El islam no es solo el fenómeno religioso de mayor crecimiento en Europa y España, sino una realidad social ya presente que en las próximas décadas se intensificará aún más. En el continente, la población musulmana pasará de 34 millones en 2020 (6,2 %) a más de 83 millones en 2050 (15,1 %), con Francia, Alemania y el Reino Unido como polos principales en cifras absolutas y Suecia como ejemplo extremo en lo relativo. En España, la comunidad musulmana supera ya los 2,5 millones de personas (5,2 %) y podría alcanzar los 4 millones en 2050 (7,4 %), con una distribución muy desigual entre regiones. Todo apunta a que el islam dejará de ser visto como minoría para consolidarse como un elemento estructural del futuro demográfico y social europeo y español.
1. El Islam en Europa: de 2020 a 2050.
1.1. El islam en la Europa de 2020.
En 2020, la población musulmana en Europa representaba el 6,2 % del total, es decir, alrededor de 34 millones de personas sobre 548,6 millones de habitantes. Esta proporción marcaba una clara tendencia ascendente respecto a 2010, cuando se contabilizaban 26 millones (4,9 %). La distribución era desigual: En Europa occidental, Francia (6 millones; 9,1 %), Alemania (5,5 millones; 6,6 %) y el Reino Unido (4,3 millones; 6,4 %) concentraban las mayores comunidades en términos absolutos, seguidos por Italia (2,6 millones; 4,4 %) y Albania (2,1; 5,5 %). En el norte de Europa, Suecia destacaba con 840.000 musulmanes (8,1 %), junto a Noruega (220.000; 4,1 %) y Dinamarca (250.000; 4,3 %). En el sur, España y Grecia alcanzaban el 5,1 % y Chipre el 24,6 %. En el este europeo, la presencia era mucho más reducida, con cifras menores del 1%. Los Balcanes constituían un bloque diferenciado, con porcentajes históricamente altos: Kosovo (94,3 %), Albania (74,6 %), Bosnia-Herzegovina (53,6 %) y Macedonia del Norte (34,8 %).
Imagen 1. Población musulmana en Europa (2020). Porcentaje de musulmanes en Europa por país. Fuente: Elaboración de Alejandro Vigo mediante datos de Pew Research.
1.2. Evolución y perspectivas hacia 2050.
La población musulmana en Europa ha dejado de ser una minoría reducida para convertirse en un componente cada vez más determinante de la demografía continental. Las proyecciones a 2050 sitúan este número en 83,8 millones, lo que equivaldría al 15,1 % de la población continental (556,6 millones). En apenas dos décadas y media, el peso musulmán en Europa aumentará con creces, pasando de una presencia minoritaria a una proporción que, en algunos Estados (sin contar las excepciones de los Balcanes), se acercará a la tercera o cuarta parte de la población. Este crecimiento responde tanto a factores internos (tasas de fertilidad más elevadas y rejuvenecimiento poblacional) como a factores externos (corrientes migratorias mayoritariamente procedentes del norte de África.
Imagen 2. Proyección de población musulmana en Europa (2050). Estimación de porcentaje de musulmanes en Europa por país. Fuente: Elaboración de Alejandro Vigo mediante datos de Pew Research, Departamento de Estado de EE. UU. e institutos nacionales de estadística.
En Europa occidental se localizan los países con mayor número absoluto de musulmanes: Alemania crecerá de 5,5 millones (6,6 %) a 17,5 millones (19,6 %), constituyéndose como el país con mayor población musulmana en números absolutos. El Reino Unido pasará a 13,5 millones (17,3 %), Francia a 13,2 millones (19,6 %), Italia a 8,3 millones (15,1 %). Otros países como Países Bajos, Bélgica o Austria superarán los 2 millones, mientras que Suiza los 1.5 millones. En conjunto, estos Estados concentran gran parte del crecimiento debido a su atractivo económico y a la existencia de comunidades musulmanas asentadas desde hace décadas.
El caso de los países nórdicos es aún más llamativo por la magnitud relativa de sus incrementos. Suecia es el caso paradigmático: no solo se convertirá en el quinto país de Europa con más musulmanes en términos absolutos (4,5 millones), sino que en apenas una generación pasará de tener una minoría musulmana del 8 % a que casi cuatro de cada diez habitantes pertenezcan a esta confesión. Los demás países nórdicos siguen, aunque en menor escala, trayectorias similares: Noruega, Dinamarca y Finlandia verán cómo sus comunidades musulmanas se sitúan entre el 17 % y el 22 % de la población a mediados de siglo, rondando al alza o a la baja el millón de musulmanes cada uno. En todos los casos, el factor común es el mismo: poblaciones totales pequeñas, flujos migratorios significativos y un marco institucional que, al garantizar derechos sociales, ha hecho posible el rápido asentamiento de estas comunidades.
