4 de enero de 2026

La caída de Maduro y el futuro de Venezuela

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El año 2026 se antoja un año políticamente difícil y lleno de grandes cambios en la política internacional. Uno de estos cambios se ha dado esta mañana, cuando nos hemos despertado con la noticia del día; EE. UU había detenido y trasladado a Maduro desde Venezuela hasta su propio país. Desde luego, la noticia ha producido todo tipo de reacciones, desde la alegría y esperanza hasta la repulsa y la condena pública. Lejos de estos blancos y negros hay personas que tenemos una opinión diferente, pues la caída de Maduro es una alegría, al caer una dictadura que reprime a los trabajadores y a su pueblo, cómplice de la corrupción y el narcotráfico de la zona, y un régimen lejos de ser el ideal para los venezolanos. Sin embargo, los métodos utilizados para sacar a Maduro del poder no pueden ser apoyados, no por ser violentos o no, en este caso sí, sino porque demuestran que EE. UU se autoproclama como juez, jurado y verdugo sobre lo que considera despectivamente su «patio trasero», al más puro estilo de la Doctrina Monroe, tan utilizada décadas atrás y que le permitía poner y deponer dictadores o regímenes a su placer e interés, siempre en detrimento de la soberanía nacional de los países afectados.

El hecho de que Estados Unidos se vea con la autoridad de invadir un país militarmente, secuestrar a un presidente, sea legítimo o no, en este caso no, y lo juzgue en su propio país demuestra que ciertos países pueden saltarse la legalidad internacional que falsamente dicen defender por su propio antojo y capricho. Y es que Venezuela no es más que un país más dentro de la interminable lista de países que han sido invadidos o sus gobiernos han caído o aupados por los norteamericanos. A todos se nos vienen algunos ejemplos históricos como la guerra con España en 1898 y el hundimiento del USS Maine, los apoyos de la CIA para acabar con el gobierno de Allende y aupar a Pinochet o la captura de Eduardo Noriega, líder panameño, que fue detenido hace exactamente 36 años tras la invasión de Panamá. Por lo tanto, quienes aseguran que a EE. UU o a Trump les mueven el sentimiento de justicia o de la democracia no son sinceros, pues a Estados Unidos y a su presidente les mueven más el poder, el dinero, y en el caso de Venezuela, el petróleo y los recursos existentes en el país. Incluso en la actualidad EE. UU tiene subyugado a algunos países, como es el caso de Puerto Rico, que pese a ser un Estado Libre Asociado de facto no deja de ser una colonia y que tampoco puede decidir su futuro.

Volviendo a Venezuela, esta detención tampoco ha destruido el régimen, no a día de hoy, solo lo ha descabezado, pero posiblemente en los próximos días los principales ministros y militares chavistas intentarán mantener el poder y aplastar a la oposición, la cual intentará asaltar el poder, y en caso de hacerlo conseguir un giro político hacia el gobierno de Trump. Todo hace indicar que Diosdado Cabello puede ser el hombre que dirija Venezuela en ausencia de Maduro, pero sin duda no lo hará sin un probable conflicto civil, pues gran parte del ejército y los seguidores chavistas saldrán a defender el régimen con su vida.

Mientras tanto, hay gente que celebra que su propio país sea invadido por una potencia extranjera y que la propia intervención vaya a producir más derramamientos de sangre y más sufrimiento al propio pueblo venezolano, que es el que realmente debería levantarse y acabar con la dictadura que hasta hoy mismo había ensalzado a un personaje circense como Maduro. La futura situación del país parece ser muy compleja de descifrar. Trump ha declarado frente a la prensa que «Vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición segura, apropiada y juiciosa» o «Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras de los Estados Unidos entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy dañada y comiencen a ganar dinero para el país». Sea como fuere Hispanoamérica tardará en salir de este embrollo, donde sus países no pueden y no son dejados prosperar.

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