13 de junio de 2026

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En España se incrementan las enfermedades tropicales y reaparecen otras ya erradicadas.

En España se incrementan las enfermedades tropicales y reaparecen otras ya erradicadas.
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Las fuentes oficiales muestran importantes repuntes de este tipo de enfermedades y la Organización Mundial de la Salud saca a España de la lista de países libres de sarampión.

Ante un panorama de sobreinformación sobre el hantavirus, un tema cubierto con profusión por los medios, hay pocas noticias sobre otra situación grave relativa a la salud en España. Desde 2019, España sigue siendo un país sin transmisión endémica de la mayoría de las enfermedades tropicales, pero con un aumento claro de casos importados (viajes, migración) y la aparición esporádica de casos autóctonos ligados a mosquitos vectores ya establecidos (Aedes y Anopheles).

Según los datos oficiales de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) y de los informes específicos del Centro Nacional de Epidemiología (CNE-ISCIII) y del Ministerio de Sanidad, se observa una evolución al alza del dengue. En 2020 se reportaron unos 435 casos y en 2024 ascendieron a 1.119. Los informes oficiales subrayan que España no tiene transmisión endémica, pero sí un riesgo alto de introducción de casos importados y un riesgo moderado de brotes autóctonos en zonas donde el mosquito tigre (Aedes albopictus) está establecido, especialmente en gran parte de la península y Baleares.

Otra enfermedad, el chikungunya, también está incrementando el número de casos registrados. En 2023 se notificaron 82 casos. Según el Ministerio, el aumento proviene principalmente de América, con un riesgo muy alto de importación. Hasta la fecha, los casos autóctonos de chikungunya en España han sido excepcionales o inexistentes, aunque el riesgo se considera moderado en zonas con presencia del vector.

El zika tiene una incidencia menor. En 2023 se confirmaron seis casos, todos importados. Los informes de riesgo señalan que la circulación global del zika ha disminuido mucho en los últimos años, con casos esporádicos en países endémicos, lo que también reduce la probabilidad de importación.

Hay otras enfermedades relativamente nuevas en nuestro país, como la enfermedad de Chagas, causada por Trypanosoma cruzi y endémica de América Latina. En España no hay transmisión vectorial autóctona, pero sí casos crónicos importados en personas migrantes y transmisión ocasional por vía congénita o transfusional, actualmente controlada mediante cribados.

Más allá de las enfermedades tropicales o más novedosas, lo que más llama la atención por lo alarmante es la vuelta de enfermedades ya erradicadas, como la malaria o paludismo. España fue declarada libre de malaria en 1964, pero hoy es la enfermedad importada con más casos en el país.

Los datos del CNE-ISCIII y diversos estudios recientes indican que cada año se detectan en España entre 700 y 850 casos de malaria importada, principalmente procedentes de África subsahariana. La mayoría de los casos corresponden a Plasmodium falciparum, la especie más grave. Aunque se han documentado muy pocos casos de transmisión local, lo que confirma que no existe transmisión endémica.

Algunos artículos científicos plantean explícitamente si es posible el regreso de la malaria autóctona en España y concluyen que el riesgo es bajo, pero real, debido a la presencia de mosquitos Anopheles competentes y al flujo constante de casos importados.

También reaparecen otras enfermedades “clásicas”, como la difteria, el sarampión o la polio. Aunque no son tropicales, en España han aumentado los casos importados y la incidencia derivada de la baja vacunación en algunos colectivos. Las causas que originan esta situación son variadas y no pueden achacarse a una sola razón. Una de las principales es la movilidad internacional y la globalización, con más viajes a zonas endémicas por turismo, cooperación, negocios, etc.

Además, lo que los informes técnicos denominan categoría VFR (Visiting Friends and Relatives) es especialmente relevante en malaria y dengue. Corresponde a personas residentes en España que viajan a su país de origen, a menudo sin profilaxis adecuada. Otro tipo de turistas suele recibir pautas completas de vacunación antes del viaje, pero existe una desigualdad en el acceso a profilaxis y vacunación, ya que muchos de estos viajeros no reciben consejo de medicina del viajero ni quimioprofilaxis adecuada, especialmente frente a la malaria, ni se vacunan cuando existen vacunas disponibles.

