«Letras en Sevilla» y el sectarismo de la izquierda
Nuevamente el sectarismo ha ganado, en este caso en el campo de la cultura. Todo comenzó cuando se anunció el cartel de «Letras en Sevilla», un evento cultural y de debate intelectual en el que, contrariamente a lo que ocurre hoy en día en espacios académicos, políticos e intelectuales, se realizan debates desde distintas ópticas ideológicas y donde destaca la pluralidad política. Tras las diez anteriores, la presente edición prometía ser polémica, especialmente por el tema que se abordaba: la Guerra Civil. Para la nueva edición se presentó un cartel en el que había una gran variedad de perfiles, desde reputados historiadores como Julián Casanova, Juan Pablo Fusi, Fernando del Rey o Gutmaro Gómez Bravo; políticos como Espinosa de los Monteros, Félix Bolaños, Carmen Calvo o José María Aznar, hasta otro tipo de perfiles como Alejandro Amenábar, Félix San Roldán o David Uclés.
Tras hacerse público el cartel, comenzó la polémica. David Uclés, escritor que ha saltado a la fama por su reciente obra, en la que trata el mismo tema que se debatía en Sevilla, La península de las casas vacías, lanzaba un comunicado, sectario e infantil a mi parecer, sobre el evento, anunciando unilateralmente su no participación en las jornadas, alegando que Aznar y Espinosa de los Monteros «representaban unos valores contrarios a los suyos, unos antivalores». Esta afirmación solo demuestra infantilismo y sectarismo, algo a lo que la izquierda y gran parte de la derecha de nuestro país están más que acostumbrados. Cualquiera que conozca mínimamente a alguno de los historiadores anteriormente mencionados no puede afirmar que sea franquista o vaya a defender el régimen de Franco y, en caso de que los hubiera, habría sido interesante y enriquecedor ver dos puntos de vista contrapuestos en un debate. Incluso dentro del resto del cartel hubiera sido muy interesante ver las diferentes perspectivas sobre el conflicto, pero querer esto hoy en día equivale a ser «ultraderechista», «fascista» o cualquier palabra rimbombante que acabe en -ista y que pueda ser utilizada como arma arrojadiza contra el oponente.
Tras el anuncio de Uclés, la polémica se hizo aún mayor, provocando que otra persona, Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida y destacado por su sectarismo, se bajase del evento. Tras estas caídas, Arturo Pérez-Reverte, principal organizador de las jornadas junto a Jesús Vigorra, decidió sacar pecho por el evento, afirmando que en todas las ediciones anteriores había habido diversas personalidades de distintas ideologías, muchas de ellas antagónicas. Desde luego, si tenemos que reprocharle algo a Reverte y a Vigorra es el haber depositado su confianza en personajes de ciertos sectores políticos, que rehúyen cualquier tipo de debate excusándose en una falsa superioridad moral, y el haberse comportado como unos caballeros, pues hoy en día el honor, ser fiel a tus propias palabras e ideales y poder defenderlos frente a quien sea y donde sea son cada vez menos frecuentes. Tras estas dos bajas de última hora, el linchamiento en redes sociales hacia las jornadas siguió aumentando, mientras que miles de personas fanatizadas le doraban la píldora a quien rehúye el debate y fomenta la división política por hechos ocurridos hace décadas.
Finalmente, Reverte sacó un comunicado en sus redes sociales tras el anuncio de Uclés, declarando que las jornadas en Sevilla finalmente no se iban a celebrar tras una nueva serie de cancelaciones, posponiendo el evento y señalando directamente a partidos como Podemos por ser uno de los promotores de la cancelación del evento y amenazar a los ponentes. En su comunicado también se defiende la existencia de la pluralidad política dentro del acto, demostrada en las anteriores ediciones, donde se tocaron diversos temas, entre ellos la Segunda República, en los que se dieron debates interesantes, al alcance de todos en YouTube.
Lo que queda claro es que nuestra sociedad vive en un ambiente totalmente sectario, especialmente en el mundo de la política y de la cultura. Atrás quedaron programas como «La Clave» de José Luis Balbín, que destacó por ser uno de los espacios culturales más interesantes de las últimas décadas del pasado siglo. En aquel programa se podían ver numerosas personalidades, algunas de ellas habían combatido en distintas trincheras durante la guerra, debatiendo con cordialidad y respeto por su rival pese a tener distintos planteamientos políticos. Esto tampoco era raro hace años, pues era habitual ver a Pablo Iglesias, Monedero o cualquiera de estos nuevos «canceladores políticos» ir a Intereconomía, algo impensable hoy en día.
En definitiva, si en algún momento queremos aspirar a ser una sociedad crítica, formada y alejada del sectarismo, debemos promover y defender eventos como «Letras en Sevilla» y apartar a quien promueve el sectarismo y huye del debate, por mucho que se disfracen de intelectuales. Desde luego, no parece una tarea sencilla, pero siempre se debe tener la esperanza de que algún día se podrá realizar.