El presidente ceutí del PP se presenta hoy como una de las voces más llamativas frente a la invasión migratoria procedente de Marruecos. Sin embargo, Vivas lleva 25 años gobernando Ceuta y promoviendo un modelo multicultural que, tras un cuarto de siglo, muestra evidentes signos de fracaso
Juan Jesús Vivas llegó a la Presidencia de Ceuta en febrero de 2001 mediante una moción de censura contra el Gobierno del GIL. Desde entonces lleva 25 años ininterrumpidos al frente de la ciudad y ha ganado las seis elecciones a la Asamblea celebradas desde 2003. En cuatro de ellas (2003, 2007, 2011 y 2015) obtuvo mayoría absoluta. En 2019 sufrió un importante retroceso, aunque el PP volvió a ser la fuerza más votada con nueve diputados, resultado que repitió en 2023. Un cuarto de siglo de gobierno convierte necesariamente a Vivas en una figura inseparable de la evolución política y social de la Ceuta actual.
Durante buena parte de ese tiempo, Vivas ha hecho de la multiculturalidad uno de los pilares de su proyecto político. Frente a la profunda herencia cristiana de Ceuta, una ciudad española desde hace siglos, el presidente ha promovido la denominada «Ceuta de las cuatro culturas», basada en la convivencia entre cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. Lo ha hecho mientras la composición demográfica de la ciudad cambiaba profundamente. En 1955, la población musulmana de origen marroquí representaba aproximadamente el 15 % de sus habitantes; hoy, distintas estimaciones sitúan a la población musulmana cerca del 50 % de la población de Ceuta. Pese a esta transformación, Vivas ha insistido en reforzar el modelo multicultural y todavía en marzo de 2026 afirmaba que «la diversidad nos enriquece» y que el destino de la convivencia debía ser la «fraternidad».
Esa apuesta por la multiculturalidad no se ha limitado al discurso, sino que se ha traducido también en actos institucionales y financiación pública. La Ciudad celebra cada año una ruptura institucional del ayuno con motivo del Ramadán, festividad que el propio Vivas ha llegado a definir como «una celebración de todos los ceutíes». Su Gobierno mantiene además distintas líneas de apoyo económico a las comunidades religiosas de la ciudad. En 2025 concedió 350.000 euros a la Comisión Islámica de España para reparar, acondicionar y equipar mezquitas de Ceuta, mientras que para 2026 se aprobaron otros 84.000 euros destinados a proyectos sociales y culturales de la comunidad islámica. La Comunidad Israelita cuenta, por su parte, con una subvención nominativa de 135.000 euros para su programa anual de actividades culturales, mientras que la Comunidad Hindú recibió 60.000 euros en 2024 y tiene asignados 84.000 euros en 2026 para actividades culturales y la protección y promoción de su patrimonio y tradiciones.
Como ya hemos señalado, durante los 25 años de gobierno de Vivas, Ceuta ha experimentado una profunda transformación demográfica, especialmente visible en el crecimiento de la comunidad musulmana de origen marroquí, hasta situarse, según distintas estimaciones, cerca del 50 % de la población de Ceuta. Esta evolución ha modificado de manera considerable la composición social de una ciudad de tradición histórica española y cristiana. Pese al crecimiento de esta población musulmana, Vivas ha insistido en profundizar en su modelo multicultural y en convertir la <<convivencia religiosa>> en uno de los principales objetivos de su proyecto para Ceuta. Todo ello en un contexto en el que ha crecido el denominado «quinta columnismo», protagonizado por personas y organizaciones que cuestionan la soberanía española sobre Ceuta, presentan la ciudad como una colonia española y defienden las reivindicaciones de Marruecos sobre el territorio, un fenómeno vinculado principalmente a sectores musulmanes de origen marroquí y que encuentra también respaldo en determinados sectores de una izquierda española progre que cuestionan la españolidad de Ceuta.
