El régimen islámico de Irán se tambalea
La historia de Irán y de la mujer que se enfrentó a Jomeini
Este 2026 ha empezado en el plano internacional, de forma sorpresiva, con mucha fuerza. Hace unos días EE. UU inició una operación en Venezuela, secuestrando a Maduro y Cilia Flores, dejando a Delcy Rodríguez como la principal líder en el país Hispanoamericano y con dudas sobre el futuro del régimen. Paralelamente a estos sucesos en Irán comenzaban a finales de 2025, una serie de protestas relacionadas con la caída del rial, el malestar económico y social y contra el régimen teocrático de los ayatolás, que lleva existiendo desde 1979. Con la visibilidad internacional, que poco a poco han ido teniendo las protestas, se han conformado rápidamente dos bandos, los que defienden el régimen teocrático del país y los que defienden que EE. UU e Israel capitalicen las legítimas reivindicaciones ciudadanas y faciliten la llegada al poder del hijo del antiguo Sha, Reza Pahlaví. Cualquiera de estas dos opciones supondría no permitir a la población iraní elegir su futuro político, pese a que difícilmente podemos imaginar un peor régimen político que el actual.
Para poder entender el carácter del régimen iraní actual debemos retrotraernos hasta antes de 1979, cuando gobernaba el Sha Mohammad Reza Pahlaví. Los Sha habían llegado al poder en 1941. La posición geopolítica de Irán fue de un segundo plano para Occidente hasta que Mohammad Mosaddeq ocupó el cargo de primer ministro y nacionalizó el petróleo (1951-1953), uno de los motivos por los que fue depuesto, en gran parte por las presiones de Washington. A partir de estos sucesos EE. UU siguió de cerca el régimen iraní, destacando la relación entre ambos, pese a que existía un gran descontento dentro del país por la situación política, económica y social. La oposición al régimen era muy heterogénea, destacando las guerrillas Feda’iyan-e Khalq (Fedayines del Pueblo) y Mojahedin-e Khalq (Mujaidines del Pueblo), el Partido Tudeh, grupos nacionalistas o el futro líder islámico, el ayatolá Jomeini, que ya era bastante conocido en el plano internacional. La llegada de Carter a la Casa Blanca tampoco ayudó a la estabilidad del Sha, acusado de ser una figura autoritaria. Para ganar apoyos internacionales decidió hacer numerosos actos, uno de ellos con el propio Carter. Durante el banquete con el dirigente norteamericano se le vio consumiendo alcohol pese a ser musulmán, algo que causó gran revuelo en el país.
En 1978 se generalizaron una serie de protestas contra el régimen debido a su brutalidad y represión. Por su parte, la población musulmana más radical obligó a las autoridades a cerrar los centros recreativos de la ciudad de Tabriz, entre los que se incluían cines y clubes sociales, por representar la decadencia occidental. Ante esta situación el Sha anunció que el 5 de agosto del siguiente año tendrían lugar las primeras elecciones legislativas libres, en las que podrían participar todas las formaciones políticas. Las concesiones que hacía el gobierno, especialmente el primer ministro Emami, debilitaban cada vez más a la monarquía. Pese a ello se formó un gobierno militar y se decretó la ley marcial para paliar las protestas. Frente a esta situación EE. UU y la CIA veían una salida política muy inestable, con el miedo a una intervención de la URSS en la zona. Jomeini y el Frente Nacional convocaron numerosas huelgas generales para presionar al Sha y provocar su caída, acelerada cuando todos los grupos de la oposición nombraron a Jomeini como el líder de la revolución, que según iban desarrollándose los acontecimientos tenía un carácter islamista. Ante la incapacidad de crear un gobierno que contentase a la oposición Jomeini decidió viajar desde su exilio al país y hacerse con el poder. La poca estabilidad de la monarquía terminó por derrumbarse ante la huida masiva del gobierno, refrendado tras el 1 de abril, donde quedó oficialmente constituido el nuevo régimen político tras un referéndum.
Lejos de mejorar, la situación de Irán con los ayatolás se mantuvo, e incluso en algunos aspectos como las libertades individuales, y especialmente el papel de las mujeres, empeoraron. Bajo la sharía el régimen de los ayatolás penó a las mujeres por adulterio, lapidándolas o encarcelándolas. Una de las mayores representaciones gráficas del papel de la mujer en el país quedó demostrada tras la entrevista de Jomeini con Oriana Fallaci, donde la atrevida periodista italiana le hizo numerosas preguntas sobre la libertad de expresión, el papel de las mujeres en Irán y el motivo por el que debían ir cubiertas. La conversación fue publicada en el New York Times el 7 de octubre de 1979, y me ha parecido conveniente reproducir una parte de la misma:
FALLACI: Por favor, Imam, hay muchas cosas que todavía quiero preguntarle. Por ejemplo, este chador que me hicieron poner para venir a verle, y en el que usted insiste que todas las mujeres deben llevar. Dígame, ¿por qué las obliga a esconderse, todas envueltas en estas prendas incómodas y absurdas, que dificultan el trabajo y el movimiento? Y, sin embargo, incluso aquí, las mujeres han demostrado ser iguales a los hombres. Lucharon igual que los hombres, fueron encarceladas y torturadas. Ellas también ayudaron a hacer la revolución.
