sábado, mayo 25, 2024

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Por desgracia, vivimos en una época demasiado...

Cuatro décadas de guerra en Birmania

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El 1 de febrero de 2021 unidades mecanizadas del ejército Birmano inundaban las avenidas principales de las capitales políticas y económicas de Myanmar deteniendo a todas las figuras políticas de la oposición, impidiendo que la nueva asamblea legislativa tomase posesión. Los militares acusaban de manipulación de resultados a la Liga Nacional por la Democracia, en ese momento liderada por Aung San Suu Kyi, la cual fue apresada.

 

¿Qué llevó a esta situación? Desde su descolonización en 1948 por parte de los británicos, Myanmar ha sido testigo de constantes golpes de estado y pugnas de poder internas, no solo entre los poderes civiles y militares, sino también entre los 135 grupos étnicos que componen su geografía.

 

El conflicto actual empieza a gestarse en 1988, en el llamado levantamiento 8888. Con el objetivo de derrocar a la dictadura que llevaba décadas asolando el país y acabar con el aislacionismo, cientos de estudiantes salieron a protestar y la población Birmana les siguió.

 

Desde el 8 de agosto hasta el 18 de septiembre hubo constantes refriegas entre los protestantes y los militares, acabando con una cifra oficial de 350 protestantes muertos, aunque se estima que las cifras podrían llegar a varios miles.

 

En este contexto surge la Liga Nacional para la Democracia, liderada por Aung San Suu Kyi, hija del notorio general Aung San. Esta coalición ganaría en las elecciones que convocaría la junta militar en 1990, pero el descontento de los militares con estos resultados les llevó a condenar a 15 años de arresto domiciliario a Aung San Suu Kyi y anular los resultados. La liga Nacional para la Democracia recaudaría gran número de apoyos entre la incipiente clase media birmana, el sector estudiantil y la iglesia budista.

 

En 2007 comienzan una serie de protestas liderada por monjes budistas en contra de la represión de los militares y a favor de la democracia. El gobierno persiguió a todos los cabecillas alegando que se podría tratar de otro levantamiento como el de 1988. Este evento llevó a la Junta a prometer una nueva constitución, la cual sería aprobada el 15 de mayo de 2008, tras un referéndum fraudulento. Esta constitución salvaguardaba el poder de los militares sobre el gobierno ya que por ley deberían ocupar como mínimo el 25% de los escaños en el parlamento y prohibía a cualquier persona que tuviese familiares extranjeros llegar a presidir, por lo que Aung San Suu Kyi se quedaba fuera de juego.

 

En 2010 salieron las nuevas leyes electorales, que obligaban a todos los partidos a volver a inscribirse y prohibieron la participación de ex-presos en los partidos políticos, de esta manera obligaron a la Liga por la Democracia a asumir la clandestinidad.

 

Durante la decada del 2010 se recrudeció la lucha contra los distintos grupos étnicos, provocando oleadas de desplazamientos internos, masacres y violaciones indiscriminadas, llegando a crear batallones de violación que tenían como objetivo provocar tal terror en las mujeres y niñas de los distintos grupos etnicos, que inevitablemente tuvieran que partir a los paises perifericos.

 

Durante todo este periodo la juventud cercana a la Liga Nacional para la Democracia empezó a establecer vinculos con los distintos grupos paramilitares, y se empezaron a plantear distintas maneras de luchar contra el régimen. En 2015, la Junta vuelve a convocar elecciones y esta vez sí dejan que se presente la Liga Nacional para la Democracia, la cual arrasaría con el Partido Unión Solidaridad y Desarrollo (USDP).

 

Durante el gobierno del LND se recrudeció la tensión hacia la minoría rohingya, de religión musulmana. El ejercito y la policia birmana, con el apoyo de la población budista, empezaron una campaña de acoso, asesinato y violación de todos los rohinya. Por si fuera poco el LND también les retiró el derecho al voto. La respuesta musulmana fue la creación del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán (ARSA), que empezaría a desarrollar una campaña guerrillera contra el estado birmano.

 

Este genocidio es solo una manifestación de otro de los ejes del conflicto interno Birmano, el étnico-religioso. En Myanmar siempre a dominado la etnia Bamar, que representa un 68% de la población, en su mayoría budista por lo que casi todas las instituciones políticas y económicas están controladas por ellos, discriminando de manera sistemática a otras etnias como los Rohingya, los Kachin, los Chin y los Karen, siendo estas tres últimas cristianas. 

 

Esta discriminación sobre la cultura y religión de las más de 135 etnias que habitan el país ha llevado a muchas de ellas a las armas, creando milicias que juegan un papel esencial en el entendimiento de las dinamicas nacionales y regionales. Estas milicias utilizan el tráfico de drogas y el de personas para financiarse, además permitir a militares chinos establecer estructuras criminales y casinos clandestinos. 

 

En 2020 se convocan otras elecciones en las cuales vuelve a arrasar el LND. La Junta esperó un año pensando que después de la pandemia su apoyo estaría debilitado, pero nada más lejos de la realidad. Los cuadros del LND llevaban años en contacto y construyendo vínculos con las milicias del país lo que les permitió formar sus propias unidades y terminar por construir las Fuerzas de Defensa Popular(PDF)

 

A día de hoy las milicias controlan gran parte de la periferia y muchas de las arterias principales del país y la Junta cada vez tiene más problemas para reclutar y encontrar apoyos externos. Sus apoyos en términos militares son principalmente China, Rusia y Corea del Norte, y a cambio la Junta permite la explotación y extracción de tierras raras y minerales preciosos como el jade.

Aunque también debemos explicar que China lleva años jugando a los dos bandos, ya que el LND siempre ha mantenido muy buenas relaciones con Pekín y lo que le interesa a China es una Myanmar relativamente estable que pueda utilizar como puerto logístico y de esta manera no tener que pasar por el nido de piratas que es el estrecho de Malaca. Las milicias étnicas también reciben muchas veces fondos y armas de China con tal de permitir la creación de casinos y resorts para la élite política china, así como centrales telefónicas desde donde se estafa a ciudadanos chinos.

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