30 de marzo de 2026

Conciliación laboral y familiar, un privilegio reservado a unos pocos y la clave para aumentar la natalidad

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Hace décadas que se observa como la natalidad en España decrece de manera constante y, si bien son muchos los factores influyen en esta tendencia, uno de los factores que genera un mayor impacto sobre este indicador son las dificultades que encuentran las familias para ejercer la crianza y conciliar sus obligaciones laborales con sus obligaciones para con sus hijos.

Existen muchas normativas que pretenden regular este problema y que efectivamente quedan muy bonitas sobre el papel, pero en la práctica la aplicación de estas es muy limitada, restrictiva y requiere de muchos condicionantes.

Según la normativa española, todo progenitor tiene derecho a reducir su jornada por motivos de crianza hasta un cincuenta por ciento, sin embargo, esta reducción se traduce en la consiguiente reducción del salario, por lo que, en un contexto económico en el que la mayoría de las familias a duras penas llegan a fin de mes con el salario íntegro de ambos, con unos índices de precios disparados que se ven incrementados año tras año y un precio de la vivienda disparado, las posibilidades reales que tiene una familia de optar por esta alternativa son nulas. Además, estas medidas siempre están condicionadas a la posibilidad de denegación por parte de la empresa siempre que lo justifique.

Los elevados precios de la vivienda en zonas donde se concentran los lugares de trabajo ha generado la expulsión hacia zonas periféricas, lo que ha aumentado no solo los costes en transporte, sino los tiempos de desplazamiento hacia y desde el trabajo, con esta situación y dadas las dificultades económicas a las que se enfrenta las familia media trabajadora para acceder a las reducciones de jornada, después de una larga jornada de trabajo aquellos valientes que han decidido formar una familia llegan agotados a casa y un les queda la parte más complicada del día, cumplir con todas las obligaciones que supone tener una familia y hacerlo con el mejor humor posible para no trasladar a sus hijos la sobrecarga que pesa sobre sus hombros.

Mientras tanto, vemos como, para paliar esta situación, constantemente se están aumentando los servicios destinados la guarda y custodia de niños en horarios cada vez más ampliados, comedores escolares, aulas matinales, actividades extraescolares que se enlazan directamente con el horario escolar o con el horario de comedor, escuelas de verano, guarderías de 0 a 3 años, etc. Hasta el punto de que este tipo de actividades económicas representan cerca de un diez por ciento del PIB en España, esto es así porque, por una parte, generalmente es más asequible económicamente para una familia asumir el coste de estas actividades que el coste que supone una reducción de jornada y porque tanto el gobierno nacional como los gobiernos de las distintas comunidades autónomas prefieren subvencionar este tipo de actividades que subvencionar directamente a las familias trabajadoras para que puedan reducir su jornada laboral. Además, vemos como no siempre estas subvenciones se dirigen a aquellos que las necesitan dado que muchos de los servicios se subvencionan a familias que se consideran en riesgo de exclusión social o que tienen rentas muy bajas generalmente porque solo uno o ninguno de los progenitores trabaja, no necesitando por tanto este tipo de servicios, ya que uno de los progenitores está disponible para cuidar de los hijos. Todo esto genera que estas medidas sean ineficientes ya que se destinan a aquellos que menos las necesitan y, además, aunque se destinasen a las personas que verdaderamente precisan de estos servicios no cubren las necesidades reales puesto que lo que genera es que terceros ajenos al núcleo familiar disfruten de los niños y se encarguen de su crianza en lugar de hacerlo los padres. Por ello, no es de extrañar que, para que te crie los hijos el Estado, prefieras no tenerlos.

Además, hay que tener en cuenta que, dado que este tipo de ayudas se otorgan generalmente en base a los ingresos declarados en el año anterior y además tienen un presupuesto limitado que implica que se reparte a los que menos declararon el año anterior y van subiendo en la escala hasta que se agota. Esto supone que, si el solicitante trabaja en la economía sumergida y por tanto no declara o si acaba de llegar al país y por tanto no declaró ningún ingreso el año anterior, resulta beneficiario de este tipo de ayuda a pesar de no contribuir al mantenimiento del sistema.

Estas dificultades para conciliar se traducen en que, del poco tiempo libre que disponen los padres lo tienen que destinar simultáneamente a hacer las labores del hogar y a estar con los hijos, no pudiendo prestarles la atención que requieren.

Por otra parte, un reciente estudio determinó que, en parejas en las que uno de los integrantes teletrabaja, la natalidad aumenta frente a parejas en las que ninguno de los dos lo hace y, en los casos en que ambos integrantes lo hacían la tasa de natalidad aumentaba aún más, lo que se explica por la reducción de tiempos y costes en transporte y la posibilidad de compatibilizar tareas en uno y otro ámbito, dando sustento la tesis de que las medidas de conciliación efectivas que se ofrecen en nuestro país no son eficientes, y ni siquiera eficaces.

Al final, los sistemas económicos actuales y la filosofía woke no buscan que la natalidad o el bienestar de las personas aumente a pesar de lo que digan en sus discursos y sus agendas, buscan trabajadores sin responsabilidades que vayan más allá de su profesión y niños educados y criados sin necesaria presencia de los padres, adoctrinados por el sistema y con las necesidades de apego insatisfechas, ya que los niños con carencias afectivas de hoy serán consumidores compulsivos futuros.

 

MHM