En el sur de Europa, las tendencias son más moderadas pero relevantes. España se situará en torno al 7,4 % en 2050 (3,86 millones de musulmanes). Grecia pasará del 5,1 % al 9,6 % (860.000), Chipre del 24,6 % al 28,6 % (400.000) y Malta del 3,8 % al 16,2 % (97.000). Estos países funcionan como puertas de entrada migratoria, especialmente en el Mediterráneo oriental, aunque con trayectorias diferenciadas.
En Europa central y oriental, los porcentajes siguen siendo bajos en comparación, pero los incrementos relativos son reseñables. Hungría apenas contaba con un 0,1 % en 2020 y alcanzará el 4,5 % en 2050 (390.000). La República Checa pasará del 0,3 % al 1 % (110.000), Polonia del 0,1 % al 0,2 % (50.000) y Rumanía del 0,4 % al 0,7 % (120.000). Aunque en términos absolutos siguen siendo cifras reducidas, el multiplicador porcentual supone cambios significativos en sociedades que históricamente han sido muy homogéneas en el plano religioso.
Los Balcanes, por su parte, presentan un escenario singular. En 2050, Kosovo mantendrá un 93,9 % de población musulmana, Albania un 89 %, Macedonia del Norte un 56,2 % y Bosnia-Herzegovina un 49,4 %. Montenegro pasará del 21,3 % en 2020 al 25,8 %. En estos países la presencia musulmana no depende de la inmigración reciente, sino de comunidades autóctonas consolidadas desde la época otomana. Aunque el peso absoluto de estas poblaciones será menor debido al estancamiento o declive demográfico general, en términos porcentuales seguirán representando un núcleo central del islam europeo.
2. El Islam en España: tendencias y realidades.
En España, la población musulmana representa actualmente el 5,2% del total de habitantes (más de dos millones y medio de personas) según el último estudio de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) en 2024, aumentando en 450.000 en 5 años (2019), cuando el número de musulmanes se situaba en torno a 2,1 millones (4 % de la población). En términos de composición, en 2019 los extranjeros representaban el 58 % y los españoles (extranjeros nacionalizados y sus descendientes en casi su totalidad), el 42 % del total; en 2024 la proporción se ha equilibrado algo más, con un 55 % extranjero y un 45% españoles. Esto refleja el asentamiento progresivo de segundas y terceras generaciones. Los musulmanes son cada vez más y más nacionalizados españoles. La tendencia apunta a un crecimiento sostenido en las próximas décadas: de mantenerse las dinámicas actuales de natalidad e inmigración, se estima que en 2050 la población musulmana se sitúe en torno a los cuatro millones de personas (7,4 % del total), consolidando al islam en términos demográficos.
2.1. Distribución territorial y tejido religioso.
El mapa revela un patrón nítido: la mayor concentración se da en la mitad oriental y meridional del país, donde superan o se sitúan en torno a la media nacional, en contraste con el cuadrante noroeste, que apenas alcanza entre un 1 % y un 2 %. En Cataluña se localiza la mayor comunidad musulmana en términos absolutos, con 694.046 personas, lo que equivale al 8,7 % de la población autonómica, claramente por encima de la media nacional. Le siguen Andalucía (417.139; 4,8 %), Comunidad Valenciana (278.370; 5,2 %), Madrid (323.700; 4,6 %) y Murcia (146.744; 9,4 %). Estas cinco comunidades reúnen más del 70 % de la población musulmana en España, reflejando su atractivo económico y el peso de las corrientes migratorias. En contraste, comunidades como Galicia (2,2%), Asturias (1,0%) o Cantabria (0,7%) registran cifras muy reducidas, ligadas a flujos migratorios menos intensos y a estructuras económicas menos dependientes de mano de obra extranjera.
A escala provincial, destacan tres polos demográficos con un peso relativo muy por encima de la media: Almería (18,5 %), Girona (13,1 %) y Lleida (12,8 %). Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla constituyen una excepción singular: en ambas, la población musulmana supera el 40 % del total (42,9 % y 50,6 %, respectivamente), respondiendo a su proximidad geográfica a Marruecos y a una historia marcada por el contacto con el islam. En cuanto a los municipios, los que concentran un mayor número de musulmanes son Barcelona, Ceuta, Madrid y Melilla, seguidos de El Ejido (Almería) y Murcia. Si se atiende al peso relativo, destacan localidades donde el islam representa una proporción muy significativa de la población, como Albuñol (Granada), La Mojonera y Níjar (Almería), Salt (Girona), Talayuela (Cáceres) y Torre-Pacheco (Murcia).
Imagen 3. Población musulmana en España (2024). Porcentaje de musulmanes en España por provincia (incluidas ciudades autónomas). Fuente: Elaboración de Alejandro Vigo mediante datos del INE y UCIDE.
