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La verdadera cara de la Superliga

El 2023 ha dado sus últimos coletazos en el plano deportivo y las noticias no dejan de sucederse. En el planeta fútbol, la justicia europea ha entrado en juego. 

La semana pasada, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaraba ilegales las medidas tomadas contra la Superliga por parte de la UEFA. En 2021, el organismo dirigido por Čeferin, junto con el beneplácito de las ligas domésticas, bloquearon la creación de la Superliga. Las consignas fueron claras. Los clubes que disputarán dicha competición no podrían competir en su país. Todo ello ha sido condenado por el TJUE, quienes han fallado a favor de la competición y de su gran precursor Florentino Pérez.

Tras los últimos sucesos, el mapa ha cambiado y los intereses particulares han salido a flor de piel. Para que nos hagamos una idea, el conflicto otorga los mismos tintes que la batalla vivida en el seno del CGPJ, y es que ninguno quiere bajar sus pretensiones. Sin embargo, por mucho que se busquen diferenciar, son dos caras de la misma moneda.

Actualmente la máxima competición a nivel europeo, La Liga de Campeones de la UEFA. Se siente amenazada y sus organizadores han sentido miedo. La gran amenaza para Čeferin tiene nombre y apellidos; Florentino Pérez. El presidente del Real Madrid busca multiplicar sus benéficos y a través de un formato de gran interés para los grandes equipos. Ha cogido fuerza mediante medidas populistas: promulgar la competición en abierto, prometer un partido de alto nivel cada semana, mayores beneficios para los clubes participantes.

Dos caras de la misma moneda

En contraposición a Florentino y de quien se está ofreciendo una imagen más amable, descubrimos a la UEFA y los clubes-estado: PSG, Manchester City o el propio Newcastle. Quienes son financiados con los conocidos petrodólares, no quieren ningún cambio. El principal motivo radica en que pueden continuar financiando sus estructuras con el dinero aportado desde: Qatar, Arabia Saudí o demás países del Golfo Pérsico. Es decir, continuar con sus chanchullos y corruptelas con la UEFA. No tenemos mejor ejemplo que el último Mundial o el que se disputará en Arabia Saudí en 2034; situación impensable hace unos años. 

De momento, el único beneficiado está siendo el otro gran organismo del planeta fútbol, la FIFA. Gianni Infantino (presidente de la FIFA) se frota las manos con la lucha entre la Superliga y la UEFA. Mientras tanto evita las críticas referidas a las asignaciones de Marruecos y Arabia Saudí. Es cierto, que la noticia ha llegado en fechas navideñas, pero la situación tendría gran injuria en poco tiempo. Es más, la Copa de Europa, que iba a cambiar de formato, ha dado un paso atrás. 

Por si fuera poco, se deben sumar nuevos elementos a la situación; que son las ligas domésticas. En España, Javier Tebas (presidente de la Liga) ha desvariado en sus predicciones: “me juego 25 cenas a que, en dos años, seis o en ocho no habrá competición”. Por otro lado, el presidente calificó a la Superliga como una competición clandestina y elitista; el oscense no recuerda que ese formato existe en su propio país.

Los intereses por encimaNo sabemos cómo terminará el conflicto entre las partes, pero los intereses individuales serán la nota dominante. En el único lugar, donde llegarán a un acuerdo es el dinero. Allí donde el espejo del oro refleja sus ansias y sed de poder para repartirse el pastel económico. Dentro de este deporte que hace mucho se convirtió en su peor enemigo. La política tradicional y sus corruptelas.

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