El modelo multicultural promovido por Vivas durante más de dos décadas, unido a las reivindicaciones expansionistas de Marruecos sobre Ceuta, ha creado un caldo de cultivo para aumentar la presión migratoria sobre la ciudad. Esa presión se hizo especialmente visible en mayo de 2021, cuando Ceuta sufrió una de las mayores invasiones de su historia reciente. En apenas dos días, alrededor de 8.000 personas procedentes de Marruecos entraron irregularmente en la ciudad mientras las autoridades marroquíes relajaban sus controles. El Gobierno español desplegó al Ejército y Vivas reconoció que aquello era «mucho más» que una crisis migratoria. Sin embargo, apenas diez meses después recibió con optimismo el acercamiento a Rabat impulsado por Pedro Sánchez tras el cambio de posición española sobre el Sáhara Occidental. Vivas sostuvo entonces que la nueva etapa permitiría proteger la soberanía e integridad territorial de Ceuta, mejorar el «control y contención de la inmigración irregular» y evitar que se repitiera una situación como la de 2021.
Vivas se equivocaba. La población musulmana de Ceuta continuó creciendo, mientras el Gobierno de Pedro Sánchez profundizaba su acercamiento y sumisión a Marruecos y defendía la cooperación con Rabat como pieza fundamental de su política migratoria. Cuatro años después, aquella confianza saltó por los aires. Los días 30 y 31 de julio de 2026 Ceuta sufrió una nueva invasión migratoria desde Marruecos, de una dimensión muy superior a la registrada en 2021. La investigación abierta por la Audiencia Nacional trabaja con una horquilla de entre 75.000 y 85.000 personas movilizadas hacia Ceuta durante aquellas jornadas. El episodio volvió a mostrar la enorme vulnerabilidad de la ciudad. Ante lo sucedido, Vivas aseguró que «Marruecos ha demostrado que no es fiable» y definió lo ocurrido como una «invasión en toda regla».
Pese a la invasión sucedida, Vivas ha mantenido su apuesta por el modelo multicultural. Un ejemplo reciente llegó el pasado 2 de septiembre, cuando Adil Mohamed Hachmi, ceutí e imán del Centro Cultural Islámico de Madrid, conocido como la Mezquita de la M-30, recibió la Medalla de la Autonomía. Formado en ciencias islámicas en la Universidad Islámica de Medina, en Arabia Saudí, Hachmi había sido propuesto por el PSOE por su labor en <<favor de la integración y la convivencia>>, una candidatura que posteriormente recibió el respaldo de la Asamblea de Ceuta.
Antes de cerrar este análisis, sería injusto responsabilizar directamente a Vivas de la apertura de la frontera. El control fronterizo, la política migratoria y las relaciones exteriores con Marruecos corresponden fundamentalmente al Gobierno de España. Pero esa delimitación de competencias tampoco puede borrar 25 años de responsabilidad política sobre la evolución de Ceuta. Vivas no decide la política exterior española, pero sí dirige la ciudad desde 2001 y ha defendido durante todo ese tiempo un determinado modelo de convivencia, identidad y multiculturalidad cuyos resultados han resultasdo nefastos, especialmente ante la transformación demográfica experimentada por la ciudad y el crecimiento de la población musulmana. Ese es precisamente el aspecto de su gestión que debe formar parte del balance cuando se analiza la Ceuta actual.
Después de un cuarto de siglo en el poder, Vivas no puede ser tratado como un recién llegado a los problemas de Ceuta. El presidente que hoy denuncia una «invasión», cuestiona la fiabilidad de Marruecos y reclama medidas contundentes es también quien durante 25 años ha hecho de la multiculturalidad una de las principales señas de identidad de su proyecto político. La frontera y las relaciones con Rabat son responsabilidad fundamental del Estado, pero el modelo social e institucional desarrollado dentro de Ceuta sí forma parte de su legado y este ha demostrado poner en serio peligro de muerte la identidad española y cristiana de Ceuta. Ese será, inevitablemente, uno de los principales elementos por los que deberá juzgarse el legado político de Juan Vivas.