Cuando alguien cae políticamente en desgracia suele ocurrir algo parecido a cuando muere una figura pública. Sus errores empiezan a desaparecer del relato y mucha gente termina construyendo una versión mucho más amable de lo que realmente fue. Algo de eso está ocurriendo con tras su imputación judicial. Parte de la izquierda española parece haber olvidado lo que representó su gobierno durante los años más duros de la crisis económica y cómo terminó aplicando políticas que castigaron especialmente a la clase trabajadora.
Aquellos tiempos del 15M, de los lemas contra “los de arriba”, de la crítica al bipartidismo y de las denuncias contra la austeridad parecen hoy muy lejanos. Muchos de los que construyeron su discurso atacando al PSOE han terminado gobernando con él o priorizando la defensa del bloque progresista frente a la derecha.
Eso no significa que toda la izquierda esté reivindicando abiertamente a Zapatero como un referente político. De hecho, varios sectores han evitado defender su legado económico y han preferido centrar el debate en los casos de corrupción del PP, recordando Gürtel, Kitchen o Bárcenas y acusando a la derecha de no poder dar lecciones. Pero precisamente ese desplazamiento del debate también evita hablar de fondo sobre lo que realmente hizo el gobierno socialista durante la crisis económica y sobre el impacto que tuvieron aquellas decisiones sobre millones de trabajadores.
La realidad es difícil de negar, el Gobierno de Zapatero, recortó el sueldo a los funcionarios, congeló las pensiones y aprobó una reforma laboral en 2010 que facilitó el despido y aumentó el poder de las empresas en plena destrucción masiva de empleo. Además pactó con el PP la reforma del artículo 135 de la Constitución para blindar constitucionalmente el pago de la deuda pública mientras millones de españoles sufrían paro, precariedad y recortes sociales. Aquellas políticas de austeridad impulsadas desde las instituciones europeas y bajo la presión de los mercados financieros profundizaron todavía más la crisis social que sufrió España.
Por eso resulta difícil entender que desde determinados sectores políticos todavía se presente a Zapatero como una figura progresista intocable. Quizá el verdadero problema es que una parte importante de la izquierda española hace tiempo que dejó de representar una alternativa real al modelo económico y político que antes decía combatir.