El 17 de noviembre, fueron las elecciones legislativas en Senegal. El partido Patriotas Africanos por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad (PASTEF) obtuvo una amplia mayoría, con 134 escaños sobre un total de 165, derrotando a la coalición formada por Alianza por la República (APR) y el Partido Democrático Senegalés (PDS), liderada por el expresidente Macky Sall.
En las elecciones presidenciales del 24 de marzo, Bassirou Faye, candidato de PASTEF, obtuvo la victoria con el 54,28 % de los votos. Faye pudo presentarse tras las protestas multitudinarias contra el presidente Macky Sall por su intención de alargar su mandato, tras 12 años, retrasando las elecciones y persiguiendo a los opositores. Tras una amnistía, Bassirou Faye pudo presentarse a las elecciones al salir de prisión, al igual que Ousmane Sonko, líder de PASTEF, quien obtuvo el puesto de primer ministro.
Esta primera victoria dio inicio a una serie de cambios importantes en la política senegalesa, paralizados y obstaculizados por la minoría parlamentaria en la Asamblea Nacional de Senegal, pues solo contaban con 56 diputados frente a los 82 del partido del ex presidente Macky Sall, APR. Debido a esto, el gobierno decidió adelantar las elecciones parlamentarias el 12 de septiembre, aprovechando la popularidad y el optimismo hacia el nuevo gobierno para tener vía libre en la aplicación de su política con una posible mayoría parlamentaria.
El adelanto electoral se ha tratado de una maniobra para evitar perder el apoyo popular en unas elecciones que se deberían de haber celebrado en 2027. Las elecciones parlamentarias en Senegal se realizan normalmente cada cinco años. La campaña electoral, iniciada el 28 de octubre no estuvo exenta de incidentes, destacando un ataque con piedras al convoy del primer ministro Ousmane Sonko en Koungheul y hacia comercios simpatizantes de Sonko en Saint Louis por parte de partidarios de Macky Sall.
Senegal se ha caracterizado por su estabilidad política, con golpes de Estado ausentes, al contrario que en sus países vecinos como Guinea Conakry, Mali o Burkina Faso. El único conflicto armado que ha tenido desde su independencia en 1960 es el de la región de Casamance, en el que el MFDC reclama la independencia de la región desde 1982. En la actualidad, se considera un conflicto de baja intensidad y con pocas probabilidades de avivarse.
Los problemas del país son el desempleo, que supera el 20%, por unas tasas altísimas de trabajo informal, además de un alto coste de vida. Ante esto, el nuevo gobierno tomó medidas para bajar los precios de productos alimenticios de primera necesidad. La emigración supone otro problema por la fuga de la juventud y el potencial de ésta para la construcción de un Senegal próspero; por eso se creó una línea de teléfono gratuita para denunciar el tráfico humano, actividad ligada al deterioro de la pesca tradicional. Además, el gobierno se ha mostrado crítico con las familias que animan a los jóvenes a emigrar.
Otras cuestiones, como los acuerdos de pesca con la Unión Europea de 2019, en el que la UE se embolsa el 98,7% de los beneficios totales, han sido objeto de revisión. A partir del 17 de noviembre, los barcos europeos dejarán de faenar en las aguas senegalesas. La UE aduce la falta de compromiso del gobierno para combatir la pesca ilegal, pero es cierto que Senegal tenía previsto tratar esta cuestión. El código minero también ha sido revisado.
La lucha contra la corrupción es otro de los temas principales y claves del nuevo gobierno. En lo que respecta a la política exterior, ha estado marcada por el deseo de desvincularse de Francia, con una retórica panafricanista similar a la de las juntas militares de la Alianza de Estados del Sahel (AES), pero con un gobierno civil y democrático.
A pesar de todo, el nuevo gobierno no ha estado exento de polémicas. Por poner varios ejemplos: la detención del periodista Yerim Seck en el mes de octubre, acusado por las autoridades por «difundir falsa información» (las asociaciones nacionales de periodistas condenaron la actuación gubernamental); la prohibición del libro de la autora francesa Séverine Awenengo Dalberto, La idea de una Casamance autónoma – Posibilidades y deudas morales de la situación colonial en Senegal, sobre el conflicto de Casamance; o la petición del primer ministro Ousmane Sonko de que se pueda llevar el velo islámico en las escuelas católicas. Este último tema es un debate recurrente en el país. El reglamento interno de las escuelas católicas prohíbe el velo islámico, y se argumenta que son los padres los que deben respetar el reglamento, a la vez que critican la intervención del gobierno en sus asuntos. Hay quien alerta de una islamización silenciosa en Senegal, como el periodista español Alfonso Masoliver, pero es un tema que excede el presente artículo.
En los próximos meses, podremos ver si el gobierno senegalés es capaz de cumplir su programa electoral gracias a su mayoría en la Asamblea Nacional de Senegal y de enfrentarse a los retos del país.