Una nueva cifra récord vuelve a poner de manifiesto el deterioro de la situación económica y social de los jóvenes en España. El 85 % de las personas de entre 16 y 29 años no puede independizarse debido, principalmente, al elevado precio de la vivienda, que dificulta el acceso tanto al alquiler como a la compra incluso para quienes tienen empleo.
La crisis de la vivienda afecta especialmente a la población joven. Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE), únicamente el 14,5 % de los jóvenes logró emanciparse en 2025. Se trata de la cifra más baja desde que comenzaron los registros en 2006.
Los datos del CJE muestran además que compartir vivienda se ha convertido en la principal vía para lograr la emancipación. No resulta extraño que, desde 2022, la oferta de habitaciones en alquiler haya aumentado un 85,4 %. Por una habitación, los jóvenes llegan a destinar hasta el 33 % de su salario. Entre quienes han conseguido independizarse, el 56,6 % vive de alquiler y el 87 % comparte piso. Esta realidad ayuda a explicar por qué solo uno de cada cuatro jóvenes con empleo ha logrado emanciparse.
La situación resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que el salario de la juventud trabajadora ha aumentado un 1,7 % en términos interanuales. Sin embargo, esta mejora no se ha traducido en una mayor capacidad para desarrollar una vida autónoma. Además, el desempleo juvenil ha descendido hasta el 17,2 %, una cifra que, en una economía funcional, debería contribuir a facilitar el acceso a la vivienda. No obstante, según los últimos registros, el precio de la vivienda alcanzó máximos históricos a finales del año pasado.
El esfuerzo laboral ya no garantiza el acceso a un bien tan básico como una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler. Tampoco la formación superior parece ofrecer una solución efectiva, ya que la tasa de emancipación entre los jóvenes con estudios universitarios apenas alcanza el 20,4 %. A ello se suma que uno de cada cinco jóvenes ocupados se encuentra en riesgo de pobreza, una circunstancia que evidencia las dificultades crecientes para construir un proyecto de vida independiente.
Todo esto retrasa la edad media de emancipación que se ubica ahora más allá del umbral de la juventud, situándose en los 30,2 años, lo que tiene un impacto en las catastróficas tasas de fertilidad. Frente a los que piensan que todo esto se debe a la falta de esfuerzo hay que decir que, según el Informe de 2024 del CJE, el número de jóvenes que estudia y trabaja a la vez es de un 23%, la misma cifra que la de jóvenes que solo trabajaban en 1992.
La situación es insostenible. Si el salario medio de las personas jóvenes es de 1.191 euros, el precio medio del alquiler es de 1.176 euros mensuales, lo que equivale al 98,7% del salario. Si vamos a la compra de vivienda, un joven debería aportar, de media, más de 15 años de su salario íntegro para poder obtener una. En 1995 sólo eran necesarios los salarios íntegros de 4 años de media, esto nos hace tener una idea de la degradación constante de las condiciones de vida.
El problema de la vivienda se ceba con la juventud y agranda las desigualdades en nuestro país. A grandes rasgos se juntan tres problemas en nuestro país, el primero es la falta de construcción de nueva vivienda, el segundo es la existencia de grandes tenedores y fondos de inversión que acaparan la vivienda, y el tercero la inmigración masiva que tiene sin lugar a dudas un impacto al acrecentar la demanda de vivienda. Sin una intervención fuerte del Estado en la vivienda, incluyendo programas de expropiación a grandes tenedores y de aumento del parque público de vivienda, y sin una restricción severa a la adquisición de vivienda que priorice a los españoles, el problema continuará.