JOMEINI: Las mujeres que contribuyeron a la revolución eran, y son, mujeres con el vestido islámico, no mujeres elegantes y maquilladas como usted, que van por ahí todas descubiertas, arrastrando tras de sí una cola de hombres. Las coquetas que se maquillan y salen a la calle presumiendo de sus cuellos, su pelo, sus formas, no lucharon contra el Sha. Nunca hicieron nada bueno, esas no. No saben ser útiles, ni social, ni política, ni profesionalmente. Y esto es así porque, al descubrirse, distraen a los hombres y los perturban. Luego distraen y perturban incluso a otras…
FALLACI: Eso no es verdad, Imam. En cualquier caso, no solo hablo de una prenda de vestir, sino de lo que representa. Es decir, la condición de segregación a la que las mujeres han sido relegadas de nuevo tras la revolución. El hecho de que no puedan estudiar en la universidad con hombres, o trabajar con hombres, por ejemplo, o ir a la playa o a una piscina con hombres. Tienen que bañarse aparte, con sus chadores. Por cierto, ¿cómo se nada con un chador?
JOMEINI: Esto no es asunto suyo. Nuestras costumbres no son asunto suyo. Si no le gusta el vestido islámico, no está obligada a llevarlo. Porque el vestido islámico es para las mujeres jóvenes buenas y decentes.
FALLACI: Eso es muy amable de su parte, Imam. Y ya que lo dice, me voy a quitar este trapo estúpido y medieval ahora mismo. Ya está. Hecho. Pero dígame algo. Una mujer como yo, que siempre ha vivido entre hombres, mostrando su cuello, su pelo, sus orejas, que ha estado en la guerra y dormido en primera línea en el campo entre soldados, según usted, ¿es una mujer inmoral, atrevida e indecente?
JOMEINI: Su conciencia conoce la respuesta. Yo no juzgo asuntos personales, no puedo saber si su vida es moral o inmoral, si se comportó adecuadamente o no con los soldados en el frente. Pero sí sé que, durante mi larga vida, siempre he tenido razón en lo que dije. Si esta prenda no existiera —el vestido islámico— las mujeres no podrían trabajar de forma útil y saludable. Y tampoco los hombres. Nuestras leyes son leyes válidas.
Ante esto, la periodista mantuvo una fuerte y tensa discusión con el ayatolá, llegando a quitarse el chador, provocando la furia de Jomeini, quien abandonó la entrevista visiblemente cabreado y escenificando una de las entrevistas más importantes e interesantes realizadas a un líder religioso musulmán.
Volviendo al régimen actual, la represión tampoco fue ni ha sido menor durante el gobierno teocrático. En 1988 se produjeron miles de ejecuciones extrajudiciales a presos políticos de todo tipo. A día de hoy sigue negándose por gran parte de los gobernantes iraníes. Junto a estas ejecuciones la policía de la moral ha tenido el respaldo del gobierno teocrático para poder perseguir, condenar e incluso matar a mujeres por no respetar las leyes islámicas.
En los últimos años también se han dado casos de represión. Por ejemplo, en 2022 Mahsa Amini murió bajo custodia tras ser detenida por no llevar hiyab, el régimen habló de un “infarto”. En las posteriores manifestaciones por esta muerte se produjeron detenciones, tanto de hombres como mujeres, que fueron violados y torturados por el régimen. Casos como estos se han seguido sucediendo continuamente, como son los casos de las sentencias a muerte de Zahra Seddiqi y Elham Choubdar por defender la libertad sexual en Irán. Se les acusó de promover la homosexualidad, el cristianismo y la oposición a la República Islámica. En 2023 Armita Garawand, una joven de tan solo 16, se cruzó con un agente en el metro. El único “delito” que había cometido esta niña cuando un agente la increpó en el metro era no llevar velo, por lo que fue golpeada y, tras un mes en coma, murió en el hospital. El régimen afirma que se “desmayó” y se golpeó la cabeza por una “bajada de tensión”.
En los últimos días y tras las protestas en el país se han acentuado las tensiones entre la población y el gobierno. Durante las protestas se ha detenido a varios cientos de manifestantes y se asegura que varios cientos de personas han fallecido. El número total es difícil de estimar, pues se ha cortado el internet en el país, pero los videos que cualquier usuario puede ver en las redes sociales dan cuenta de la magnitud y de la multitud presente en las protestas.
Denunciar los crímenes del gobierno teocrático de los ayatolás no convierten a uno en siervo de Israel, sionista o defensor de EE. UU, pues ninguno defiende la soberanía que merecen los propios iraníes, y en caso de conseguir hegemonizar las protestas intentarán crear de Irán un estado satélite, favorable a sus intereses. Las protestas han surgido de una forma popular ante un régimen que lleva casi 50 años y que no ha solucionado los problemas de la población que ya existían durante la monarquía de los Sha, únicamente los ha profundizado. El carácter masivo de las propias protestas y la heterogeneidad de los que han apoyado las protestas, entre ellos los comunistas del partido Tudeh, nos pueden dar una idea de que gran parte del pueblo iraní quiere decidir su futuro al margen de un ayatolá, un Sha u otras potencias extranjeras.