jueves, febrero 29, 2024

Etiopía y la guerra del Tigray

Un conflicto que asola el cuerno de África

Desde noviembre de 2020, la guerra en Etiopía ha persistido, marcando 2024 con una escalada y una creciente complejidad en el conflicto. Este enfrentamiento, arraigado en las tensiones entre el gobierno federal de Etiopía y la región del Tigray, ha implicado a diversos actores y ha tenido repercusiones humanitarias y geopolíticas significativas.

La guerra se desató por tensiones acumuladas entre el gobierno federal, liderado por el primer ministro Abiy Ahmed, y el Frente de Liberación del Pueblo Tigray (TPLF). El conflicto se intensificó cuando Tigray celebró elecciones en septiembre de 2020, desafiando la decisión del gobierno federal de posponer las elecciones nacionales debido a la pandemia de COVID-19.

En 2024, la situación se ha complicado. Los enfrentamientos entre las fuerzas del TPLF y el ejército etíope han continuado, con acusaciones de atrocidades por ambos lados. La participación de Eritrea, apoyando al gobierno de Etiopía, ha ampliado las dimensiones del conflicto.

El impacto humanitario ha sido devastador. Millones han sido desplazados y han sufrido violaciones generalizadas de derechos humanos, incluyendo asesinatos, violencia sexual y reclutamiento de niños soldados. La economía de Etiopía, previamente en rápido crecimiento, ha sido gravemente afectada. El turismo, la inversión extranjera y el desarrollo se han visto negativamente impactados, exacerbando las tensiones sociales y étnicas.

La Unión Africana ha liderado esfuerzos de mediación, pero estos han tenido un éxito limitado hasta 2024. Las tensiones geopolíticas en el Cuerno de África han complicado aún más la situación, con países vecinos preocupados por la estabilidad y la seguridad regional.

Un giro significativo en el conflicto surgió con un acuerdo entre Etiopía y Somalilandia en 2024. Etiopía obtuvo acceso al Mar Rojo, y a cambio, Somalilandia recibió acciones en Ethiopian Airlines y la posibilidad de reconocimiento como estado independiente. Este acuerdo ha sido criticado por Somalia, que enfatizó la protección de su integridad territorial. La comunidad internacional, incluyendo Estados Unidos y la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), ha mostrado preocupación por las posibles implicaciones del acuerdo en la estabilidad regional y la lucha contra Al Shabaab.

Este acuerdo refleja el deseo de Etiopía de recuperar el acceso al mar, perdido tras la independencia de Eritrea, y el esfuerzo de Somalilandia por el reconocimiento internacional desde su declaración de independencia en 1991.El conflicto en Etiopía ha añadido una compleja dimensión internacional y regional, con posibles repercusiones en la lucha contra el terrorismo y la estabilidad en el Cuerno de África. La situación es dinámica y está sujeta a cambios a diario con el factor agravante del reconocimiento de Somalilandia que conduce cada vez más a una guerra regional que podría incluir más participantes como es la discrepancia de Egipto a la «Gran Presa del Renacimiento Etíope» y que frente a una fortaleza o debilidad mayor de Etiopía puede llevar a realizar movimientos militares.

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