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La fuga de cerebros, otro mecanismo para debilitar a España

Cuando estalló la crisis del 2008 el término “fuga de cerebros” empezó a cobrar relevancia. Este es usado para denotar a todos los especialistas españoles, incluyendo aquí personas con formación altamente cualificadas, que tienen que abandonar el país para poder seguir su carrera o buscar estabilidad laboral dentro de su campo. Siempre sonaba como una cosa ajena a mí hasta que, hace año y poco, tuve que mudarme a Noruega para poder seguir mis estudios. Y esta es la triste realidad de miles de especialistas españoles. Nos vemos obligados a deambular por países encadenando contratos temporales para seguir en nuestro campo de especialidad mientras tratamos de conseguir becas que nos permitan volver a España y conseguir una posición fija. Por desgracia, conseguir esto es la excepción, siendo la norma el abandono de la especialidad y/o el paso al sector privado.

Al trabajar en el extranjero te chocas con una realidad que pensabas contraria. La educación española, con sus pros y sus contras, es altamente competente en el mundo entero. Desde el instituto estuve escuchando mensajes de que no somos buenos, de que la gente de Alemania, Bélgica, Inglaterra, entre otros, de los países ricos de Europa, es mucho más competente que nosotros. Y que, por esto, esos países se encontraban en una mejor situación que España. ¿Cómo íbamos a competir con los estudiantes o especialistas de dichos países? Pero la verdad no puede ser más distinta. Los profesionales formados en España poseen una alta cualificación y calidad que nada tiene que envidiar al resto del continente. Por lo tanto, entiendes que el problema es que una parte muy importante del beneficio producido por la especialización de los españoles no lo obtiene España, sino países extranjeros.

El término «fuga de cerebros» es una forma afable para esconder la expoliación de recursos a los países dependientes en forma de especialistas. En España miles de profesionales son educados mediante el sistema público, pero cuando llegan a la etapa de producción, al punto en el que realmente pueden aportar al país, muchos de ellos se ven obligados a emigrar al norte de

Europa. Un estudio hecho en 2019 por CEPS llamado EU mobile workers muestra que entre 2007 y 2017 Italia, España y Grecia eran los mayores afectados, es decir, los que más especialistas exportan. Sin embargo, Alemania y Reino Unido son los mayores beneficiados, pues son los que más importan.

Mediante esta dinámica, los países dependientes se dedican a crear, invirtiendo gran cantidad de recursos, personal altamente cualificado. Sin embargo, este personal acaba produciendo en otro país, creando riqueza para este mientras el país de origen sigue en detrimento, pues no se ve beneficiado mientras sigue invirtiendo. Esta tendencia es una expresión más de las relaciones de poder en Europa en particular y en el mundo en general. Mientras un puñado de países dominantes siguen aumentando su riqueza, la mayoría restante, dependiente, se empobrece.

La fuga de cerebros es fatal para los países que la sufren, pues los deja sin sus propios especialistas, sin sus propios recursos.

El hecho de que España u otros no puedan retener a sus especialistas viene dado por la falta de inversión, producida por la escasez de industria pública, en investigación y desarrollo de producción propia. Esto hace que las plazas fijas públicas sean prácticamente nulas. Aunque los gobiernos que se suceden quieran hacer ver que trabajarán por revertir la situación, esto no es posible sin hablar de reindustrialización y soberanía. Los países que dependen del turismo y tienen poca o nula industria nunca podrán desarrollar el tejido económico necesario para fortalecer la investigación científica. Y esto va íntimamente ligado a la soberanía de estos países, pues están atados de pies y manos por la Unión Europea, condenándolos a vivir del sector servicios, en la miseria y la total dependencia. Los especialistas en un país son una pieza fundamental para que este se modernice y sea autosuficiente e independiente. Por ende, son imprescindibles para que un país pueda ser soberano.

Miles de científicos como yo queremos trabajar en España, para retornar lo que se nos ha dado, contribuir al progreso del país en el mejor de sus sentidos y educar generaciones futuras para que hagan lo mismo. Crear una alta ciencia española al servicio del pueblo. Porque no hay nada más triste que querer trabajar para tu país, para tu gente, y no poder hacerlo mientras países ajenos a ti se lucran de tu trabajo.

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