El aumento de temperaturas, los cambios en el uso del suelo y la creciente urbanización de determinados terrenos favorecen la expansión de mosquitos como Aedes albopictus (dengue, chikungunya y zika) y Anopheles (malaria).

Otra razón clara del incremento es el aumento de las migraciones internacionales, con la llegada creciente de personas procedentes de zonas endémicas (Chagas, malaria, dengue) que pueden presentar infecciones crónicas o reactivaciones. Aunque no es la causa principal, sí constituye un factor más en la introducción de nuevas enfermedades o en la reaparición de enfermedades previamente erradicadas.

Sí es cierto que España aplica el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de la Organización Mundial de la Salud en aeropuertos y puertos para las entradas regulares al país. Esto incluye vigilancia de síntomas compatibles con enfermedades de declaración obligatoria, declaraciones de salud del viajero en situaciones especiales (como la COVID-19 o brotes internacionales) y protocolos de actuación si se detecta un caso sospechoso.

No obstante, no se realizan cribados masivos de malaria, dengue o chikungunya porque no son enfermedades transmisibles de persona a persona, no existe justificación epidemiológica y el coste sería muy elevado.

Las entradas irregulares al país, como podría ser la llegada en patera, también cuentan con protocolos sanitarios establecidos por el Ministerio de Sanidad, los servicios de salud autonómicos, Cruz Roja, Frontex, la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Estos consisten en una valoración sanitaria inmediata al desembarcar, en la que se evalúa el estado general, signos de infección aguda, deshidratación, hipotermia, heridas o posibles situaciones de violencia.

Posteriormente, se realiza un cribado de enfermedades transmisibles relevantes según el riesgo: tuberculosis (si existen síntomas), VIH (voluntario), hepatitis B y C (voluntario), sarampión (si hay síntomas o brotes) y enfermedades parasitarias crónicas.

Si se detecta un caso sospechoso, se procede al aislamiento y a la derivación a un centro sanitario si fuera necesario.

Las fuentes indican que por esta vía no se detectan tantos casos y que el principal impacto de la inmigración en estas enfermedades está relacionado, como se ha mencionado anteriormente, con el proceso VFR (Visiting Friends and Relatives). Es decir, inmigrantes que viven en España y que, cuando viajan de visita a África, no suelen adoptar las medidas sanitarias correspondientes, trayendo enfermedades de sus países de origen de vuelta a España.

Capítulo aparte merece la evolución de enfermedades que ya estaban prácticamente erradicadas. El caso más destacado es el del sarampión. España fue considerada país libre de transmisión endémica de sarampión desde 2016. Sin embargo, en 2024 se confirmaron 227 casos y en 2025 la cifra aumentó a 397, con varios brotes en doce comunidades autónomas.

Por ello, la Organización Mundial de la Salud ha retirado a España el estatus de país libre de sarampión y considera que se ha restablecido la transmisión endémica. Los factores clave en este crecimiento son la importación de casos desde países con alta circulación —como Marruecos, Rumanía y otros— y las bolsas de población no vacunada o con pautas incompletas.

Existen otras enfermedades, como la difteria, de la que hubo un caso muy mediático en 2015 en un niño no vacunado. Desde entonces se han producido algunos casos importados esporádicos. También hay vigilancia sobre la polio, que sigue eliminada en España, aunque se monitoriza la posible introducción de virus derivados de la vacuna a través de aguas residuales y viajeros.

La población no vacunada o con pautas incompletas responde a múltiples factores, aunque las coberturas vacunales globales siguen siendo altas, en torno al 95 % para la primera dosis de triple vírica y algo por debajo para la segunda.

También tienen cierto impacto, aunque limitado, los movimientos antivacunas, que pueden generar microbolsas de no vacunados en colegios, determinadas comunidades o grupos religiosos e ideológicos.

Por tanto, quizá el riesgo no esté tanto en este nuevo virus, sino en que llevamos años viendo la aparición de nuevas enfermedades y la reaparición de algunas que ya habían desaparecido.