17 de abril de 2026

Las elecciones celebradas este domingo en...

La derecha frente a la vivienda: el PP y un modelo que ya fracasó

imagen_convertida
Valora este artículo

El problema de la vivienda en España no es algo reciente ni puntual, lleva años acumulándose mientras el acceso se vuelve cada vez más difícil, especialmente para los jóvenes, y en todo ese tiempo el Partido Popular ha mantenido prácticamente intacta su forma de abordar esta cuestión, insistiendo en que la solución pasa por liberar suelo, construir más y dejar que el mercado funcione sin demasiadas interferencias, una idea que ya ha sido probada durante décadas sin éxito y cuyos resultados siguen estando muy presentes.

De hecho, ese mismo modelo fue el que se aplicó de forma intensiva en los años previos a la crisis de 2008, cuando España vivió un auténtico boom de construcción en el que se levantaron millones de viviendas mientras los precios seguían subiendo hasta niveles insostenibles, lo que terminó desembocando en el estallido de la burbuja inmobiliaria y puso de manifiesto que aumentar la oferta por sí solo no garantiza nada cuando el mercado de la vivienda no responde a las reglas de un mercado convencional, sino que está profundamente condicionado por su carácter especulativo (es sabido que en los mercados especulativos el precio no se determina como en los mercados convencionales).

Y es ahí donde aparece el punto que el PP evita abordar, porque hoy en día una parte muy importante de las viviendas no se compra para vivir en ellas, sino como inversión, ya sea por parte de fondos, grandes propietarios o también pequeños ahorradores que ven en el ladrillo una forma de proteger o aumentar su dinero, lo que provoca que muchas de esas viviendas acaben fuera del uso residencial real o se integren en dinámicas especulativas que empujan los precios al alza, de modo que cada nueva vivienda que entra en el mercado no necesariamente alivia el problema, sino que puede incluso reforzarlo.

Lejos de cuestionar este funcionamiento, el Partido Popular lo asume y lo defiende, oponiéndose a limitar precios en zonas tensionadas, rechazando medidas que penalicen la vivienda vacía y evitando cualquier intervención que pueda afectar a la rentabilidad del sector inmobiliario, todo ello bajo la premisa de que el mercado terminará equilibrándose por sí solo, algo que, viendo la evolución de los últimos años, resulta difícil de sostener, ya que los precios han seguido subiendo mientras los salarios permanecen estancados.

Esta desconexión entre ingresos y vivienda es lo que está dejando fuera a una parte creciente de la población, que ve cómo el esfuerzo necesario para acceder a una casa, ya sea en compra o en alquiler, no deja de aumentar, generando una sensación cada vez más extendida de que el sistema no funciona para quien intenta empezar de cero y no cuenta con un respaldo familiar previo.

Aquí es donde se evidencia la contradicción de fondo, porque el PP afirma querer facilitar el acceso a la vivienda al mismo tiempo que respalda un modelo que beneficia principalmente a quienes ya están dentro, es decir, a quienes poseen vivienda y ven cómo su patrimonio se revaloriza, mientras quienes no la tienen se enfrentan a barreras cada vez más altas, consolidando así una dinámica en la que la vivienda deja de ser una cuestión de esfuerzo personal para depender en gran medida del punto de partida.

El resultado es una sociedad más desigual, en la que el acceso a la vivienda ya no se explica solo por el trabajo o los ingresos, sino por la capacidad de heredar o recibir ayuda familiar, y donde el problema no es únicamente la falta de viviendas, sino el hecho de haber permitido que estas funcionen como un activo financiero prácticamente sin límites, algo que condiciona todo el sistema.

Mientras esa realidad no se quiera abordar de forma directa, cualquier medida que se plantee será insuficiente, porque no ataca la raíz del problema, y en ese sentido el Partido Popular no puede presentarse como ajeno a lo que ocurre, ya que forma parte de un modelo que lleva años demostrando sus límites sin que, pese a ello, se plantee un cambio de enfoque real.