labor de peloteo descarado y vergonzante “»guapo, alto, no sé mucho de él, excepto que cada vez que lo veo, está en el lado correcto de la historia, y lo dice de forma muy clara».

Pero estos no fueron los únicos momentos polémicos, politizados y polarizados. La gala  estuvo marcada por intervenciones políticas desde la alfombra roja hasta los discursos finales. La mayoría de los actores quisieron posicionarse de forma pública. Aunque tambien siempre hay “rebeldes” por lo que el “ Viva España” del artista  de Aldo Comas fue un momento viral. No deja de ser curioso que sea polémico decir “viva” en tu propio país. Pero la cuestión es que su comentario genero división inmediata. Él defendió su libertad de expresión ante las críticas posteriores, insistiendo en que no buscaba provocar sino reivindicar un sentimiento personal .

Otro momento de controversia fue el que ha rodeado a Silvia Abril y a Leonor Watling en esta edición de los premios.  Silvia Abril expreso “eufóricamente” en la alfombra roja al ser preguntada por la gran ganadora de la noche Los domingos (película con temática espiritual) su rechazo al creciente interés de parte de la juventud por la fe cristiana. En su respuesta a prensa literalmente indico que “Me da pena que los jóvenes se agarren a la fe cristiana.” O “Me niego a aceptar que la juventud vuelva a la religión.” Y se refirió a la  Iglesia como “un chiringuito”. La gala estaba ya cargada de mensajes políticos y sociales, como para echar más leña al fuego en ese momento ya finalizada la gala. La expresión “chiringuito” se ha  viralizado como ejemplo de desprecio hacia una institución con fuerte presencia cultural en España.

Leonor Watling no protagonizó una polémica en la gala, sino que su nombre apareció en la conversación después La actriz y cantante en un podcast  y entrevistas dejo caer que había sido presionada a llevar un pin reivindicativo sobre Palestina.

Sus declaraciones más citadas giran en torno a la idea de que los intérpretes están siendo empujados a pronunciarse sobre conflictos internacionales en espacios que, según ella, no deberían exigirlo. Sus declaraciones literales fueron “Si voy a ir con una chapa de Palestina, ¿por qué no una de Ucrania? ¿Y por qué no una de Sudán? ¿Y qué hago aquí? ¿Y por qué no me quedo en mi casa?”“ Me parece ruin tener que posicionarse de manera casi obligada.”

Estas palabras surgieron en entrevistas y en un podcast donde relató que había recibido la propuesta de lucir un pin en apoyo a Palestina en una alfombra roja, algo que ella consideró una forma de presión.

Watling no cuestionó las causas en sí, sino la obligación implícita de mostrar apoyo político en un evento cultural. Sus argumentos se centraron en la decisión de visibilizar una causa debe ser personal, no una imposición del entorno. Y que es tremendamente injusto y arbitrario la selección de que conflicto apoyar . Destacando que la presión mediática convierte un gesto voluntario en un acto casi obligatorio, lo que ella considera “ruin”

La realidad es que en la Gala se citan solo “algunas causas”, se centran en la política internacional, tambien solo en parte. Pero no se cita apenas problemas del país.

Aunque la cobertura internacional no fue masiva, los medios que comentaron la gala se centraron en el  peso político de la ceremonia. Algunos medios europeos han destacado que la gala se convirtió en un espacio de reivindicación social y política, algo que suele llamar la atención fuera de España. Pero la prensa internacional cultural ha dado y ha  valorado positivamente la diversidad temática y estilística de las películas premiadas, especialmente el enfoque autoral de Los domingos y la potencia visual de Sirat.