El mayor incremento en cinco años se ha registrado en Cataluña, especialmente en la provincia de Barcelona (+78.200), que se consolida como el epicentro demográfico musulmán del país, con más de 430.000 personas, el 17 % del total nacional. Este crecimiento responde tanto a la inmigración magrebí y pakistaní como al asentamiento de segundas generaciones, particularmente en el área metropolitana. En el plano relativo destaca Toledo, con un aumento del 45 %, el mayor salto porcentual de España, impulsado por la atracción residencial y laboral del eje Madrid–Toledo, que actúa como zona de expansión de la capital. Por detrás se sitúan Almería y Murcia, que muestran también crecimientos destacados (+34,9 % y +30,4 % respectivamente), estrechamente vinculados al modelo de agricultura intensiva y a la demanda de mano de obra migrante estacional que caracteriza a ambas provincias.
El impacto religioso también se plasma en el número de lugares de culto. Según datos del Observatorio del Pluralismo Religioso, en España existen 1.908 mezquitas, siendo Cataluña la comunidad con más templos (364), seguida de Andalucía (318), Comunidad Valenciana (239) y Madrid (138). Sin embargo, la densidad relativa ofrece sorpresas: Navarra, La Rioja y Murcia lideran en mezquitas por habitante, con un minarete por cada 11.695, 12.006 y 12.752 personas, respectivamente. Por el contrario, comunidades como Galicia, Asturias y Cantabria apenas cuentan con lugares de culto islámico: una mezquita por cada 84.000–98.000 habitantes. Esta disparidad evidencia cómo la implantación del islam no sigue un patrón homogéneo, sino que responde a dinámicas económicas y migratorias regionales.
2.2. Perspectivas 2050
En 2050 se prevé que la población musulmana en España alcance en torno a 4 millones de personas, lo que representará el 7,4 % del total nacional. De confirmarse estas proyecciones, el islam se consolidará de forma definitiva como la segunda confesión religiosa del país, muy por delante de otras minorías.
Este crecimiento tendrá un fuerte componente territorial. Las comunidades mediterráneas, junto con Madrid y Andalucía, seguirán concentrando la mayor parte de la población musulmana, gracias a su atractivo económico y a su papel histórico como espacios de llegada migratoria. En contraste, el norte y el interior peninsular mantendrán un peso muy reducido, con porcentajes apenas testimoniales. La excepción seguirá siendo Ceuta y Melilla, donde la población musulmana ya supera el 40 % y el 50 % respectivamente, y que representarán casos únicos en el contexto europeo.
Más allá de los números, la consolidación del islam se reflejará en el paisaje urbano, la educación y la vida cultural. Las comunidades musulmanas estarán cada vez más presentes en el ámbito local, en las instituciones escolares y en el espacio público, no solo a través de la red de mezquitas, sino también mediante asociaciones culturales y formas de expresión comunitaria.
3. Conclusiones.
3.1. Europa
En el horizonte de 2050, el islam se habrá convertido en un componente estructural de la demografía europea. La población musulmana pasará de 34 millones en 2020 a más de 83 millones, duplicando con creces su peso relativo hasta situarse en torno al 15 % del total continental. Este crecimiento no será uniforme: Francia, Alemania y el Reino Unido seguirán siendo los principales polos en términos absolutos, mientras que los países nórdicos experimentarán los mayores saltos relativos, con Suecia como caso paradigmático al acercarse al 40 % de su población. Los Balcanes mantendrán sus porcentajes históricamente elevados, aunque con menor relevancia en el total europeo debido al estancamiento demográfico de la región.
En conjunto, el mapa religioso europeo se caracterizará por una heterogeneidad extrema: grandes comunidades asentadas en el oeste y norte, porcentajes mayoritarios en el sureste balcánico, y presencias aún testimoniales en el centro y el este del continente. Esta desigualdad configurará un panorama en el que el islam estará cada vez más presente, aunque con realidades nacionales muy distintas.
3.2. España
España seguirá una trayectoria de crecimiento más moderada en comparación con los grandes focos europeos, pero igualmente significativa. Entre 2019 y 2024, la población musulmana ha pasado de 2,1 a 2,5 millones de personas, y las proyecciones para 2050 la sitúan en torno a los 4 millones, un 7,5 % de la población nacional. El islam se consolidará así como la segunda confesión religiosa del país en términos demográficos.
La distribución interna estará marcada por un fuerte desequilibrio territorial. Cataluña, Andalucía, Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia concentrarán más del 70 % de la población musulmana, con porcentajes muy superiores a la media nacional en provincias como Almería, Girona o Lleida. En contraste, el cuadrante noroeste apenas superará el 1–2 %, mientras que Ceuta y Melilla mantendrán su carácter excepcional con mayorías absolutas musulmanas.
España compartirá, por tanto, los grandes rasgos europeos: un crecimiento sostenido en números absolutos y relativos, un peso creciente de las segundas y terceras generaciones, y una implantación profundamente desigual en el territorio.