Sánchez contra las cuerdas
El presidente del Gobierno ha cosechado una severa derrota en el Congreso. El rechazo a sus dos polémicos decretos de vivienda —tumbados por los votos de PP, Vox, Junts y CC— ha desatado de inmediato los rumores sobre un posible adelanto electoral
La Cámara Baja albergó el pleno para convalidar las medidas conocidas como «Decretos Maricarmen», presentados por Sánchez y sus socios de gobierno. Estas controvertidas y efímeras normas, que pretendían limitar los desahucios, regular el precio del alquiler y frenar la compra de inmuebles por parte de los fondos buitre, apenas han permanecido en vigor dos días desde su publicación en el BOE el pasado 30 de septiembre.
Tiempo atrás se especuló con la posibilidad de que la legislación saliera adelante, al menos de forma parcial. Para allanar el camino y asegurar un respaldo mínimo, el Ejecutivo fragmentó el texto en dos partes, logrando así que el PNV avalara públicamente el decreto que incluía la prohibición de los desahucios.
Sin embargo, e incluso con el apoyo de los nacionalistas vascos, el Gobierno dependía inexorablemente de Junts para salvar al menos una de las votaciones.
Ha sido precisamente ahí donde la formación de Carles Puigdemont se ha erigido como el actor crucial del tablero. Dirigido desde Waterloo, el partido amagó en diversas ocasiones con dar su brazo a torcer en función de si se aceptaban sus enmiendas. Muestra de este errático vaivén de posiciones es que, tras manifestarse en contra la tarde anterior, Junts se abrió esa misma mañana a reconsiderar el sentido de su voto en el futuro. La condición sine qua non impuesta a la Moncloa era inflexible: retirar los decretos vigentes y renegociar el texto desde cero para incluir sus exigencias.
Sin los apoyos amarrados, pero con el PSOE esperando que el órdago de Junts fuera solo un farol, los diputados se dieron cita en un hemiciclo que ya preveía una jornada de alta tensión. Antes de que arrancara el debate formal, la hostilidad ya era palpable. Desde las filas de la izquierda se escucharon advertencias; el diputado de Compromís, Alberto Ibáñez, llegó a increpar a la portavoz popular, Ester Muñoz, al grito de: «¡Lo vais a pagar!».
La sesión parlamentaria discurrió bajo la misma tónica de crispación. Lejos de buscar puntos de encuentro entre posturas ya enrocadas, los portavoces se limitaron a lanzar proclamas partidistas destinadas al consumo propio de sus respectivos bloques. Justo antes de abrirse las urnas presidenciales, Pedro Sánchez lanzó un último aviso a PP y Junts: «Hagan lo correcto porque creo que, si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con mayor contundencia».
El veredicto final de las votaciones confirmó el descalabro del bloque de la investidura. El primer decreto no fue aprovado, con 172 votos a favor y 178 en contra, mientras que el segundo sufrió un correctivo mayor, quedándose en los 166 apoyos frente a 184 rechazos.
Este revés para Sánchez y sus socios parlamentarios se suma al fiasco de otros cinco reales decretos ley en materia de vivienda derogados este año, consolidando la percepción general de que la legislatura se encuentra en vía muerta.
El presidente vuelve a quedar a expensas de las exigencias de Junts, maniatado para sacar adelante leyes y presupuestos. No obstante, frente a un gobernante acorralado que ya ha demostrado dominar los códigos de su «manual de resistencia», nadie da la batalla por concluida.
Aunque acumule una nueva derrota a sus espaldas, Sánchez medirá en los próximos días la temperatura de la calle y calculará su próximo movimiento en un escenario político donde prima el interés electoral sobre el problema habitacional.
Sánchez está contra las cuerdas, pero aún sigue en la pelea y habrá que esperar a los próximos días para ver si cae definitivamente o sigue plantando cara. Aunque se le pueda llegar a ver tirado en la lona, no hay que darlo por vencido: los tahúres siempre tienen un as escondido en la manga.
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Disposición 20266 del BOE núm. 241 de 2026
