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El infierno de los repartidores de Amazon

La gestión por subcontratas, las jornadas interminables, multas y las rutas de reparto imposibles asfixian a los trabajadores de reparto del gigante Amazon.

«Cada año estamos peor». Así responde un trabajador de una de las subcontratas del gigante del comercio electrónico tras preguntarle por su situación laboral. Según cuenta este empleado, las jornadas superan habitualmente las ocho horas, llegando en algunos casos a prolongarse hasta las 11 horas. La hora habitual de entrada es a las 10:00 de la mañana; sin embargo la aplicación de Amazon para repartidores, «Amazon: Flex» empieza a contabilizar en el momento en el que los repartidores cargan la furgoneta con los paquetes que repartirán durante ese día. El horario de carga varía y se reparte en grupos: unos cargan a las 10:30, otros a las 10:45 y así sucesivamente. Si la plantilla es larga en un territorio concreto, hay trabajadores que pueden llegar a cargar una hora y media más tarde desde su llegada al puesto de trabajo. Para la empresa, esa hora y media no computa, al igual que tampoco se tiene en cuenta el trayecto de vuelta o la descarga de la furgoneta, aunque durante estos procesos pueda pasar fácilmente otra hora más.

Las rutas salen generalmente con cargas de entre 100 y 150 paquetes, llegando a los 200 o más en temporadas altas, o como se les llama en la empresa, «peaks». Las rutas de reparto se dividen en paradas, y cada ruta tiene una media de entre 70 y 100 paradas en territorios pequeños,aunque en las grandes urbes superan las 100. En principio, cada parada debería representar una entrega; sin embargo, Amazon incluye varias entregas en una misma parada. Estas «multiparadas» habitualmente contienen entre 2 y 4 entregas, muchas veces en portales distintos en una misma calle, y se han dado numerosos casos de multiparadas que contienen hasta más de 5 entregas. Así, para terminar con las entregas en esa parada, un repartidor puede tardar una media de 20 minutos, más aún si el cliente no está en el domicilio y el repartidor tiene que llamarle por teléfono. 

Y es que la devolución de paquetes no es una opción: si un cliente no está en el domicilio, el repartidor debe de seguir un procedimiento de llamada y envío de mensaje de texto. Es muy habitual que el cliente no conteste a esa llamada o mensaje, teniendo el repartidor que marcar esta entrega como un «reintento», que se traduce en que cuando la ruta esté finalizada, el repartidor está obligado a volver a pasar por estos domicilios marcados como reintentos. Los fines de semana (los repartidores de Amazon trabajan también sábados, domingos y festivos) los reintentos se multiplican, y «tienes la sensación de que la ruta no se termina, que no avanzas y eso te genera una presión brutal» afirmaba así uno de los empleados al ser preguntado por la acumulación de estos reintentos. 

A los encargados o «dispatchers» de las empresas de subcontrata que gestionan las rutas de reparto se les presiona para que estos a su vez insistan a los repartidores a buscar alternativas de entrega a los clientes, teniendo en algunos casos que desplazarse a una ubicación concreta que el cliente les haya indicado, aunque esto suponga tener que salirse de la zona de ruta. Esto genera, en muchas ocasiones, que si el trabajador entró al puesto de trabajado a las 10:00, cargó la furgoneta a las 10:45 y finalizó la ruta a las 18:00 tenga después que estar hasta las 19.00 para poder realizar todas las entregas. A esto se suma el tiempo que pueda tardar en regresar a la nave y descargar. Es muy común que estos trabajadores finalicen su jornada a las 19:30, sobre todo los más novatos, que debido a su falta de experiencia pueden sentirse sobrepasados por la carga laboral y la presión constante.

Multas y penalizaciones

Ante la presión constante y la ansiedad por terminar las rutas, a diario, muchos repartidores se ven forzados a arriesgarse en las entregas. Al ver que el cliente no está en casa ni contesta a sus llamadas el repartidor se ve forzado a dejar el pedido en manos de un vecino, un local cercano al domicilio e incluso hasta debajo de los felpudos o los armarios de contadores. «Si no te arriesgas de vez en cuando, muchas veces es imposible terminar la ruta a cero». Estas irregularidades en muchas ocasiones no tienen efecto porque al cliente le llega el paquete igual, pero si el cliente reclama, Amazon notificará a la empresa de subcontrata, la cual penalizará con 30€ al repartidor, quién los verá descontados de sus incentivos de entrega en la próxima nómina, por cada reclamación.

Otro problema al que se enfrentan a diario los repartidores de Amazon es a las multas de tráfico. Las prisas para realizar rápidamente todas las entregas posibles hacen que estos trabajadores no puedan demorarse mucho tiempo en aparcar las furgonetas, y ante la falta de espacios de carga y descarga se verán forzados a dejar estacionado el vehículo donde buenamente puedan. En varias localidades la policía local ve un filón recaudatorio en estos repartidores y sin ningún tipo de remordimiento aplicarán la denuncia correspondiente sin tener en cuenta ni por un momento la terrible situación laboral del repartidor. Estas multas tienen un importe medio de 200€. Si un repartidor de Amazon cobra de media 1300€, es todo un calvario para ellos afrontar una multa de este tipo.

La trampa de la externalización

Amazon no es quien gestiona a los repartidores, pues estos están empleados por subcontratas que a su vez externalizan la contratación mediante ETT. Existen numerosos casos de trabajadores que siguen bajo régimen de ETT llegando a superar el año y medio, los cuales pueden ser no renovados en cualquier momento de la manera más improcedente sin recibir ningún tipo de compensación. Estos trabajadores en situación completamente irregular no disfrutan de vacaciones, y en caso de caer enfermos o de tener una baja de larga duración perderán el empleo en el momento de extinción del contrato. Las renovaciones suelen ser de entre 15 días y un mes. 

«Yo estuve trabajando durante seis meses, renovando cada quince días, después no me renovaron durante un mes para luego volver a llamarme, ya han pasado nueve meses desde aquello y aún no me han hecho fijo» afirmaba así un trabajador de la subcontrata DELCOM.

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