lunes, julio 15, 2024

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Visita Dubai: Clima, género y negocios en tu petro-monarquía islámica favorita

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Del 30 de noviembre al 12 de diciembre, Naciones Unidas llevará a cabo la vigesimoctava Conferencia de las Partes (COP28). Este evento se celebra desde el año 1995 y tuvo su inicio en Berlín. Durante estos 28 años ha ido recorriendo diversas ciudades hasta llegar en esta ocasión a Dubái, la capital de los Emiratos Árabes Unidos. País que ostenta el séptimo puesto como mayor productor de petróleo a nivel mundial, según el «Statistical Review of World Energy». La importancia de esta conferencia radica en su supuesto papel como foro internacional para abordar cuestiones cruciales relacionadas con el cambio climático y la sostenibilidad, reuniendo a líderes de todo el mundo con el objetivo de alcanzar acuerdos significativos y tomar medidas hacia un futuro más sostenible.

Sin embargo, es importante señalar que este tipo de cumbres, a menudo, tienden a convertirse en un mero paripé, donde empresarios y altos funcionarios gubernamentales se congregan no tanto con la intención de abordar y resolver problemas reales, sino más bien para llevar a cabo sus transacciones comerciales y acuerdos políticos, todo ello mientras disfrutan de sucesivos cócteles y comidas. Esta dinámica, que ha caracterizado de manera consistente las reuniones anteriores de la Conferencia de las Partes, ha generado escepticismo respecto a la eficacia y seriedad de estos eventos. A lo largo de las ediciones previas, las COP han estado llenas de resoluciones, objetivos y acuerdos que han quedado en agua de borrajas.

Esta reunión climática es presidida este año por el Sultán Al-Jaber, quien ocupa el cargo de director en la empresa estatal Abu Dhabi National Oil Company. A pocos días de empezar la cumbre Al-Jaber ha sido objeto de críticas especialmente a raíz de las acusaciones emitidas por la BBC. Según este medio, se acusa a Al-Jaber de orquestar esta cumbre como poco más que una artimaña para formalizar lucrativos acuerdos en el ámbito petrolero y gasístico con hasta 27 gobiernos extranjeros, entre los cuales destacan China y Colombia.

No obstante, en un giro de hipocresía que desafía los límites se ha planificado, según la misma fuente, reuniones específicas para la empresa estatal Masdar, especializada en energías renovables. Estas reuniones no solo involucran a una extensa red de hasta 20 países, sino que también plantean interrogantes sobre la autenticidad de los esfuerzos hacia la sostenibilidad por parte de la monarquía y los influyentes empresarios emiratíes que, en la práctica, ejercen un control evidente sobre estas empresas «estatales».

Este controvertido escenario, donde se entrelazan los intereses de la industria de combustibles fósiles con las aparentes iniciativas en energías renovables, arroja luz sobre la necesidad de una evaluación crítica de la verdadera intención detrás de estas cumbres y acuerdos. Solo hace falta ver la lista de «distinguidos activistas» participantes en esta cumbre que abarca una diversidad notable de líderes empresariales y políticos, destacando nombres como Laurent Fabius, antiguo primer ministro francés, a Jhon Rose CEO de Rolls Royce, Larry Flink que dirige Black Rock, Fu Chengyu antiguo director de la Corporación Petroquímica China, Maria Fernanda Espinosa directora de «Global Women Leaders for Change and Inclusion» entre otros a grandes activistas, nótese la ironía, en favor del medio ambiente. También una gran lista de patrocinadores entre los que se encuentran Iberdrola, Bank of America o Siemens participan en esta conferencia.En el transcurso de la COP28 se llevará a cabo la Cumbre Mundial sobre el Clima durante los días 1 y 2 de diciembre. Resulta también llamativo que, en el contexto de la capital de los Emiratos Árabes Unidos, una petromonarquía islámica donde por ejemplo un marido tiene derecho legal a maltratar a su mujer e hijos, se traten también conferencias de temáticas tan «importantes» para el calentamiento global como la igualdad de género o la infancia. Una vez más la hipocresía de las grandes elites aflora tras su fachada amable de preocupación climática.

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