15 de mayo de 2026

El modelo migratorio no resuelve el problema demográfico español

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Durante años se ha repetido que la inmigración era la gran solución al envejecimiento de España y a la falta de mano de obra. La teoría parecía sencilla. Llegaban trabajadores jóvenes, aumentaba la población activa y se decía que así se compensaba parcialmente la caída de la natalidad. Sin embargo, los últimos datos demográficos empiezan a reflejar una realidad bastante más compleja. Según el último informe de Funcas, el perfil de la inmigración está cambiando rápidamente y el grupo de extranjeros mayores de 54 años es ya el que más crece en España. Su peso dentro de la población inmigrante se ha duplicado en apenas dos décadas, pasando de representar alrededor del 10 % en 2006 a superar el 22 % en 2025. Además, mientras la población extranjera de entre 20 y 54 años aumentó un 25 % entre 2021 y 2025, la de mayores de 55 años creció un 42 %, una diferencia que refleja claramente el envejecimiento progresivo de los flujos migratorios.

Todo esto desmonta uno de los grandes argumentos utilizados durante años en el debate económico y demográfico, ya que se decía que la inmigración sostenía determinados sectores económicos, cuando en realidad ha servido y sigue sirviendo para mantener un modelo basado en salarios bajos y mano de obra abundante en ámbitos como la hostelería, el campo o determinados servicios. Además, ya no tiene el efecto rejuvenecedor que pudo tener hace dos décadas, puesto que muchos inmigrantes que llegaron durante los años de expansión económica han envejecido en España y, al mismo tiempo, los procesos de reagrupación familiar son cada vez más frecuentes, aumentando también la llegada de personas de edades más avanzadas. El informe de Funcas también advierte de que España tiene dificultades para retener población inmigrante de forma estable y de que muchos trabajadores extranjeros terminan trasladándose a otros países europeos en busca de mejores salarios y mayores oportunidades. Así, la capacidad de retención española ronda el 35 %, claramente por debajo de economías como Alemania o Suecia.

A mayor abundamiento, el verdadero problema es que España sigue sin afrontar sus problemas estructurales. La vivienda se ha convertido en un lujo inalcanzable para buena parte de la población, la natalidad continúa desplomándose y gran parte del empleo que se crea está vinculado a sectores de baja productividad y escaso valor añadido, lo que genera salarios reducidos y dificulta que millones de jóvenes puedan desarrollar un proyecto de vida estable. En ese contexto, la economía española demanda constantemente población extranjera para determinados sectores laborales, pero esa dependencia no elimina el problema y únicamente aplaza sus consecuencias. Los propios expertos advierten de que confiar exclusivamente en la inmigración no resolverá el desafío demográfico si no se acometen políticas que permitan crear empleo estable, reindustrializar el país y facilitar que los españoles puedan formar una familia.

España no necesita más inmigrantes. Necesita un modelo económico que permita a los españoles vivir con dignidad, construir un proyecto de vida y recuperar unas condiciones laborales que hoy parecen cada vez más lejanas para millones de trabajadores.