7 de agosto de 2026

El Frente Obrero pone encima de la mesa la cuestión de clase en el modelo migratorio

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La multitudinaria concentración convocada por el Frente Obrero frente a la Embajada de Marruecos volvió a situar el debate migratorio en el centro de la discusión política y abrió la puerta a analizar la inmigración desde una perspectiva de clase.

 

La concentración convocada por el Frente Obrero el pasado domingo frente a la Embajada de Marruecos, que reunió a más de cinco mil personas, no solo sirvió para denunciar la presión migratoria que vive España y el papel desempeñado por Marruecos en este fenómeno. También puso sobre la mesa una cuestión que rara vez ocupa el centro del debate político: la inmigración masiva como un problema de clase (ver referencias al final).

Durante años, el debate sobre la inmigración ha quedado reducido a dos posiciones enfrentadas. Por un lado, quienes defienden las fronteras abiertas apelando a razones humanitarias o económicas. Por otro, quienes centran casi exclusivamente su oposición en los problemas de seguridad, delincuencia o convivencia que pueden derivarse de una inmigración descontrolada. Sin embargo, el Frente Obrero sostiene que ambas visiones resultan insuficientes si no se analiza quién obtiene realmente los beneficios económicos de este modelo migratorio y quién soporta sus costes.

Desde esta perspectiva, la inmigración masiva no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como una herramienta que favorece los intereses de determinadas élites políticas y empresariales. El incremento constante de la oferta de mano de obra permite ejercer una presión permanente sobre los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores. Cuanto mayor es la competencia por un mismo empleo, mayor es la capacidad de las empresas para imponer sueldos bajos, contratos precarios y peores condiciones de trabajo.

Este fenómeno fue descrito por Karl Marx con el concepto de «ejército industrial de reserva»: una sobreoferta permanente de mano de obra que permite contener los salarios y deteriorar las condiciones laborales de los trabajadores. En este contexto, el principal perjudicado no es únicamente el inmigrante que llega en condiciones de vulnerabilidad, sino también el trabajador español, que ve deteriorarse su capacidad de negociación, su poder adquisitivo y sus expectativas de mejora laboral.

Las consecuencias no terminan en el ámbito del empleo. Son los barrios obreros los que, en mayor medida, soportan los efectos derivados de un crecimiento demográfico acelerado y de unas políticas migratorias que, no han ido acompañadas de mecanismos eficaces de adaptación e integración. La presión sobre la vivienda, la saturación de determinados servicios públicos, la competencia por los empleos menos cualificados y los problemas de convivencia recaen principalmente sobre las familias trabajadoras.

Mientras tanto, quienes diseñan estas políticas rara vez experimentan esas consecuencias en primera persona. Gran parte de la clase política desarrolla su vida cotidiana en barrios con elevados niveles de renta, alejados de las zonas donde se concentran los principales problemas sociales asociados a la inmigración masiva. Esa distancia entre quienes toman las decisiones y quienes sufren sus efectos explica, para muchos manifestantes, la desconexión existente entre el discurso institucional y la realidad cotidiana de numerosos trabajadores.

La protesta frente a la Embajada de Marruecos también quiso señalar la dimensión geopolítica del fenómeno migratorio. Los asistentes denunciaron que Marruecos ha utilizado en distintas ocasiones los flujos migratorios como un instrumento de presión sobre España. Siendo esto sin duda así, con todo, desde la perspectiva de clase el control efectivo de las fronteras no constituye únicamente una cuestión de soberanía nacional, sino también una condición necesaria para desarrollar una política laboral que proteja los intereses de la clase trabajadora.

Para el Frente Obrero, la defensa de unas fronteras controladas no responde únicamente a criterios identitarios, sino también a la necesidad de impedir que el mercado laboral sea utilizado para abaratar el coste del trabajo y debilitar la posición de quienes viven de su salario. En consecuencia, defender España y defender a los trabajadores forman parte de una misma realidad política.

La concentración celebrada en Madrid evidenció que existe un sector creciente de la sociedad que interpreta la cuestión migratoria no solo desde una perspectiva identitaria, sino también desde un enfoque social y económico. Para estos ciudadanos, oponerse al actual modelo migratorio no es únicamente una cuestión de seguridad, de control fronterizo o de preservación de la identidad nacional, sino una reivindicación de justicia social, de protección de las condiciones de vida de la clase trabajadora y de defensa de los intereses nacionales frente a un modelo que beneficia a una minoría económica mientras precariza al conjunto de los trabajadores españoles.

 

Referencias.

Discurso de Roberto Vaquero en la concentración del 2 de agosto del 2026 frente a la embajada de Marruecos. Minuto 0:20. https://www.youtube.com/shorts/R_Wty2jC0xY

El problema de la inmigración en España. Roberto Vaquero entrevistado por Daniel Fopiani. Minuto 2:50. https://www.youtube.com/watch?v=rRyltRmxyhA

Vaquero, Roberto. 2023. Inmigración. ¿Realidad, Fenómeno o Problema? Círculo Rojo. Página 170.

Vaquero, Roberto. 2024. Por Qué el Obrero Vota a la Derecha. La Esfera de los Libros. Página 139.