La Ley 4/2023 introduce cambios significativos al flexibilizar los requisitos y permitir que el cambio de nombre en el registro civil se realice a edades más tempranas. Mientras que la Ley 3/2007, conocida como la Ley de Identidad de Género, ya permitía a las personas trans cambiar su nombre y sexo en el Registro Civil sin necesidad de cirugía, esta solo contemplaba a los mayores de edad. Fue la normativa impulsada por Irene Montero la que extendió este derecho a menores, abriendo la posibilidad de realizar el cambio en etapas más tempranas.
La nueva ley especifica que los menores trans, hayan iniciado o no el proceso de cambio, tienen derecho a modificar su nombre en el registro civil y, desde ese momento, a recibir un trato acorde a su nueva identidad en todas las actividades del ámbito educativo. Incluso si el cambio en el registro oficial no se ha completado, la normativa establece que se debe respetar y utilizar el nombre elegido por el alumno en consonancia con su identidad. No obstante, la aplicación práctica de estas disposiciones puede generar conflictos, generalmente por desconocimiento involuntario. Sin embargo, pueden ser interpretadas como tránsfobas o incluso «punibles» bajo la nueva legislación.
A partir de los 16 años se permite la autodeterminación del género (cambio de nombre y sexo en el Registro Civil con el único requisito de expresar la voluntad, sin necesidad de informes médicos ni tratamientos hormonales). Con 14 y 15 años es posible hacerlo con el consentimiento paterno; para los menores de 12 y 13 será necesaria una autorización judicial. Por tanto, a partir de la ESO puede haber alumnos trans.
Otro desafío en la aplicación práctica de la Ley 4/2023 es la gestión de situaciones cotidianas como los cambios de expediente o de centro educativo. Aunque estos aspectos están contemplados tanto en la normativa actual como en las leyes anteriores, en la práctica suelen generar complicaciones para el profesorado y el personal no docente. Lo que en el texto legal puede parecer sencillo, a menudo se traduce en dificultades logísticas y organizativas en los centros educativos.