Es muy destacable que los Goya no siempre estuvieron tan politizados en sus primeras décadas (desde 1987) los Goya eran una ceremonia centrada casi exclusivamente en celebrar el cine español y reivindicar mejoras laborales del sector. Se hacían algunas críticas puntuales al gobierno de turno, pero sin un tono sistemático. Había discursos reivindicativos, pero no eran el eje de la gala ni generaban grandes polémicas mediáticas. El punto de inflexión se produce a partir del 2003,  aquí es donde realmente empieza la politización de los Goya. Coincidiendo con la Guerra de Irak muchos actores llevaron pegatinas de “No a la guerra”. Fue la primera vez que la gala se convirtió en un acto político colectivo y visible. En 2004 con los atentados del 11 M y el cambio de gobierno se hizo aún más acusado. La gala se celebró en un clima político extremadamente tenso. Fue el momento en que el cine español se posicionó abiertamente contra la guerra. Y la derecha mediática empezó a acusar al sector de “sectario”. Y por el contrario la izquierda cultural abrazó la gala como espacio de expresión política. Y la hizo suya. Desde entonces, la politización dejó de ser excepcional y pasó a ser estructural. Entre los años 2005 y 2015 es la década de la consolidación del tono  del tono político. Durante esta década, los Goya se convirtieron en un escenario habitual para denunciar recortes en cultura, situación laboral del sector, Ley Sinde, crisis económica, Desahucios o la Ley Mordaza.

Discursos como los de Alberto San Juan, Willy Toledo, Candela Peña o Javier Bardem marcaron esta etapa. La gala ya no era solo cine era cultura + política + activismo.

Pero al menos se trataban temas de impacto a la sociedad española, no causas internacionales y lejanas.

A partir de 2021 la politización se normaliza y en los últimos  años, la gala ha sido sistemáticamente política centrada en temas como feminismo y #MeToo, LGTBIQ+, Palestina, Ucrania y otros conflictos. O  críticas a gobiernos autonómicos y estatales. Hoy, la politización es parte del ADN de la gala

Esto ocurre porque el  cine español se entiende a sí mismo como un agente cultural y político. La industria se ve como defensora de valores democráticos, sociales y progresistas.

 

Es interesante ver como  percibe el público la politización. Aunque no existen encuestas oficiales publicadas por la Academia, sí hay tendencias claras recogidas por prensa y estudios de opinión cultural. El público está dividido, una parte considera que el cine debe posicionarse políticamente. Pero otra parte siente que la gala se ha convertido en un “mitin” y ha perdido su esencia cinematográfica. La politización afecta a la audiencia. Las  galas más tensas suelen generar más conversación en redes y más polarización, pero no necesariamente más satisfacción del espectador.

 

Fueron notorias tambien las palabras de Carmen Machi sobre “disfrutar de nuestra fiesta”. Pues bien, esta fiesta será suya pero esta pagada por todos los ciudadanos y no precisamente a bajo precio. La gala de 2026 tuvo un presupuesto estimado de 3,1 millones de euros. Esta cifra incluye producción técnica, escenografía, retransmisión, logística, seguridad, desplazamientos, hospitalito, canon a la Academia y estructura organizativa.

La Generalitat de Catalunya aportó alrededor de 2 millones de euros. El Ayuntamiento de Barcelona contribuyó con cerca de 1 millón de euros.

RTVE participó como socio de retransmisión, asumiendo costes de emisión y parte de la infraestructura televisiva. El coste operativo de 3,1 millones está financiado casi íntegramente por administraciones públicas. También hay aportaciones de patrocinadores privados, que participan con aportaciones económicas directas, aportaciones en especie (vestuario, joyería, servicios, logística, transporte, hospitality). Y colaboraciones comerciales vinculadas a la gala. No se tiene información exacta sobre las cifras aportadas por los patrocinadores, pero se confirman que su contribución fue complementaria, no estructural. Los patrocinadores no cubren ninguna parte significativa del presupuesto.

Otro aspecto relevante es la moda, mientras los actores reivindican el valor de lo  español el diseñador de su vestido no lo es. Y aunque la moda española tiene un peso significativo en la gala no es omnipresente. Destacando que Rigoberta sí que lucio modelos de Rabanne.  Y se lucieron marcas españolas como Loewe o Sybilla. Pero hay una evidente doble moral cuando se quiere proteger el cine español, pero se lucen diseños extranjeros como Carolina Herrera ,Tom Ford o Dior

 

Esta Gala tambien genera un debate y reflexión sobre la propia industria del cine y las subvenciones y las recaudaciones que genera.

