Dice Sánchez que la economía española va como un cohete y el Gobierno repite constantemente que España es el motor económico de Europa, aunque existen datos oficiales que desmontan ese relato triunfalista y muestran una realidad mucho más dura para millones de familias. Uno de ellos es especialmente demoledor ya que afecta directamente a quienes más protección deberían tener según el discurso de la izquierda, las familias con hijos a cargo. Según datos oficiales de Eurostat publicados recientemente, España registra la mayor tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en hogares con hijos dependientes de toda la Unión Europea, con un 29,9 %. El indicador utilizado por Eurostat es el AROPE, que mide el riesgo de pobreza o exclusión social teniendo en cuenta ingresos, privación material y empleo.
Prácticamente tres de cada diez hogares españoles con hijos se encuentran en situación de vulnerabilidad económica. España aparece incluso por encima de países como Rumanía, Bulgaria o Grecia y muy lejos de otros estados europeos cuyos datos son considerablemente mejores, como Polonia, República Checa o Eslovenia. Mientras el Gobierno presume de crecimiento macroeconómico, récord turístico y buenas cifras de empleo, la realidad diaria de muchas familias es completamente distinta ya que cada vez resulta más difícil pagar un alquiler, llenar la nevera o llegar con tranquilidad a final de mes.
Existe además un dato especialmente llamativo dentro de la propia estadística de Eurostat. En hogares sin hijos dependientes, países como Alemania o Dinamarca presentan un porcentaje de riesgo de pobreza o exclusión social superior al de España. El problema español no parece estar tanto en los hogares sin hijos, sino en las familias que tienen que mantener menores a cargo. Esa situación revela que el sistema español protege relativamente más a determinados sectores sin cargas familiares mientras castiga enormemente a quienes deciden formar una familia y tener hijos.
La izquierda lleva años presentándose como la gran defensora de los más vulnerables y utilizando continuamente discursos sobre justicia social, igualdad y protección de las familias trabajadoras. Sin embargo, al observar los datos reales, el golpe contra ese relato es enorme. Después de años de gobiernos progresistas, España sigue liderando indicadores de pobreza familiar dentro de Europa, una situación que evidencia que algo no funciona. Anunciar ayudas, subvenciones o medidas mediáticas resulta insuficiente cuando el resultado final demuestra que miles de familias trabajadoras continúan atrapadas en la precariedad pese a tener empleo.
España necesita algo más que propaganda económica y cifras macroeconómicas repetidas en ruedas de prensa. El país necesita políticas orientadas al pleno empleo, salarios dignos y estabilidad para las familias trabajadoras. También necesita recuperar capacidad industrial y cambiar un modelo productivo excesivamente dependiente del turismo, la especulación y los servicios de bajo valor añadido. Sin una reindustrialización real y sin empleos estables y bien remunerados, el crecimiento económico seguirá concentrándose en determinados sectores mientras buena parte de la población continúa perdiendo poder adquisitivo y seguridad económica.
Luego sorprende que España tenga una de las tasas de natalidad más bajas de Europa. Resulta difícil pedir a los jóvenes que formen familias cuando tener hijos se traduce, en muchos casos, en un deterioro directo de las condiciones económicas del hogar. La economía puede crecer sobre el papel y los indicadores macroeconómicos pueden maquillarse en ruedas de prensa, aunque cuando un país lidera la pobreza o exclusión social en hogares con hijos dentro de Europa, el supuesto milagro económico se demuestra ser más falso que una moneda de 3 euros.
