27 de febrero de 2026

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El pésimo análisis sobre el IMV y el salario más frecuente

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Mucho se ha hablado estos días de un artículo de «El Economista» que sostiene que el Ingreso Mínimo Vital (IMV) ya supera en un 20% el salario más habitual en España. El titular es potente, ya que parece insinuar que trabajar empieza a ser menos rentable que no hacerlo, pero como casi siempre en economía, el problema no está en la cifra sino en cómo se construye la comparación.

En dicho artículo, para los salarios se utiliza la moda, es decir, el sueldo más frecuente, que ronda los 16.500 euros brutos anuales. Sin embargo, para el IMV no se emplea la moda de los hogares perceptores, sino una supuesta “familia típica” compuesta por dos adultos y dos hijos. Y esa no es la unidad más frecuente entre quienes reciben la prestación, pues el hogar más habitual entre los beneficiarios del IMV es el monoparental con un hijo, cuya cuantía anual se sitúa en torno a los 10.277 euros. Así que comparar la moda salarial con una unidad familiar distinta introduce una distorsión evidente y, por lo tanto, no  se puede hablar de un detalle técnico menor, ya que se están comparando magnitudes que no son homogéneas.

Además, hay un elemento esencial que suele pasarse por alto. El IMV no es una renta alternativa al trabajo, sino un complemento hasta un umbral garantizado. Si en un hogar entra un salario pero no alcanza el nivel mínimo que le corresponde por su composición, el Estado cubre la diferencia. Esto implica que no pueden existir dos familias idénticas en las que una, sin empleo, cobre más que otra en la que sí trabaja alguien.

Ahora bien, aclarado el error metodológico del artículo, el Gobierno tampoco puede presumir de datos salariales, pues que la moda salarial esté tan cerca del SMI (17.094 euros brutos anuales) es un síntoma preocupante de la estructura del mundo laboral español, ya que cuando el salario más frecuente apenas se despega del mínimo legal, el problema no es que el IMV sea excesivo, sino que los sueldos son estructuralmente bajos.

Tampoco es motivo de orgullo que aumente el número de perceptores del IMV. Una red de protección es necesaria en cualquier economía avanzada. Sin embargo, una economía sólida no es la que amplía indefinidamente las transferencias, sino la que reduce la necesidad de recurrir a ellas.

El debate real no debería centrarse en si el IMV supera o no un salario mal comparado, sino en por qué España sigue atrapada en un modelo de bajo valor añadido, paro estructural y salarios comprimidos. Por lo tanto, si se quiere abordar el problema de raíz, la discusión debería girar hacia políticas que impulsen el pleno empleo mediante servicios estatales de trabajo garantizado.