viernes, mayo 24, 2024

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Revueltas campesinas en la India: las claves del conflicto

Los agricultores indios vuelven a movilizarse por unos precios competitivos, acceso al agua y protección de la producción

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Aunque la crisis agrícola de la India, la desposesión, la mala gestión y todas las causas del desastre y sus síntomas, como la pobreza y las hambrunas recurrentes, se pueden rastrear hasta los días de la dominación colonial británica y los fracasos del nuevo estado indio desde la independencia en 1947, el conflicto actual estalla a finales de 2016, cuando Tamil Nadu, sufrió su peor año de lluvias en 140 años. Entonces, más de 150 campesinos de este estado del sur del país permanecieron sentados casi un mes en la capital, desnudos y sosteniendo los huesos de sus compañeros que se habían suicidado, con hierbas y ratones muertos en sus bocas. A ellos se unieron gentes de cinco distritos del delta del río Kaveri, devastados por el ciclón Gaja. «Queríamos avergonzar simbólicamente a nuestros líderes» declararon.

Los agricultores en la India son muy sensibles a las variaciones del clima y dependen en gran medida de las lluvias. El promedio de precipitaciones está disminuyendo, y las lluvias monzónicas se retrasan cada año más, mientras aumentan los fenómenos extremos como inundaciones y ciclones, que devastan los cultivos. El apocalipsis comienza en forma de pozos secos (más de 2/3 de los campos de la India se riegan con aguas subterráneas), y mientras el rendimiento es cada vez menor, los costos aumentan y la renta agrícola se viene abajo. Esto produce inseguridad alimentaria y desnutrición, endeudamiento, migraciones masivas y una pavorosa ola de suicidios. Según las estadísticas oficiales (2016) un agricultor indio gana menos de 280 dólares al año, y más de 320.000  se han suicidado desde 1995. La India produce hoy más alimentos que nunca, pero reúne al 24% de las personas desnutridas del mundo.

Las protestas fueron en aumento y aunque cada región y cada comunidad tenía unos problemas diferentes y estaban librado sus propias batallas, las respuestas del Estado nunca solucionaban las demandas. Así, en 2020 las protestas ya se habían generalizado por todo el país. Además de las leyes sobre el crédito agrícola y los precios de los productos, querían un debate sobre el uso del agua y nuevas prácticas de producción.

Alrededor de 200 organizaciones agrarias de muy diverso signo: desde asociaciones de propietarios, de mujeres, organizaciones marxistas y pequeños grupos locales, empezaron un goteo de protestas, sin por ello olvidar el futuro de sus cultivos, implementando nuevas técnicas y buscando soluciones locales: El gobierno del estado de Kerala, por ejemplo, promueve la siembra compartida y fomenta la producción orgánica. En Karnataka, practican una agricultura de «costo cero», utilizando semillas rústicas ancestrales obtenidas gratuitamente. En el desertificado Rajastán estudian y mejoran el manejo de sus cuencas hidrográficas, compartiendo en el contexto de las movilizaciones, sus descubrimientos con otros agricultores de Bihar, donde están emigrando muchas familias; y así en muchas de las comunidades movilizadas.

En septiembre de 2020 el gobierno del ultraderechista Narendra Modi, ignorando las movilizaciones del campo, a las que reprime con dureza para evitar su llegada a la capital, (usando en algunos casos munición letal y matando hasta 6 agricultores), aprueba tres nuevas leyes sin consulta alguna, favoreciendo la privatización de tierras y agua y convirtiendo de facto en siervos de las grandes corporaciones a los pequeños agricultores. Modi presentó las nuevas leyes agrícolas como unas reformas necesarias que atraerían inversión privada al sector agrícola y ayudarían a modernizarlo. Las protestas se recrudecieron y mantuvieron una gran acampada en los alrededores de la capital, a pesar del drama de la primera y segunda ola del COVID con 400.000 caso diarios confirmados y que castigó especialmente a las zonas rurales.

El 26 de enero de 2021, día de la República, los campesinos y trabajadores agrícolas por fin consiguen irrumpir en Nueva Delhi, con la consigna de que el día de la Constitución de 1950 era también su día, más de 500.000 tractores entran en la ciudad. Los medios de comunicación controlados por las grandes empresas y terratenientes, los acusan de matones, parásitos y terroristas pero ellos no se inmutan, pues aceptar las nuevas leyes significaría su desaparición y entregar el control de la producción y de sus vidas a las corporaciones y grandes cadenas alimentarias.

Tras casi un año de protestas y aunque el gobierno no había tomado ninguna iniciativa de diálogo, en Noviembre, el Primer Ministro anunció que las tres leyes agrarias, centro de las protestas iban a ser derogadas. Las asociaciones de agricultores lo consideran una gran victoria, aunque las cercanas elecciones regionales en los estados, eminentemente agrícolas, de Punjab y Uttar Pradesh podían haber influido a la hora de tomar la decisión. A pesar de este triunfo, los agricultores mantienen su descontento con los progresos del diálogo porque, a pesar de todas las promesas realizadas, el gobierno no atiende a sus demandas.

A finales de este pasado mes de Febrero de 2024, los agricultores rechazaban la nueva propuesta realizada por la autoridades y volvían a movilizarse. A diferencia del sector industrial, los agricultores no pueden fijar precios minoristas para sus productos y tienen que vender sus cultivos al por mayor después de la cosecha, lo que hace bajar los precios hasta niveles insostenibles.

Para volver a presionar en las negociaciones, convocan una marcha pacífica sobre Nueva Delhi, en un año de elecciones generales. En la misma línea el «Frente Unido de Agricultores», uno de los sindicatos que lideran las movilizaciones, convocaba una huelga nacional.

La policía no permitió nuevamente el acceso a la capital y cargó contra los manifestantes con drones y gases lacrimógenos en los alrededores de la ciudad, cuando decenas de miles de agricultores, con sus camiones y tractores, intentaron acceder. Las fuerzas policiales levantaron barricadas con vallas metálicas, bloques de cemento y alambres de púas para impedirlo.

Las organizaciones agrarias exigen, entre otras reivindicaciones históricas, garantías legales para su producción y precios mínimos, que se garantice la propiedad de sus fincas y el acceso a la gestión del agua. Cuando el 63% de la tierra agrícola pertenece a agricultores que poseen menos de una hectárea y a medida que las minas de carbón y otros usos energéticos se expanden, se pierde el bosque nativo y las tierras comunales y el acceso a la tierra de cada vez más campesinos se hace imposible.

Amenazan con una nueva protesta masiva como la de 2021, que duró casi un año: «Hacemos un llamamiento al gobierno para que resuelva nuestros problemas o retire las barricadas y nos permita acceder a Delhi para protestar pacíficamente», afirmó uno de sus dirigentes.

En Asia como en Europa la destrucción del sector primario, la privatización de los recursos y su entrega al capital financiero trae un corolario de pobreza y exclusión, que los campesinos de allí y de aquí no están dispuestos a tolerar.

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