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¿Fraude en la ciencia o la ciencia del fraude?

¡Extra!¡Extra! Un científico comete fraude…¡otra vez!

Un nuevo fraude ha salido a la luz. Este último caso es además de especial relevancia al tratarse de uno de los galardonados con el premio Nobel de Medicina en 2019. Se trata del médico y profesor de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos,  Gregg L. Semenza

Un nuevo artículo de este “científico” publicado en el Journal of Molecular Cancer Studies, una prestigiosa revista científica, acaba de ser retractado recientemente. Con este, el profesor Semenza acumula ya diez artículos retractados de un total de cincuenta que siguen bajo sospecha. Casi un tercio de toda su trayectoria académica. Esto, junto a la retirada voluntaria de otros cuatro artículos a principios de septiembre pone una vez más en el foco el fraude científico.

El profesor Semenza, si bien puede ser uno de los casos más lamentables por ser uno de los pocos galardonados con un premio Nobel, no es el único, sino que se suma a una larga lista de científicos que en los últimos años han cometido algún tipo de fraude, en su último caso relacionado con figuras y datos manipulados en sus estudios.

Este tipo de escándalos suelen darse desgraciadamente de forma periódica dentro del mundo de la ciencia, donde causa rechazo y estupor entre la comunidad científica para poco después pasar al olvido. No hace tanto tuvimos el último capítulo de la vergüenza en la historia de la ciencia española del químico Rafael Luque implicado en la presunta compraventa de artículos científicos.

Luque, que figuraba en los mejores rankings internacionales gracias a su gran cantidad de artículos publicados en revistas de gran prestigio, figuraba como autor de estudios realizados por una universidad saudí. Si bien fue suspendido de empleo y sueldo por 13 años no ha sido por el fraude cometido, sino por la ley de incompatibilidad del funcionariado que impide que trabaje para otra universidad que en la que servía como funcionario.

Uno de los casos de presunto fraude en España más sonados fue el de la bióloga Susana González, que ha sufrido la retirada de numerosos artículos al no poder proporcionar los datos originales que los sustentaban y en consecuencia no poder demostrar los resultados publicados entre otros motivos. Esta investigadora fue despedida de su puesto en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). Otros casos fueron los del bioquímico Carlos López Otín que se retractó de ocho artículos por supuestos problemas en las figuras que contenían, el del odontólogo José Luis Calvo Guirado que se retractó de hasta 18 artículos.

El éxito o no de la carrera de un científico, más allá de ciertas excepciones, se basa más en el número de artículos publicados y dónde se publiquen que en su capacidad intelectual o investigadora. Cuando un científico, pongamos en una universidad española, completa una investigación, o tiene suficiente material, redacta un artículo que enviará a una revista científica. Esta revista debe ser cuidadosamente elegida ya que no todas tienen el mismo índice de impacto (una métrica basada en el número de artículos y de citas que recibe una revista cada año). ¿Y qué importa dónde se publique? Bien, nuestro científico puede recibir unas bonificaciones económicas a su sueldo llamadas sexenios si publica ciertos artículos en ciertas revistas. En función del campo en que trabaje, este tendrá una serie de requisitos específicos, como publicar en revistas de alta categoría. No importa otra cosa que la categoría de la revista, que a menudo son privadas y están todas controladas por un par de editoriales, da igual el tipo de investigación. Esto favorece la cantidad antes que la calidad, ya que si el científico no publica esos cinco artículos que hemos puesto de ejemplo no ganará un sexenio. De esta forma muchas veces se producen ciertos actos que van desde la picaresca de trocear un artículo en varios hasta la compra de artículos.

Esto no ocurre solo al nivel de investigadores con plaza fija, que bien podrían prescindir de esos sexenios o que realmente no les costaría mucho cumplir teniendo un grupo de investigación medianamente operativo. También a niveles más bajos, donde estudiantes se juegan becas o los primeros contratos de investigación tanto pre- como posdoctorales. Esta filosofía del publicar o perecer (del inglés publish or perish) no hace más que introducir la ciencia al estándar capitalista de producto de consumo. Se produce en serie, muchas veces artículos de muy escaso valor y repetitivos, de ahí al fraude hay una delgada línea. La producción científica poco se distingue hoy de una cadena de comida rápida.

Es a Newton a quien se le atribuye  la frase de «Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano». Esta frase se aplica en su contexto original en referencia al conocimiento que tiene el hombre sobre la realidad y el que aún desconoce. Pero esta frase también nos permitiremos usarla en referencia a la marea de plagios que vienen siendo denunciados últimamente en el ámbito científico. Y es que mientras que salen a la palestra los casos más flagrantes o esperpénticos existe un gran número de artículos científicos que nadie revisará y “han colado”.

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