24 de febrero de 2026

La muerte de Quentin Deranque y la bajeza moral e intelectual del mundo antifa

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El 14 de febrero murió en un hospital de Lyon Quentin Deranque, un joven de 23 años que carecía de antecedentes penales. Dos días antes había recibido una paliza por parte de un grupo de antifas durante un enfrentamiento.

Los hechos tuvieron lugar cuando el colectivo femenino Némesis – conocido por denunciar la islamización y la inseguridad patente en Francia ligada a la inmigración masiva –  organizó una manifestación contra una conferencia de Rima Hassan, miembro del partido La Francia Insumisa. Quentin Deranque formaba parte de los encargados de velar por la seguridad de los manifestantes. Ese día se produjo un enfrentamiento entre ambos grupos que tuvo como resultado la muerte del joven francés.

Por parte de muchos medios afines a los verdugos de Quentin, se ha justificado su muerte en base a su ideología tradicionalista y monárquica, que no fascista, como muchos afirman obviando las diferencias existentes entre ambas corrientes de pensamiento. Es mas, su muerte se ha celebrado como una victoria sobre el fascismo, algo de lo que un verdadero antifascista se deberia sentir orgulloso. Pero la realidad dista mucho sobre cómo estos grupúsculos conciben la realidad. 

La caracterización de la sociedad que realizan los antifas es errónea, ya que ven un fascismo acechante, omnipresente y todopoderoso. En realidad vivimos en una sociedad capitalista de consumo que establece su dominación por medio de la alienación y no por medio de la violencia. El fascismo en nuestro momento histórico es inexistente, residual a lo sumo, e innecesario para el poder, puesto que no existe un movimiento revolucionario fuerte frente al cual surgió históricamente el fascismo. Por lo tanto, en su ausencia, no se puede dar el antifascismo. Por esta razón debemos separar el antifascismo histórico, consecuente y necesario con el pseudo antifascismo actual que se limita a seguir las modas de turno originadas principalmente en universidades estadounidenses. 

¿Por qué es trágica la muerte de Quentin? Es trágica porque las sociedades europeas viven una polarización artificial que permite justificar su muerte como algo bueno y necesario. Quentin Deranque ha sido deshumanizado, y sería igualmente trágico si hubiese sido un militante antifa, que engañado, ha echado su vida a perder. 

Además, sus verdugos y los que justifican y aplauden su muerte, en ningún momento tienen intención de dialogar, convencer o siquiera debatir con el contrario. Pier Paolo Passolini escribió algo al respecto que es muy oportuno recordar en este momento. En un artículo de 1974 titulado El verdadero fascismo y por tanto el verdadero anti-fascismo expresó lo siguiente:

«En realidad nos hemos comportado con los fascistas (hablo solamente de los jóvenes) de manera racista: apresurada y despiadadamente hemos querido creer que ellos estaban predestinados racialmente a ser fascistas y, frente a esta decisión de su destino, no había nada que hacer. Y no nos engañemos: todos sabíamos, en nuestra verdadera conciencia, que cuando uno de aquellos jóvenes decidía ser fascista, ello era puramente casual, no era más que un gesto, inmotivado e irracional; hubiera bastado quizá una sola palabra para que ello no sucediese. Pero ninguno de nosotros nunca habló con ellos o a ellos. Los hemos rápidamente aceptado como representantes inevitables del Mal. Y quizás eran adolescentes y adolescentes de dieciocho años, que no sabían nada de nada, y que se habían arrojado de cabeza en la horrenda aventura por simple desesperación.

Pero no podíamos distinguirlos de los otros (no digo de los otros extremistas: sino de todos los otros). Y esta es nuestra espantosa justificación». 

El perfil ideológico de Quentin es fácilmente ubicable en esa multitud de jóvenes europeos huérfanos por parte de la política hegemónica ya sea de izquierda o derecha – que en esencia defienden lo mismo – que ha abandonado a los trabajadores frente al cosmopolitismo capitalista, más conocido como globalización. Estos jóvenes reaccionan ante la disolución de su patria, a la degradación de la vida, a la desaparición de los vínculos colectivos que posee la sociedad para hacer frente a este proceso decadente e individualista de consumo transgresor que diría Michel Clouscard. Los partidos tradicionalmente revolucionarios que han adoptado las ideas hegemónicas y que han abandonado ideas como el patriotismo y la defensa de los trabajadores tienen una gran responsabilidad en todo esto.  Pero no hay autocrítica. 

¿Y a que se dedican los verdugos de Quentin? a confrontar directamente de forma violenta, sin mediar diálogo en un contexto de paz social, ignorando el trabajo de agitación y concienciación, agudizando más la polarización orquestada por las élites. Lo mismo ocurre con sus antagonistas habituales. Pero curiosamente, estos izquierdistas jamás confrontan con organizaciones abiertamente islamistas que son una amenaza social real y se han cobrado numerosas vidas en Francia.  

Todo el mundo antifa se autodenomina «revolucionario» y ve la realidad de manera distorsionada. Ignoran el proceder de muchos revolucionarios históricos que detestaban la violencia gratuita. Ernesto Guevara, en su obra La guerra de guerrillas, hablando en un contexto de conflicto armado, inexistente en la Francia actual, habla de que tras la implacabilidad en el ataque, el guerrillero revolucionario debe mostrar «una clemencia lo más absoluta posible con los soldados que van a combatir cumpliendo, o creyendo cumplir, su deber militar», demostrando una superioridad moral real. 

La muerte de Quentin y su celebración solo habla de la bajeza moral y la incapacidad intelectual de un movimiento ideológico producto del pensamiento hegemónico de las élites gobernantes, que, lo quieran o no, es totalmente funcional al poder.