¿Qué es el impacto fiscal neto? Se trata del indicador que valora la cantidad de ingresos públicos que un ciudadano aporta al Estado, y cuántos recibe del mismo. Es decir, sería la diferencia entre lo que aporta y lo que recibe de las arcas públicas.
Nos vamos a centrar en dos estudios para valorar el impacto fiscal de la inmigración: El impacto fiscal a largo plazo de los inmigrantes en los Países Bajos del Instituto de Economía Laboral (IZA) y Proyección del impacto fiscal neto de la inmigración en la UE del Centro Común de Investigación y de la Comisión Europea, nada sospechosa de ir en contra de la inmigración. El primero de los estudios afirma que en Holanda solo el 20% de los inmigrantes tiene una contribución fiscal positiva a lo largo de toda su vida. El 80% de los inmigrantes tiene un impacto fiscal negativo, es decir, los gastos que suponen son mayores que los ingresos que aportan.
Ambos estudios revelan que el gasto por cada inmigrante (educación, seguridad social, ayudas…) es superior al gasto hecho en los nativos. Además, se ve que por lo general los inmigrantes pagan menos impuestos y su contribución a las arcas del Estado es menor.
En Holanda, los inmigrantes que llegan para trabajar, generan una contribución neta promedio de 125.000 euros por cabeza. Los que llegan para estudiar suponen un coste de 75.000 euros. Los que más gasto suponen son los refugiados, al costar de media 475.000 euros por persona. Muchos dicen ser refugiados cuando no cumplen con los requisitos para serlo.
Por lugar de origen también hay diferencias claras. Los inmigrantes que más aportan, con una media de 200.000 euros por persona son los procedentes de Norteamérica, Japón, Escandinavia, Islas Británicas, Australia, Nueva Zelanda y Suiza. Por otro lado, la inmigración procedente de Europa central y oriental cuesta de media 50.000 euros por persona, y la inmigración procedente de la antigua Yugoslavia y de la Unión Soviética 150.000 euros. Pero la mayoría de la inmigración proviene de otros lugares, de África, Oriente Medio, Sudamérica y Centroamérica. Los inmigrantes procedentes de países africanos como Marruecos, Sudán, países del Cuerno de África, del Caribe... cuestan de media 550.000 euros; los provenientes de Turquía, Pakistán, África Central cuestan entre 200.000 y 300.000 euros.
En contraste la inmigración proveniente de países europeos (excepto Europa central y oriental) y norteamericanos, tienen un impacto fiscal neto positivo, al igual que los inmigrantes de Asia (excepto Oriente Medio) y de ciertos países de Hispanoamérica.
En general, el balance es negativo en los inmigrantes extracomunitarios, con una media de 315.000 euros por persona. El Estado invierte muchos fondos públicos difíciles de compensar. En cambio los inmigrantes occidentales tienen un impacto positivo de 210.000 euros.
Las conclusiones de ambos estudios señalan que los nativos pagan más impuestos y sus contribuciones a las arcas públicas son mayores, y que la inmigración de ciertos orígenes, actualmente, la mayoritaria, tiene un impacto fiscal neto negativo.
En base a esto podemos afirmar que el balance es negativo para los países europeos.