Según el Ministerio de Cultura (ICAA) el volumen anual de ayudas públicas está en torno a los   250 millones de euros. Según datos oficiales del Ministerio de Cultura y haciendo un análisis económico resulta que el cine español recibe 35 euros en ayudas o deducciones por cada euro que aporta al Estado vía IVA procedente de la venta de entradas.

Los datos del ICAA muestran que la taquilla del cine español ha sufrido una caída significativa. La taquilla total cayó un 25% respecto a niveles prepandemia.

Las ayudas han ido creciendo en los últimos años notablemente en el año 2010 estas estaban en torno a los 150 millones, por lo que se han incrementado en un 67%

La política de ayudas al cine es algo también  común en otros países de Europa, ya que se considera que  es cultura no una industria. En Francia ( l país más generoso en este aspecto) las ayudas llegan hasta los 800 millones al año, pero las entradas vendidas duplican por dos a las vendidas en España. En Francia, el alto nivel de apoyo se traduce en una cuota de mercado nacional muy fuerte (el público ve mucho cine francés).

El Reino Unido tambien otorga un volumen alto de ayudas, que no son directas sino incentivos fiscales que equivaldrían a 600 millones al año.

 

En España, el aumento de ayudas no ha evitado la caída de espectadores totales ni la gran concentración de la taquilla en pocos títulos.

En 2025, más de la mitad de las películas españolas no recaudaron ni 1.000 euros, según el informe oficial Recaudación y espectadores del cine español en 2025 del Ministerio de Cultura. De las 727 películas españolas exhibidas en 2025, solo 16 superaron el millón de euros en la taquilla.

La estructura del mercado se define por un alto nivel de producción ( más de 700 títulos), con una capacidad de exhibición muy limitada. En el que la mayoría de las películas no tiene distribución efectiva. Y el publico se concentra en muy pocos títulos.

Incluso el obtener un premio tampoco va ligado a una alta venta de entradas. . Los domingos obtuvo una recaudación aproximada de entre 1,2 y 1,5 millones de euros. Y aproximadamente 200.000 espectadores. Sirat obtuvo una recaudación aproximada de 700.000 euros y en torno a 90.000 espectadores. Con su proyección en plataformas de Streaming se incrementarán.

El total de películas ganadoras de los Goya 2025 recibieron más de 7,2 millones de euros en subvenciones.

En España es un sector donde la mitad de las películas prácticamente no tienen espectadores, pese a que muchas reciben financiación pública.

Las películas, aunque no vendan entradas si que reciben otro tipo de ingresos, las citadas ayudas o subvenciones del ICAA, pero también ingresos provenientes de la participación obligatoria de televisiones públicas y privadas (RTVE, Movistar+, Atresmedia o Mediaset).

Otras fuentes de financiación son las ventas a plataformas como Netflix, Filmin o HBO, además de incentivos fiscales (deducciones en torno al 30-40%) y ayudas autonómicas o europeas ( como Euroimages)

Las subvenciones cubren entre el 50 % y el 80 % del presupuesto de una película española.

Esto significa que una película puede recuperar la mayor parte de su coste incluso sin espectadores.

Por lo que el cineasta en muchos casos no arriesga nada, lo que no ocurre ni de lejos en muchas otras industrias o negocios.

En España se producen muchas películas con poca salida comercial, ya que el modelo de financiación no depende de la taquilla y con las ayudas gran parte del presupuesto se recupera antes de estrenar. La taquilla deja de ser condición de supervivencia es un “extra” no el eje del modelo.

Se trabaja con la lógica de “proyecto cultural” no de “producto de mercado”. Y muchas películas se conciben como obras de autor, proyectos identitarios o de memoria histórica, cine en lenguas cooficiales o cine de festival

Con este enfoque que no busca la pura comercialidad las películas deberían ser de una calidad extraordinaria y buscar sacar a la luz y promover la cultura y la historia de nuestro país . Y ser una autentico proyecto cultural. Lo  que no siempre ocurre.