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El patrimonio abandonado

Son innumerables los ejemplos de abandono del patrimonio en cada una de las regiones del país, que se impulsa con la muerte del medio rural y el poco interés de preservación cultural por parte de las administraciones

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El patrimonio cultural español, tanto artístico en todas sus formas, como inmueble y como inmaterial, constituye uno de los más ricos a nivel europeo y mundial, situándose en el quinto lugar de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Estas catalogaciones las encontramos repartidas por todo el territorio nacional, ahondando en la idea de la riqueza cultural y patrimonial que posee España.

No obstante, las administraciones tienden a seguir viendo la cultura patrimonial como un estorbo o una pérdida de dinero, tanto que si es necesario recortar presupuestos, el sector cultural se va a ver damnificado con reducciones de personal y con eliminaciones directas de plazas públicas de técnicos, conservadores y restauradores. Además, la crisis que afectó gravemente a España hace ya dieciséis años ha fomentado la inacción sobre bienes patrimoniales, merecedores de proyectos de restauración, que paulatinamente se van abandonando, deteriorando y desmoronando. Al igual que los bienes de patrimonio mundial, este abandono lo encontramos repartido por todo el territorio nacional.

Y aunque existan métodos de preservación como la inclusión de ciertos monumentos en categorías de protección del patrimonio como la catalogación de Bien de Interés Cultural (BIC), que es el mayor nivel, nos seguimos encontrando con casos de absoluto abandono que hace peligrar esa supuesta conservación. Uno de los tantos ejemplos es el Palacio de los Gosálvez, en Casas de Benitez (Cuenca), que goza de esta distinción BIC, pero que se encuentra completamente vandalizado, destrozado y que en cualquier momento podría desplomarse, de ahí que haya sido incluido en la Lista Roja del patrimonio.

Dentro de este abandono, es el mundo rural el que se ve más perjudicado. Con el despoblamiento de los pequeños municipios estos bienes culturales de distinta índole, ya sean eclesiásticos, civiles, yacimientos arqueológicos, elementos del patrimonio industrial, así como de la arquitectura vernácula, corren un serio riesgo de degradación por la desprotección a la que están sometidas gran parte de estas edificaciones por las instituciones locales, regionales y estatales. Parece necesario recordar que, gracias al uso, al cuidado y a las necesarias reparaciones han llegado a nuestros días construcciones históricas de todo tipo.

Y el problema de la destrucción y el abandono del patrimonio no es baladí. El patrimonio no es de una persona, sino que pertenece a todos los españoles, y le corresponde a los españoles como sociedad cuidar, preservar, fomentar e investigar el rico patrimonio histórico y cultural español. Estos métodos activos de protección ayudan a que ese patrimonio no se pierda y, por mucho que las administraciones lo vean como un gasto a recortar, la sociedad tiene cada vez más conciencia hacia la protección de la cultura. De ahí el nacimiento de asociaciones que buscan proteger y clasificar el patrimonio español que corre el riesgo de destruirse, como Hispania Nostra y su Lista Roja del patrimonio, que cataloga ciertos monumentos o elementos de la cultura patrimonial española en peligro o la Lista Verde, de patrimonio que estuvo en peligro pero que gracias a las últimas actuaciones de restauración consiguen salir.

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