Dos terremotos de escala 7,2 y 7,5 causan estragos en una deteriorada Venezuela dejando casi 1.000 muertos y más de 3.000 heridos a su paso
El pasado jueves a medianoche se produjeron dos seísmos de magnitud 7,2 y 7,5 que han sacudido varias regiones venezolanas, causando derrumbamientos y grandes daños principalmente en el estado costero de La Guaira y en Caracas.
Las últimas cifras oficiales establecen en 920 el número de fallecidos y en 3.360 el número de heridos. Si bien no se espera que la cifra de heridos aumente mucho más, el número de fallecidos podría incrementarse considerablemente cuando los equipos especializados en retirada de escombros comiencen sus labores.
En este tipo de catástrofes naturales, las primeras 48 horas son cruciales para detectar posibles supervivientes atrapados entre los escombros; cuando ese periodo va llegando a su fin, la probabilidad de localizar personas con vida disminuye, pasando por tanto a las labores de recuperación de víctimas.
Actualmente, la situación está dejando a su paso hospitales colapsados en un sistema sanitario deficitario y deteriorado. Según los afectados, no existe una lista oficial de desaparecidos, aunque las autoridades venezolanas el pasado jueves barajaban una cifra de unos 157; esta cifra no ha sido actualizada desde entonces y difiere de los datos proporcionados por los afectados y por otras organizaciones ajenas al régimen.
Por el momento, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha declarado el estado de emergencia nacional y ha restringido el acceso al estado de La Guaira, así como registros para controlar a todo aquel que quiera acceder al mismo.
Por otra parte, arquitectos e ingenieros del país denuncian que el impacto de estos terremotos podría haberse mitigado si Venezuela contase con un plan de construcción adaptado a las características naturales del país y se estableciesen y exigiesen protocolos para la construcción, donde fuese obligatoria la elaboración de estudios geotécnicos que permitiesen conocer la realidad y composición del subsuelo en el que se va a trabajar, así como normativas relativas al tipo de materiales y tiempos de construcción; muy ligado a esto está el hecho de que los edificios que han sufrido mayores daños han sido edificios antiguos, que habían sufrido un fuerte deterioro en los últimos años y no habían recibido los mantenimientos necesarios debido a la ausencia de normativas y a la precaria situación económica que atraviesa el país desde hace más de dos décadas.
En definitiva, parece que esta sucesión de seísmos ha supuesto un duro golpe para la sociedad venezolana, golpe que, a pesar de no poderse evitar dado que es intrínseco a las condiciones naturales de la Tierra, podría haberse visto amortiguado si el país hubiese contado con un sistema sanitario fuerte, una economía sana y una normativa para la construcción adaptada a la realidad del territorio.
