El pasado 12 de marzo, sobre las 9:00 de la mañana, tres jóvenes caminaban por la calle Calanda, en Zaragoza. Notaron que un hombre las seguía mientras hacía gestos obscenos dirigidos a ellas. Sin previo aviso, al pasar a su altura, les escupió en la cara.
Indignadas, le recriminaron el acto. En respuesta, el agresor reaccionó con violencia. Comenzó a golpear y patear a las tres chicas. Una de ellas sufrió la fractura de una falange. Otra recibió lesiones en la cara que le impiden abrir bien la mandíbula. Las tres presentaron contusiones por todo el cuerpo.
A pesar de estar rodeadas de transeúntes, nadie intervino. Ellas mismas llamaron a la Policía y siguieron al agresor para que no escapara. Una patrulla de la Policía Nacional acudió al lugar y lo identificó, aunque no lo detuvo en ese momento.
Poco después, las víctimas presentaron una denuncia y aportaron los partes médicos. Fue entonces cuando se descubrió que el individuo, un argelino de 40 años, tenía antecedentes por una agresión similar meses atrás.
Gracias a esta información, la policía pudo imputarle un delito de odio, otro de lesiones, uno de lesiones leves y uno más contra la integridad moral. El 19 de marzo, una semana después del ataque, se produjo su detención.
Las jóvenes declararon a la prensa: «Lo peor no fue solo la agresión, sino que nadie nos ayudó».