El mal estado de la red ferroviaria española, queda evidenciado en el trágico accidente en Córdoba. Y esto, podría tener un grave impacto económico
Aún no se han acabado las investigaciones sobre las causas del accidente y permanecemos a la espera del veredicto de los técnicos especialistas. Sin embargo, algunos medios como Expansión ya hablan de “golpe a la alta velocidad española y su competitividad”, alertando de que el accidente erosiona el relato de España como referencia mundial en AVE y gestión ferroviaria.
Este suceso llega tras años de vender el modelo español como ejemplo de innovación y eficiencia; ahora se reabren debates sobre mantenimiento de infraestructuras y cultura de seguridad, y por ende del modelo español. Estas fuentes mencionan explícitamente el riesgo de que competidores europeos (Alstom, Siemens, etc.) utilicen el siniestro como argumento comercial en licitaciones internacionales.
En la actualidad hay varios proyectos ferroviarios de titularidad española llevándose a cabo en el extranjero. Destaca el AVE La Meca–Medina (Arabia Saudí), con un precio aproximado de 7 .000–8.000 Millones de euros. Este proyecto sería desarrollado por un consorcio español compuesto por Renfe, Adif, Talgo, Ineco, y OHL. El consorcio español se encargaría de la construcción, del material rodante y la operatividad. También otros proyectos de ventas de material rodante y de prestación de servicios en Europa, Estados Unidos y países de Hispanoamérica están en juego. Por ejemplo los proyectos de consultoría e ingeniería de INECO, ADIF y Renfe en varios países, tanto en el campo del diseño, como en la supervisión y la asesoría en proyectos de alta velocidad y red convencional.
El prestigio que llegó a obtener la industria ferroviaria en España está empezando a tambalearse tras el accidente. Y ello conlleva un posible impacto en el negocio internacional. Tanto para los contratos en curso como para futuras licitaciones. Los análisis económicos coinciden en que, a corto plazo, el mayor impacto es reputacional. En cualquier concurso internacional (nuevas líneas de alta velocidad, mantenimiento, operación) el accidente de Adamuz aparecerá en las preguntas de los clientes. Así como en los dosieres de los competidores.
El impacto será menor en los contratos ya firmados. Es poco probable que contratos grandes ya en marcha (como La Meca–Medina) se cancelen, pero sí puede haber más auditorías de seguridad y mantenimiento. Y que se incluyan cláusulas adicionales de supervisión y reporting.
Con respecto a nuevos proyectos en los que España compite “por imagen”, el accidente puede restar puntos frente a países que no arrastran tragedias recientes. Las empresas que se verán más expuestas son Renfe y Adif, pues su narrativa se ve cuestionada. Pero también podría afectar a fabricantes como Talgo y CAF , aunque en menor medida por estar el foco en la infraestructura y la gestión de la red.
Y por supuesto, supone un golpe simbólico a la imagen de España y su “marca país”. España llevaba años vendiendo la alta velocidad como uno de sus grandes éxitos . Un accidente con decenas de fallecidos en una línea de alta velocidad erosiona esa narrativa y reabre comparaciones con otros sistemas y con otros países.
Para los expertos en gestión de crisis, parcialmente los efectos reputacionales se podría mitigar con transparencia total en la investigación (publicar conclusiones técnicas, responsabilidades y medidas correctoras). Y con una Comunicación coordinada entre Gobierno, Renfe, Adif e Iryo hacia clientes internacionales, explicando qué ha pasado y qué se está cambiando. Pero tal y como se están desarrollando los acontecimientos y como está actuando el gobierno, en especial el Ministro Oscar Puente, no parece que vaya a ser así. Si la respuesta institucional es rápida, técnica y creíble, el daño a la imagen puede quedar acotado; si se perciben opacidad o luchas políticas, el impacto reputacional se amplifica.
Es interesante ver que posible impacto tiene este grave accidente sobre el empleo y los trabajadores. Aquí hay mucha más incertidumbre y los expertos , de momento, hablan más de riesgos que de efectos ya materializados. En España, en el corto plazo, se requiere un refuerzo de inspecciones, mantenimiento y seguridad; esto puede generar más carga de trabajo en áreas técnicas y de ingeniería. Sin embargo, en el medio y largo plazo, si el accidente derivara en pérdida de contratos internacionales o en menor capacidad de ganar nuevos, podría afectar a empleo en ingeniería y consultoría ferroviaria orientada al exterior. Y también a plantas de fabricación de material rodante si se reducen pedidos internacionales.