jueves, abril 18, 2024

Panderetas de guerra

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Dice Margarita Robles que la sociedad no es consciente de la amenaza total y absoluta de una guerra. Y yo creo que la ministra lleva razón. Entre pitos y flautas nos hemos plantado en 2024 con un ejército de tiktokers, con bailarines de uniforme y oficiales cantando a capela. Mientras, el narco abusa por tierra y mar de una Guardia Civil más infradotada que nunca y la policía titubea ante las turbas de nacionalidad jovenlandesa… No son buenos tiempos para las FCSE. Por si fuera poco, la Marina Real Británica continúa en su hostigamiento a los pescadores españoles frente a Gibraltar y Marruecos se anexiona de palabra Canarias, Ceuta y Melilla. Eso, cuando no colabora su Marina para inundar la costa andaluza de droga del Magreb. Yo creo que ni la propia ministra es consciente del escenario de guerra que se plantea.

Y con la que está cayendo, nos piden que miremos de nuevo al este. Ahora que Putin se ha reforzado como nunca a la cabeza de Rusia, nuestros políticos se han puesto gallitos. El gallo francés quiere sacar sus espolones a relucir. El aparato industrial y logístico que mantiene al cuarto ejército del mundo tiene hambre y los rifirrafes con paramilitares rusos en África no le están llenando el estómago. Macron parece querer tapar con gritos de guerra en el exterior la particular guerra que se libra en el interior de su país. Francia es aquel lugar donde grupos criminales extranjeros se enfrentan a tiros con la policía, donde la capital parece ser un suburbio de Orán y el islamismo militante recluta adeptos en toda la geografía gala. Un país donde una población administrativamente francesa simpatiza más con la causa del Profeta que con la propia nación francesa.

Los alemanes han decidido seguirle el juego a Macron, ignorar la amenaza en su interior y apretar los puños mirando a Rusia. Debe ser que el Putin que le suministra gas es más peligroso que el Erdoğan que abre partidos turcos en suelo germano. Pero la más jovial en todo este asunto es von der Leyen. Debe ser todo un orgullo ser la primera mujer en llevarnos a un conflicto bélico internacional. Aquello que llaman socialización masculina, que ya sabemos que azuzar la guerra es cosa de hombres. O quizá está feminizando las amenazas nucleares. Vayan ustedes a saber.

Dos años de guerra en Ucrania –diez, para los más cafeteros– han servido para hacer saltar por los aires muchas tapaderas. La primera, que el ejército ruso sigue siendo una fuerza formidable, y ahora cuenta con más experiencia militar si cabe. La segunda, que la industria de la guerra sigue siendo tan lucrativa como siempre. La tercera, que la Unión Europea ha corrido la misma suerte que la Sociedad de Naciones de entreguerras: un fracaso diplomático absoluto. De nuevo, el gran vencedor de un conflicto en suelo europeo está en la otra orilla del Atlántico.

Estados Unidos está ejecutando a la perfección su segundo Plan Marshall. No solo nos colaron gas natural licuado con sobrecostes, sino que han enfrentado a la UE con su vecino más potente a nivel militar y económico. Tenemos una Europa que desconfía de su frontera este mientras descuida la frontera sur. La necesidad de fortalecer la economía yanqui a costa de sus supuestos aliados del viejo continente revela que en esto de la geopolítica las burguesías nacionales aún tienen mucho peso. La americana ha sacado las uñas, ven en la guerra en Europa una forma de reflotar su economía. El Plan Blinken, el nuevo Plan Marshall, promete inundar Europa de inversiones americanas para cubrir el desastre. Por su parte, JP Morgan y Black Rock no ven ruinas en Ucrania, sino una oportunidad de negocio. Imaginen si el pastel fuera tan solo un poco más grande.

Claro que Spain is different. Aquí estamos recorriendo en 25 años la senda que ha costado a Francia más de 70 en recorrer. Y lo hacemos además con nuestro vecino y amigo del sur amenazando con invadir nuestro territorio y enviando oleadas de individuos que, en caso de guerra, tienen muy claro con quién están. Nuestro padrino mayor se ha cuidado de alimentar bien a Marruecos con toda clase de equipamiento militar. Y desde luego Israel no ha dejado pasar la oportunidad. Para esto de los negocios sí se entienden bien alauitas y hebreos. A este paso Marruecos va a tener mejor ejército que España antes de que acabe la década. Y por no tener no tenemos ni ganas de combatir ni dirigentes que estén a la altura.

Es evidente que la guerra nos parece un escenario inimaginable. Reverte acierta al avisar que nuestra generación no ha pasado dificultades, o al menos, no las que han pasado otros pueblos. Mediterráneo abajo los jóvenes vienen, literalmente, a comerse el mundo. Un mundo que no hemos valorado y por el que nos hemos esforzado, como sociedad, en sacar las puntillitas más insignificantes. Un mundo de combustibles fósiles, de Manolos y de mujeres sin pene. Pero ese mundo se acaba y tras él no viene algo mejor.

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