10 de abril de 2026

  La política española con respecto...

La generación que no puede irse de casa de sus padres

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En España el 67% de los jóvenes entre 18 y 34 años depende económicamente de su familia, ya sea porque sigue viviendo en casa o porque necesita ayuda para llegar a fin de mes, y esto no es una excepción puntual sino el reflejo de un problema de fondo que afecta a toda una generación que, aun trabajando o formándose, no logra acceder a una vivienda que le permita emanciparse.

Si se observa el conjunto de la Unión Europea, España no está sola, pero sí claramente en la parte alta de la tabla, solo por detrás de países como Croacia, Eslovaquia, Polonia, Italia o Grecia, que presentan cifras aún más elevadas, mientras que se sitúa por encima de otros como Portugal o Irlanda y muy lejos de la media europea, que ronda el 49%, lo que muestra que el problema aquí es más intenso que en la mayoría de países.

 

La comparación con el norte de Europa es todavía más reveladora, en países como Alemania, Países Bajos o Austria los niveles de dependencia ya bajan de forma clara, pero es en Dinamarca, Suecia o Finlandia donde la diferencia es abismal, con cifras en torno al 20% o incluso por debajo, lo que demuestra que no se trata de una cuestión cultural sino de condiciones materiales, ya que allí los jóvenes cuentan con salarios más altos, mayor estabilidad laboral y un acceso a la vivienda mucho más asequible.

El primero de los grandes obstáculos en España es el mercado laboral, donde la precariedad se ha normalizado hasta el punto de que tener trabajo ya no garantiza poder independizarse, con contratos fijos discontinuos o temporales, sueldos bajos y pocas perspectivas de estabilidad, lo que impide planificar un proyecto de vida y obliga a muchos jóvenes a seguir dependiendo de su familia aunque tengan ingresos propios.

A esto se suma el precio de la vivienda, que se ha convertido en la principal barrera, con alquileres que consumen una parte desproporcionada del salario y precios de compra totalmente alejados de la capacidad real de ahorro de la mayoría, especialmente en las grandes ciudades y zonas con más presión turística, lo que deja a muchos jóvenes sin alternativas reales para salir del hogar familiar.

Además, hay un problema más profundo relacionado con el modelo económico, que durante años ha apostado por la inmigración masiva procedentes de países del tercer mundo para sectores con bajos salarios y escasa estabilidad, limitando las oportunidades de progreso y dificultando que el esfuerzo de los españoles se traduzca en una mejora real de las condiciones de vida, algo que termina afectando especialmente a nuestros compatriotas que intentan empezar desde cero.

Todo esto tiene una consecuencia clara, cuando una generación no puede emanciparse en condiciones normales, la igualdad de oportunidades se resiente, porque el futuro deja de depender solo del trabajo o del mérito y pasa a depender cada vez más del apoyo familiar, creando una sociedad donde las diferencias de origen pesan más que el esfuerzo que cada trabajador realiza para ganarse el pan.