Castilla y León ha alcanzado el mayor porcentaje de empleo extranjero de su historia mientras el número de trabajadores españoles ocupados sigue cayendo. Los últimos datos de la EPA reflejan una realidad que cada vez se repite más en distintas partes de España y que muchos prefieren no analizar en profundidad. En el último año se han creado 11.600 empleos ocupados por trabajadores extranjeros, mientras al mismo tiempo hay 14.800 trabajadores españoles menos en la comunidad.
Desde el discurso oficial se presenta esta situación como algo necesario para sostener el mercado laboral y las pensiones, pero detrás de las cifras existe otra realidad mucho más incómoda. España lleva años consolidando un modelo económico basado en salarios bajos, turismo y sectores precarios donde muchas empresas necesitan mano de obra abundante y barata para mantener sus beneficios. Ahí es donde entra en juego la inmigración masiva como mecanismo económico.
Karl Marx definía esto como el “ejército industrial de reserva”, una masa de trabajadores disponible que sirve para contener los salarios y aumentar la competencia entre empleados. Lo que estamos viendo encaja cada vez más con ese modelo. Miles de inmigrantes llegan desde países del tercer mundo buscando una vida mejor y terminan ocupando los empleos más duros y peor pagados, muchas veces en condiciones que pocos españoles aceptarían por esos salarios de miseria. Esto permite comprobar cómo funciona ese ejército industrial de reserva, utilizando a los inmigrantes como mano de obra barata para ser explotada por los empresarios.
El problema no es el trabajador extranjero que intenta salir adelante y que en muchas ocasiones también es víctima de este modelo económico, sino un sistema que utiliza esa situación para abaratar costes laborales y debilitar la capacidad de negociación de toda la clase trabajadora. Cuando existe una oferta constante de mano de obra dispuesta a aceptar peores condiciones, los salarios dejan de subir aunque la economía crezca y el resultado es una precarización que termina afectando tanto a españoles como a inmigrantes.