España inicia el año siendo uno de los países que más grava a los ciudadanos con los impuestos sobre la renta. El tipo impositivo más alto en nuestro país se ubica en un 54% sumando el tramo autonómico y estatal; es un 16% superior a la media europea, del 38%. Únicamente nos supera Dinamarca (55,9%), Francia (55,4%) y Austria (55%).
Según la OCDE, cuando la carga fiscal total supera niveles muy altos (aproximadamente 50‑52 % del PIB), se puede considerar que el país tiene un espacio fiscal limitado o excesivo, ya que aumentar impuestos adicionales podría afectar negativamente al crecimiento económico.
El tipo impositivo promedio en los países miembro de la OCDE se sitúa sobre el 43,4%, 10 puntos por debajo del aplicado por España. Por regla general, los países con economías menos desarrolladas aplican tipos impositivos más bajos, como por ejemplo Bulgaria y Rumanía con un 10% o Moldavia con un 12%. Sin embargo, España, que ya no tiene una economía desarrollada ni productiva, posee tipos impositivos excesivamente altos.
Esto supone un grave problema, porque a pesar de los datos del PIB, los salarios reales (ajustados por inflación) llevan estancados más de 30 años según el INE y la OCDE. Entre 1994 y 2024, los salarios reales aumentaron únicamente un 2,7%, mientras el coste de la vida no ha parado de aumentar.
España tiene sueldos pobres e impuestos excesivos. Esto se lleva agravando con el paso del tiempo, y es que el IRPF sufre una subida encubierta a través de la inflación, gracias a un fenómeno denominado por los economistas como progresividad fría. Esto se da cuando los salarios nominales crecen para ajustarse al IPC y los contribuyentes pueden acabar pagando un tipo medio más alto de IRPF sin haber ganado más poder adquisitivo. De esta manera, el trabajador que ha obtenido una subida salarial pasa a pagar un tramo superior.
Por si fuese poco, el gobierno ha hecho posible que los trabajadores que cobran el salario mínimo interprofesional paguen el IRPF, del que estaban exentos antes. Esto solo contribuye a esquilmar a los españoles.
La recaudación de impuestos llega a máximos históricos pero no hay ningún impacto palpable de ello en la vida de los españoles. Lo que sí que está constatado es que cada vez las rentas de las familias españolas es más baja, más aún que la que se tenía antes de entrar en el euro.