4 de agosto de 2026

La difícil posición de Vox frente...

VOX en la encrucijada geopolítica

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La difícil posición de Vox frente a Marruecos, ejemplificada con un par de casos recientes.

A quienes hacen análisis serios no se les escapa que Vox tiene, además de sus otras muchas contradicciones, un enorme conflicto interno en lo que a geopolítica se refiere. Por una parte, Vox se declara ferviente patriota y defensor de España. Por otra parte, geopolíticamente, se alinea de manera inequívoca con el eje EE. UU.-Israel. Y, finalmente, sucede que uno de los aliados de ese eje EE. UU.-Israel es Marruecos, nuestro más directo enemigo geopolítico: es un país cuyo régimen pretende atentar contra nuestra integridad territorial e invadir —brusca o paulatinamente, mediante la inmigración— nuestro territorio con sus quintacolumnistas. Así, Vox se ve obligado, por una parte, a ser enemigo de Marruecos y, por otra parte, a ser su amigo.

Es la consecuencia de no poner de manera inequívoca a España, su soberanía y sus intereses como única prioridad geopolítica.

De esta contradicción hemos tenido ejemplos más o menos recientes. Destacamos dos. Santiago Abascal declaraba, hace un par de meses, en el pódcast de Pedro Buerbaum en YouTube: «Marruecos no es el enemigo». Desde la simple y pura sensatez cabe preguntar: si Marruecos no es el enemigo de España, ¿quién lo es? Porque, como hemos dicho, Marruecos es un país que amenaza nuestra integridad territorial y que utiliza la inmigración para implantar sus redes en nuestro territorio. Y esto dejando aparte que Marruecos somete a nuestro gobierno mediante un chantaje realizado a través de tecnología israelí. Con lo recientemente sucedido en Ceuta, Abascal ha declarado (en consonancia con declaraciones previas) que la invasión migratoria vivida allí es un ataque a nuestra integridad territorial promovido por Marruecos (y consentido por Sánchez). Pero, por mor de coherencia, es razonable plantearse hasta qué punto podría defendernos de nuestro principal enemigo geopolítico un partido que se alinea servilmente con el eje EEUU-Israel, un eje que siempre va a proteger a Marruecos antes que a España.

Y hablando de la reciente invasión migratoria de Ceuta por obra de Marruecos, viene a cuento nuestro segundo ejemplo. El pasado domingo día 2 de agosto, el Frente Obrero convocó una concentración frente a la embajada de Marruecos en Madrid para protestar contra lo sucedido en Ceuta. Varios miles de personas —más de 5000 personas— acudieron a esta concentración desde diversos puntos de España y también lo hicieron, invitados o a título personal, miembros de distintas organizaciones: allí estuvo Díaz Esteve de Desokupa; estuvieron representantes de las viudas de los guardias civiles de Barbate; estuvo Macarena Olona; estuvo Alvise (solo para hacerse la foto y luego apropiarse de la convocatoria diciendo “movemos a miles de personas”) y hubo miembros de Vox, probablemente porque se sentían afines al motivo de la convocatoria y su partido no había hecho ninguna convocatoria similar.

También estuvo El Enclave y allí entrevistamos brevemente al diputado provincial de Vox en Segovia Pedro Varela de Sagarra. Durante la conversación, el diputado calificó de «invasión» lo sucedido en Ceuta y sostuvo que la entrada masiva de inmigrantes había sido provocada por el Reino de Marruecos, al tiempo que responsabilizó al Gobierno de Pedro Sánchez de mantener una política migratoria que, a su juicio, favorece este tipo de situaciones. Sin embargo, también ratificó la posición expresada por Santiago Abascal de que Marruecos no constituye un enemigo de España, definiéndolo como «un vecino complicado».

Las respuestas ofrecidas durante la entrevista reflejan una contradicción en el discurso de Vox sobre Marruecos. El diputado calificó la entrada masiva en Ceuta de «invasión», sostuvo que había sido provocada por el Reino de Marruecos y defendió la necesidad de «pararle los pies» al régimen alauí. Sin embargo, ratificó al mismo tiempo la posición de Santiago Abascal de que Marruecos no constituye un enemigo de España. Esa dualidad plantea interrogantes sobre la coherencia de la política exterior del partido, especialmente teniendo en cuenta la estrecha relación que Estados Unidos e Israel mantienen con Rabat, siendo además los actuales gobernantes de ambos países aliados políticos de Vox. La cuestión de fondo es si un partido que sitúa la defensa de España en el centro de su discurso puede sostener que el Estado al que atribuye la presión migratoria sobre nuestro país no constituye, al mismo tiempo, un enemigo de los intereses nacionales.

En conclusión, la alineación geopolítica de Vox de ninguna manera lo ayuda a defender clara y decididamente a España de su más directo enemigo: Marruecos.