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Anacronismos: jugando con el pasado

De la condena al olvido a presidir la pirámide de la opresión

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¿Qué es un anacronismo? Podría definirse, simplemente como «error consistente en confundir épocas o situar algo fuera de su época» —según la RAE—. Siempre existen anacronismos inocentes —fortuitos— que se desencadenan cuando el autor desconoce determinados hechos del pasado (por ignorarlos). El problema llega cuando los anacronismos se realizan de forma consciente. Cuando se trata de extrapolar mecánicas de la contemporaneidad al pasado sin el más mínimo atisbo de análisis histórico. 

El pasado mes de noviembre, el museo de North Hertfordshire (Reino Unido) decidió comenzar a referirse al emperador romano Heliogábalo con los pronombres femeninos (en inglés she/her). Esta decisión ha causado controversia, y no es para menos. La decisión viene justificada porque, según el personal del museo se trataba de ser «[o]nly polite and respectful to be sensitive to identifying pronouns for people in the past» («[s]ólo se trata de ser amable y respetuoso a la hora de ser sensible identificando los pronombres de las personas del pasado»). 

El lector menos crítico puede llegar a estos titulares —que en el Reino Unido se han propagado con rapidez— e incluso estar de acuerdo con los mismos. No obstante, revisar la historia —así como las prácticas historiográficas más lógicas y aceptadas— puede ayudar al lector a comprender cuán ridículas resultan este tipo de afirmaciones. 

Para empezar, Heliogábalo fue un emperador que reinó entre el 218 y el 222 d.C. Las fuentes de las que los historiadores se han servido para hablar sobre él se han reducido a tres autores: Dion Casio, Herodiano y un autor anónimo —es el primero el que más suele citarse—. Estos autores —tras una damnatio memoriae (condena al olvido) impuesta desde el Senado a la muerte del emperador— realizaron, en distintos momentos, un relato sobre la vida de Heliogábalo. Dion Casio —contemporáneo suyo— sigue un esquema que repitieron muchos otros autores clásicos: una retórica moralizante que diferencia al buen emperador del malo. 

Este esquema ha sido examinado ya por algunos autores. Martijn Icks (2008) ya ha analizado cómo las descripciones que tenemos de Heliogábalo corresponden a un intento premeditado para denostar su imagen, teniendo una intención claramente moralizadora para con los ciudadanos del imperio. Que el emperador fuese, supuestamente, «afeminado», se relaciona —según Icks— con su procedencia oriental, con la debilidad y con la opulencia y riqueza excesiva. C Edwards —citada en Icks— llega a afirmar que en la antigua Roma: «whatever qualities were undesirable in a male member of the Roman elite were termed “feminine”» («cualquier cualidad que fuera indeseable en un hombre miembro de la élite romana se consideraba “femenina”»).

El párrafo anterior ayudará a entender por qué Dion Casio afirmaba que el emperador realizaba tareas como trabajar la lana, ponerse maquillaje, casarse con un auriga al que llamaba «esposo», comportarse de forma sumisa con éste y tratar de realizar una operación de cambio de sexo… entre otras acusaciones varias. 

La línea argumental está bastante clara: mostrar que el emperador no tenía el respeto de los romanos, y que no estaba capacitado para ejercer el rol político más importante del imperio. Sumemos a esto que según los autores –sea cierto o no– iba a al castrum de la guardia pretoriana acompañado de su abuela (porque los soldados no le respetaban) o que su madre iba al Senado en su lugar. Todo lo anterior refuerza la idea de que su origen oriental, su rechazo por parte de la élite senatorial y sus extravagancias (quizás la más notoria sea la religiosa) hizo que sus detractores lo colmasen de acusaciones. 

Sin embargo, parece que buena parte de la comunidad intelectual del Reino Unido no ha sido capaz de analizar de forma adecuada las fuentes primarias. Se han dejado llevar en exceso por su contexto –histórico– y no han tratado de luchar o de distanciarse ni lo más mínimo de la cultura imperante que les constriñe. En la actualidad, cada vez más, el posmodernismo cultural y la corriente woke extienden su influencia hasta los rincones más peligrosos. Cuando la Historia se trata de transformar para adaptarse a unos moldes que no son aplicables en ese contexto determinado (por ejemplo, cuando en el «British Museum» clasifican a Adriano y Antinoo como «LGBTI+ stories»), es cuando se llega a un punto de no retorno. 

Lo más preocupante es que la impresión que estos profesionales de la Historia dan al público general es que es más importante mostrar respeto por los supuestos pronombres de un emperador que orientar el discurso hacia la realidad socioeconómica del Imperio Romano. Noticias como éstas hacen que figuras históricas como Heliogábalo entren a la memoria colectiva no por su papel en la estructura estatal del Imperio Romano —como una figura clave de un sistema esclavista— sino por sus preferencias personales y demás devaneos más propios de un programa de telebasura. Una vez más, prevalece la individualidad sobre la masa, y la anécdota sobre la realidad material

BIBLIOGRAFÍA

Real Academia Española. “Anacronismo” en Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.6 en línea]. <https://dle.rae.es> [26/11/2023].

Rufo, Y., (2023). “Museum reclassifies Roman emperor as trans woman” en BBC.com <https://www.bbc.com/news/entertainment-arts-67484645> [26/11/2023].

Edwards, C., (1993). The Politics of Inmortality in Ancient Rome. Cambridge. Cambridge University Press. Icks, M., (2008). “Heliogabalus, a monster on the Roman throne: the literary construction of a bad emperor” en Sluiter, I. y Rosen, R. (eds), (2008). KAKOS, Badness and Anti-Value in Classical Antiquity. Mnemosyne Suplements. Brill.

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