21 de abril de 2026

Mali apoya la ocupación marroquí del Sáhara Occidental

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El pasado 10 de abril, el Ministro de Asuntos Exteriores maliense Abdoulaye Diop, anunció que Mali deja de reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y expresó su respaldo para el Plan de Autonomía marroqui sobre el Sáhara Occidental ocupado. El  gobierno maliense, dirigido por el general Assimi Goita, afirmó que el plan marroquí era la «única base seria y creíble» para solucionar el conflicto. 

Hasta ahora, Mali formaba parte de un gran número de países que reconocen a la RASD. Este giro diplomático se produjo durante la visita al país del Ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita. El ejecutivo maliense no desperdició la ocasión para elogiar sus relaciones con el régimen marroquí. Se alabó la visión «progresista y humanista» de Mohamed VI, al tiempo que se anunció la celebración a finales de este año próxima sesión de la Comisión Mixta de Cooperación que reforzará sus relaciones estratégicas. 

Todo esto se produce en medio de las crecientes tensiones entre Bamako y Argel, originadas por el derribo de un dron maliense la noche del 31 de marzo de 2025 que según Argelia había violado su espacio aéreo. Por ello hay que considerar este cambio diplomático dentro de la rivalidad entre Argelia y Marruecos. Este último ha logrado un nuevo apoyo para su plan de ocupación del Sáhara Occidental. 

Lo que resulta curioso es que un país cuyo gobierno mantiene una retórica anticolonial, panafricanista y sobre todo antifrancesa, esté ayudando a legitimar una política colonialista a costa de la libertad de un pueblo africano; y sobretodo que se esté acercando a uno de los principales aliados de Francia en el continente y que coincida con ella en la solución al conflicto saharaui. Lo más delirante sin embargo es que la política expansionista marroquí, basada en la idea del Gran Marruecos, incluye territorios malienses. 

¿Entonces por qué acercarse a Marruecos? Mali es un país sin salida al mar y su ruptura con la CEDEAO le ha privado de puertos de vital importancia, a lo que habría que sumar el actual conflicto con los islamistas y los secesionistas tuareg. Los estragos del bloqueo de combustible por parte de los islamistas se siguen notando. Esto hace que la oferta marroquí de construir un puerto marítimo en Dajla, en pleno Sáhara Occidental ocupado, resulte ser una alternativa y una solución para las necesidades del régimen de Bamako. 

Sin embargo, la realización de este proyecto es bastante complicada dada la situación bélica que vive Mali y el propio Sáhara Occidental. Por otra parte, el pasado febrero, Níger –país que forma parte de la Confederación de Estados del Sahel (CES) junto a Mali y Burkina Faso– llegó a un acuerdo con Argelia para construir un gasoducto transahariano, un hecho que consolidó y distendió las relaciones entre Niamey y Argel. Por lo que las relaciones entre la CES y Marruecos y la CES y Argelia son más complejas de lo que parecen. La divergencia de necesidades e intereses de los distintos miembros de la CES puede suponer un problema a medio y largo plazo. 

Mali ha optado, pese a su retórica panafricana y anticolonial, por apoyar a un país africano que ocupa a otro, que además es un aliado de la tan criticada Francia. Por otro lado, como bien apunta el periodista español Alfonso Masoliver, Mali no duda en defender a capa y espada las fronteras otorgadas por el dominio colonial francés. 

Por último no debe parecernos ni casual ni poco importante la eliminación de visado por parte de Marruecos, para los ciudadanos malienses. Esto se inserta perfectamente en la estrategia marroquí de instrumentalizar la inmigracion masiva como método de presión político dirigido contra España.