En las últimas décadas, la inmigración procedente del norte de África ha adquirido un peso creciente en varios países de Europa occidental. Este fenómeno ha ido acompañado de desafíos en materia de integración social, convivencia y cohesión, especialmente en determinados entornos urbanos. En España, distintas fuentes policiales y judiciales han señalado cambios en la composición de la delincuencia. Datos difundidos en 2026 indican que, en un día analizado, 527 de los 1.033 detenidos en el conjunto del territorio nacional eran extranjeros (51,02%), una proporción que, según fuentes policiales, se repite con frecuencia.
Aunque países como Francia o Suecia han documentado dificultades en procesos de integración en determinados contextos, España también presenta dinámicas relevantes. Cataluña destaca como una de las comunidades con mayor presencia de población extranjera y mayor diversidad de orígenes. Para comprender esta evolución, es necesario remontarse a mediados de los años noventa, momento en el que se produjeron cambios políticos y sociales significativos. En la actualidad, Cataluña figura entre las regiones con mayor proporción de detenidos extranjeros, alcanzando en algunos registros cifras cercanas al 70% en determinados días.
Uno de los nombres clave es el de Àngel Colom. Su trayectoria permite contextualizar parte de la evolución migratoria en Cataluña desde una perspectiva política. Àngel Colom fue un dirigente independentista vinculado a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), donde ejerció como secretario general. Durante su etapa, el partido reforzó su posicionamiento soberanista y se distanció de otras corrientes del catalanismo. En 1996, tras discrepancias internas, Colom y Pilar Rahola abandonaron ERC y fundaron el Partit per la Independència (PI), que tuvo una trayectoria limitada.
Posteriormente, Colom se incorporó a Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), formación liderada por Jordi Pujol. En este contexto, participó en la Fundació Nous Catalans, una entidad vinculada al entorno de CDC orientada a la integración de población inmigrante en la sociedad catalana. Durante los años siguientes, esta fundación impulsó programas de mediación, formación lingüística y participación social dirigidos a población extranjera, especialmente en áreas urbanas con alta densidad migratoria.
Colom defendía que la integración de la inmigración debía realizarse en torno a la lengua y cultura catalanas. En diversas intervenciones públicas, subrayó la importancia de que los nuevos residentes adoptaran el catalán como lengua de uso habitual y se vincularan a la identidad cultural catalana.
En 1995, impulsó la creación de la Fundació Nous Catalans con el objetivo de facilitar la incorporación de la población inmigrante a la sociedad catalana. En este marco, se desarrollaron iniciativas como cursos de lengua catalana, actividades comunitarias y contactos con asociaciones religiosas y culturales. Estas acciones se llevaron a cabo en barrios con elevada presencia de población inmigrante, incluyendo comunidades de origen marroquí.
Estas ideas se produjeron en un contexto más amplio de preocupación por la evolución demográfica en Cataluña. Jordi Pujol expresó en diversas ocasiones su interés por preservar la identidad cultural catalana en un entorno de creciente diversidad. En ese debate también se abordó el impacto de distintos flujos migratorios en el uso de la lengua y en la cohesión social.
La llegada de población procedente de América Latina en los años noventa introdujo un nuevo elemento en este escenario, dado que el uso del castellano como lengua común podía influir en los procesos de integración lingüística. En 2003, la Generalitat abrió una delegación en Casablanca, dirigida por Colom, con el objetivo de fortalecer relaciones institucionales y facilitar canales de movilidad laboral. Durante las décadas siguientes, Marruecos se consolidó como el principal país de origen de la inmigración en Cataluña. Este proceso ha contribuido a una transformación significativa de la estructura demográfica de la comunidad.
En la actualidad, la inmigración de tradición musulmana representa un componente relevante de la población en Cataluña. Este fenómeno plantea retos en ámbitos como la integración social, el acceso al empleo y la convivencia en entornos urbanos densos. En España, aproximadamente uno de cada tres internos en centros penitenciarios es extranjero, mientras que en Cataluña esta proporción supera el 50%.
El modelo de integración impulsado en su momento buscaba fomentar la incorporación de la población inmigrante a la cultura catalana. Sin embargo, la evolución posterior muestra la coexistencia de múltiples identidades culturales, religiosas y lingüísticas. Asimismo, informes policiales han señalado la incidencia de fenómenos como la multirreincidencia en delitos contra el patrimonio en grandes áreas urbanas, con presencia significativa de personas extranjeras entre los implicados.
Según el Observatorio Andalusí, vinculado a la Comisión Islámica de España, en 2023 residían en Cataluña unas 617.500 personas de tradición musulmana, lo que representa alrededor del 8,1 % de la población total. Estos datos sitúan a Cataluña como la comunidad autónoma con mayor población musulmana del país, reflejando un proceso demográfico sostenido en el tiempo.