España lleva varios años creciendo en términos económicos y las cifras macroeconómicas así lo reflejan, con un aumento sostenido de la actividad y de la riqueza generada en el país. Sin embargo, esa mejora no se está traduciendo en una realidad mejor para la mayoría de trabajadores, que ven cómo su poder adquisitivo se reduce con el paso del tiempo y cómo cada vez cuesta más mantener el nivel de vida pese a que, sobre el papel, la economía va bien.
Entre 2020 y 2025, el salario real ha caído en España un 5,9 %, lo que en términos sencillos significa que, aunque muchas nóminas hayan subido ligeramente, ese incremento no ha sido suficiente para compensar la subida de los precios. Esto se percibe con claridad en el día a día, porque con el mismo sueldo, o incluso algo mayor, muchas familias llegan peor a fin de mes, notando cómo gastos básicos como la vivienda, la alimentación o la energía pesan cada vez más en su economía.
Lo más llamativo es que esta pérdida de poder adquisitivo se produce en paralelo a un crecimiento importante de la economía, ya que según datos del Instituto Nacional de Estadística el PIB per cápita real ha aumentado cerca de un 18,7 % acumulado entre 2021 y 2025. Dicho de forma clara, España es hoy un país más rico que hace unos años, pero esa mayor riqueza no se está trasladando a los salarios, lo que deja en evidencia un problema de fondo que tiene más que ver con cómo se reparte el crecimiento que con la capacidad de generarlo.
A esta situación se suma además un factor que agrava todavía más la percepción de pérdida, ya que en los últimos años ha aumentado el porcentaje del salario que se destina al conjunto de impuestos, no solo al IRPF sino también a otros como el IVA, pasando del 39,7 % en 2017 al 41,1 % en 2025. En la práctica, esto implica que los trabajadores no solo han perdido poder adquisitivo por efecto de la inflación, sino que además entregan una mayor parte de su sueldo al Estado, generando una doble presión que se nota directamente en el bolsillo.
El resultado es un desequilibrio cada vez más evidente entre lo que dicen las cifras macroeconómicas y lo que viven muchas familias en su día a día, porque mientras la economía crece cerca de un 19 % en términos de rentar real por habitante, los salarios pierden valor real, lo que explica buena parte del malestar económico que se percibe en la calle y que cuestiona la idea de que el crecimiento, por sí solo, acaba beneficiando a toda la sociedad.