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La soberanía energética marca los precios

Los impuestos a la electricidad suben en 2024 mientras el Gobierno se contradice con las energías verdes

El Consejo de Ministros ha decidido subir el IVA de la electricidad a partir del 1 de enero de 2024, pasando del 5% actual al 10%, porcentaje que se mantendrá durante todo el año. El objetivo del Gobierno es volver progresivamente al 21%

También afectará a los consumidores la subida del Impuesto Especial de la Electricidad, que se aplica antes del IVA y, por tanto, afecta a este, pasando del 0,5% actual al 2,5% y al 3,8% a partir de abril, con el objetivo de que vuelva al 5,11%. En cuanto al descuento en la factura eléctrica para los hogares vulnerables, se mantendrá en el 65% hasta mediados de 2024, y en el 80% para los que ingresen menos de 12.600 euros al año.

Ha sido gracias a estas rebajas que en 2023 los precios de la factura de la luz han vuelto a niveles previos a 2021, fecha a partir de la cual las compañías energéticas aprovecharon para inflar los precios a los consumidores con la excusa de la guerra en Ucrania, consiguiendo beneficios récord, más de 19.000 millones de euros en 2022. Sin esas rebajas, los precios serían notablemente superiores, ya que, según datos de la OCU, el MWh supera los 80 euros en 2023, mientras que antes de 2021 apenas superaba los 50 euros. 

En este caso, el oligopolio energético aprovecha su posición de poder para hacerse de oro. Recordemos las puertas giratorias a través de las cuales políticos del PPSOE acaban en la empresa privada, viendo recompensado su servilismo tras ejercer funciones públicas. Esta camarilla de políticos y grandes empresarios llevan décadas demostrando que su única patria es el dinero.

Las puertas giratorias del oligopolio energético. Foto: El Enclave

Voracidad de las grandes empresas al margen, el precio de la energía depende de la capacidad de generación del país. En este sentido, las centrales nucleares siguen siendo las más estables y eficientes, ya que suelen generar al máximo de su rendimiento, al contrario de las energías eólica, fotovoltaica e hidráulica, que dependen de una climatología favorable. 

Según datos de Red Eléctrica, con apenas el 5,7% de la potencia instalada, la nuclear representa el 20,3% de la generación anual de energía en España, mientras que las renovables antes mencionadas suponen un 58,1% de la potencia instalada y representan el 47% de la generación. Es por ello que sorprende el plan del Gobierno para el cierre anticipado de siete centrales nucleares para antes de 2035, mucho más si se tiene en cuenta que el PSOE votó hace unos meses a favor de incluir a la nuclear entre las energías libres de emisiones en el Parlamento Europeo. Lo lógico sería invertir para renovar el parque nuclear, modernizándolo para mejorar su eficiencia y reducir los residuos sólidos que genera.

El propio Ejecutivo reconoce que el cierre podría provocar apagones, además de una mayor dependencia de las importaciones de gas para garantizar el suministro eléctrico, lo que supondría un aumento significativo en el coste de la factura y en la emisión de gases de efecto invernadero, algo totalmente contrario al discurso eco friendly que el PSOE escenifica de cara al público. 

En la actualidad, la mayoría de la energía eléctrica proveniente del gas se genera en centrales de ciclo combinado, que utilizan el calor del gas quemado para calentar una caldera cuyo vapor mueve otro generador. Supone el 21% de la potencia instalada, el 17,2% de la energía anual generada y, lo más destacado, el 56% de las emisiones de CO2 de España en la generación anual de energía.

El desprecio a la nuclear por parte del Gobierno dentro de las fronteras españolas, que en Europa se convierte en aprecio, es todavía menos entendible si se tienen en cuenta las reservas de uranio patrias, que no pueden ser explotadas debido a la Ley de cambio climático aprobada en 2021. Mientras no se aprovechan los recursos propios, Rusia es el principal suministrador de uranio de España, que, además, es uno de los países que más gas natural licuado importa del país presidido por Putin.

La diversificación en la generación de energía en España ayuda a compensar los meses flojos de las fuentes que dependen de la climatología. Mientras que la fotovoltaica funciona mejor en verano, la eólica lo hace en invierno y primavera. En el caso de la hidráulica, esta depende de las lluvias, que determinan el nivel de los embalses. La nuclear forma parte de ese equilibrio y complementa a las demás, sirviendo de seguro cuando los vientos no acompañan, ya sea por defecto o por exceso, ya que la eólica debe parar cuando el viento es muy fuerte para no estropear las turbinas.

Un problema de la nuclear es que genera lo mismo durante todo el día, por lo que el exceso de energía se pierde cuando la mayoría de consumidores se encuentran durmiendo. Una solución a ese problema son las Centrales de Bombeo Inverso (CBI), que requieren de dos embalses a diferente altura y permiten utilizarlos como baterías, bombeando el agua de abajo a arriba gracias a la energía sobrante, lo que permite reutilizar el agua para la generación hidráulica. 

El potencial de las CBI en España es evidente por la infraestructura ya existente, más si se tienen en cuenta las sequías de los últimos años. Los recursos están para garantizar las necesidades básicas de la población sin sobreexplotarlos, de forma eficiente. Esto no será así mientras las élites españolas estén más pendientes del amiguismo, del cobro de comisiones y el servilismo a potencias extranjeras.

2 COMENTARIOS

  1. Se habla mucho del potencial nuclear de España pero no oigo a nadie apostar por la biomasa o el biogás, que es algo en lo que España verdaderamente tiene mucho que ofrecer.

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